“KIRCHNER ACUMULA PODER COMO SEA”
Con la estatura de los años y un saldo con la historia que cada vez le da más a su favor porque generalmente las comparaciones hacen crecer su figura, hay que reconocer que es a veces difícil incomodar con preguntas al Dr. Raúl Alfonsín, que ha venido a Santa Fe a celebrar la asunción de las autoridades partidarias.
Dice que la UCR santafesina “no sólo renueva autoridades, sino que renueva la esperanza”. Cree que en todo el país podrá conformarse “un radicalismo sólido y unido” capaz de “recuperar los votos que se nos han ido”. Confía en una renovación de dirigentes y en superar “la coyuntura” que dejó el malogrado gobierno de la Alianza.
En el hotel donde se hospeda, el ex presidente habló con El Litoral, acompañado por el nuevo titular de la UCR santafesina Felipe Michlig, la diputada nacional Alicia Tate, el ex intendente paranaense Sergio Varisco y Luis Cáceres.
-A nivel nacional parece alentarse la idea de los polos ideológicos. ¿Dónde estaría, en ese caso, la UCR?
-Es prematuro hablar de alianzas del radicalismo. Hay que esperar para definir esto. Y, desde ya, no debemos ni podemos aliarnos con la derecha, el radicalismo debe estar vinculado con la centro-izquierda, consecuente con la socialdemocracia. Tampoco podemos aliarnos con el gobierno: significaría dejar de lado nuestros principios en materia institucional. Hay una baja calidad institucional y, pese al crecimiento, tampoco mejora la economía de los sectores populares.
-El gobierno ha tomado para sí algunas de las banderas de la socialdemocracia, de la centro-izquierda, del progresismo. ¿Le hace honor a este discurso?
-En algunos aspectos, sí, se manifiesta en ese sentido. Pero en otros, no. Observo que el gobierno procura acumular poder como venga, y como se trata, a mi criterio, de un populismo, se va a manifestar transversalmente con sectores de izquierda, y de derecha también.
-Usted hablaba de la baja calidad institucional. Hay acciones de gobierno que últimamente vienen a desbaratar lo que se procuró con la reforma del ’94.
-Hay una lesión a un elemento fundamental de la República, como es la división de poderes. Sobre el Legislativo, con una enorme cantidad de decretos de necesidad y urgencia que se dictan y baten récords respecto de la época de Menem. También porque hay una forma de actuar de los legisladores del justicialismo que impide que se discuta siquiera una coma de los proyectos que envía el Ejecutivo, que son casi lo único que se trata, por otra parte, lo que impide una discusión. Es el lugar donde discutir, están los representantes del pueblo… ¿Cómo va a haber un Parlamento que no discuta? La marginación del Congreso es un problema, lesiona la división de poderes.
Además, la reforma del Consejo de la Magistratura significa que el oficialismo tiene ahora una bolilla negra para impedir que cualquier candidato a juez que no le guste lo sea, y un salvavidas para impedir el jury de enjuiciamiento para aquel juez que ande bien con el gobierno. Si se aplica de esta manera, si se actúa así, la reforma afectaría la independencia del Poder Judicial y quedaría desnaturalizado el Consejo de la Magistratura.
-La baja calidad institucional, ¿pone en peligro a la República?
-La República nos da las libertades negativas: es la abstención del Estado. Se le impide a un Estado arbitrario hacer lo que quiera con nosotros. Meternos presos, matarnos o torturarnos. Y para llevar adelante este cometido se basa en la división de los poderes y en las elecciones permanentes. Al lesionarse la división de los poderes se lesiona la República. La democracia es otra cosa, se construye sobre la base de esas libertades negativas esenciales, otorgándonos las libertades positivas: los derechos son créditos que tiene una persona por el solo hecho de vivir en una sociedad, los derechos humanos de segunda generación y todo lo que hace a la dignidad del hombre.
-Esos rasgos de baja calidad institucional y poca República, parecen constitutivos del populismo.
-Yo lo creo así. Son muy peculiares y, en buena medida, constitutivos del populismo.
-Latinoamérica deja atrás el neoliberalismo y se debate cómo recuperar cierto nacionalismo, ir a otro modelo regional.
-Es cierto que se ha dado este proceso. Pero tiene diversas maneras, hay algunos con un carácter más populista que en otros, como el caso de Venezuela. Otros tienen un sentido más orgánico, como Uruguay y Brasil. En cuanto a Bolivia, debemos estar muy atentos para apoyar al presidente Evo Morales, en una lucha que tiene que librar necesariamente a favor de mejorar la economía de su país, que está en los niveles más bajos del Mundo. En Perú, estoy muy contento de que Alan García vaya al ballotage, somos amigos y no ha sido el de él un gobierno tan malo como dicen los diarios. Es sólo que, al final de su gobierno, sufrió los embates característicos de una oposición que se le fue encima, porque él, en buena medida, luchaba por la autonomía de su país.
-Parece que quiere hablar de su gobierno.
-No, no tengo interés en hablar de mi gobierno. Fue demasiado bueno (risas).
Los procesos latinoamericanos
-¿Usted considera que América atina vive un proceso de transición, que hay un debate planteado entre distintos modelos de dirigentes?
-Hay diferencias, sí. Yo creo que debemos tener en claro que hay una situación internacional absolutamente distinta. En los años ’80 fue un desastre. Los precios de las materias primas nunca estuvieron tan bajos y el interés de la deuda nunca estuvo tan alto. Ahora es lo contrario. Entonces, todos los países de América latina en este momento estamos creciendo muy bien. Espero que sirva para consolidar una democracia con carácter social que se prepare para evitar la caída cuando venga el cambio de ciclo económico. Aunque yo creo que esto puede perdurar, porque la presencia de China y la India, con sus importantes demandas, genera optimismo.
-Lo que parece subsistir del modelo neoliberal en nuestro país es la teoría del derrame: se sigue acumulando, pero no llega el momento de la distribución del ingreso…
-No llega el momento, evidentemente. No digo que no haya mejorado, porque quiero ser justo. Porque, por ejemplo, los niveles de pobreza han mejorado, pero ni cerca de lo que deberían. Estamos peor que en 1998, todavía, que fue el año que se toma como indicador, porque hubo un alto crecimiento del PBI. Y lo hemos superado en el campo económico, pero no lo hemos alcanzado en el plano social. Todavía hay mucho que trabajar.
-Parece que Argentina tuviera que volver a rendir las materias que ya había aprobado en otra época. Por ejemplo, la cuestión educativa. ¿Usted ve preocupación de la sociedad?
-Yo creo que hay preocupación. Pero, evidentemente, los sectores medios bajos probablemente hayan sufrido mucho la pérdida de sus condiciones de vida. Y creo que, en general, mientras haya mejoría económica, no van a protestar demasiado.
-Da la impresión de que el país que a usted le tocó gobernar, entre la clase media ilustrada, y que aspiraba a la movilización social, ha quedado bastante lejos…
-Mire, yo creo que a mí no me apoyaron para una movilización social. Creo que yo llegué al gobierno en virtud de una suerte de acuerdo implícito de todos los sectores, que creyeron en mí y en la UCR como una posibilidad de democratizar la Argentina de nuevo. Pero, en cuanto empecé a tomar medidas en el campo económico, ese acuerdo se resquebrajó: había muchos que estaban de un lado y muchos, de otro.
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