KIRCHNER BUSCA MOSTRARSE ACTIVO Y DESPEJAR LOS RUMORES POR SU SALUD
El regreso de Néstor Kirchner a la Casa Rosada servirá para mostrar a un Presidente activo y para dejar atrás una semana dominada por las dudas sobre su salud y las críticas a la estrategia comunicacional desplegada por el Gobierno.
Todos los esfuerzos apuntarán a demostrar que la fuerte afección que lo tuvo internado seis días en Río Gallegos es ya un capítulo superado. Así como nadie quiso hablar del tema durante la internación, mucho menos lo harán ahora que el Presidente comenzó a retomar lentamente su actividad.
La mejor prueba de que su salud es buena la deberá dar el mismo Kirchner en sus próximas apariciones. Es cierto que en principio se lo verá convaleciente, ya que la recuperación definitiva demandará entre 4 y 6 semanas durante las que deberá tomar medicación y continuar con una dieta estricta.
En los días que duró su internación circularon las versiones más temerarias. Tanto en Buenos Aires como en Río Gallegos se habló de misteriosos viajes a Cuba y hasta de antecedentes familiares de cáncer.
Los rumores parecieron desnudar las fallas de la comunicación oficial. Las quince horas de silencio inicial resultan funcionales a quienes sostienen que el Presidente estuvo más grave de lo que se informó. ¿Llegó a desmayarse? ¿Perdió mucha sangre? ¿Tuvo que ver con ese otro episodio de 1985?
Una vez que tomó la palabra su médico personal, Luis Buonomo, la explicación fue siempre la misma: la de la gastroduodenitis aguda con hemorragia a causa de unos antiinflamatorios. En el segundo día de internación, y “para que no se empiecen a hablar tonterías”, el médico aclaró que Kirchner nunca antes había tenido una afección estomacal, con el único antecedente de un colon irritable.
Dos días después, en su primer contacto con la prensa, Cristina Fernández de Kirchner se refirió a ese mismo episodio de 1985, pero dijo que Kirchner había tenido una “úlcera perforada y sangrante”. Inmediatamente salió a corregirse. Pero, ¿confundió una úlcera con un colon irritable?
Es cierto que la mujer es abogada y no médica pero, más allá del diagnóstico, lo que llamó la atención fue su contundencia al transmitir su impresión: “Lo de 1985 fue mucho peor”, dijo.
Buonomo, y el resto de los médicos, aseguran que si se hubiera tratado de una úlcera perforada Kirchner hubiera sido operado. Quienes no creen en lo que se informó ahora sostienen, justamente, que en el 85 existió una cirugía y que lo de la semana pasada tiene relación con eso.
Para sepultar cualquier duda, Clarín solicitó la historia clínica de Kirchner a la Secretaría General de la Presidencia. La respuesta fue negativa. Lo mismo ocurrió en el Hospital de Río Gallegos, donde se basaron en el secreto médico.
Está claro que no existe obligación de difundir esa información, que es reservada. Pero también resulta evidente que, más allá del diagnóstico, hasta el momento nadie tomó el tema de la salud presidencial como una cuestión de Estado.
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