KIRCHNER ECHÓ A BELIZ Y BUSCA CERRAR LA CRISIS EN EL GABINETE
El presidente Kirchner pidió anoche la renuncia al ministro de Justicia, Gustavo Beliz. Lo hizo llamar por teléfono por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, para comunicarle esa decisión. Es la primera baja en el Gabinete desde su asunción, hace 14 meses. La salida de Beliz se precipitó después de que el ministro disparó una crisis política con la denuncia sobre la existencia de mafias que buscaban desplazarlo de su puesto. Pero en el fondo fue la política de seguridad la que había entrado previamente en crisis en el Gobierno.
El Presidente designó como nuevo ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos al procurador general del Tesoro, el jefe de los abogados del Estado, el santafesino Horacio Rosatti.
Kirchner también dispuso el relevo del secretario de Seguridad, Norberto Quantin, como anticipó Clarín el viernes, y de todo el equipo que acompañó a Beliz. En su lugar asumirá el actual titular de la SIGEN, Alberto Iribarne, quien ya ocupó ese puesto durante un tramo de la presidencia de Eduardo Duhalde. Los nuevos funcionarios asumirán mañana.
Ya el jueves se conoció la renuncia del jefe de la Policía Federal, Eduardo Prados, por diferencias con el Gobierno. Lo sucedió Néstor Vallecca.
La información fue dada en la Sala de Periodistas de Olivos, después de las 23, por Fernández. No se admitieron preguntas.
El jefe de Gabinete sorprendió: junto con los anuncios, dijo que el Presidente, antes de su viaje a Venezuela, le había pedido a Beliz la renuncia de Quantin, un dato que era ignorado.
Kirchner llegó ayer a las cuatro de la tarde de Venezuela y se zambulló en el helicóptero que lo llevó a la residencia de Olivos. Desde ese momento, no hubo más que una versión alimentada por los escasos voceros oficiales: el Presidente ya había decidido deshacerse de Beliz y sólo evaluaba el nombre de su sucesor.
Beliz pateó el tablero el viernes cuando, en respuesta a fuertes versiones sobre el desplazamiento de Quantin, abrió todas las jaulas y preparó el camino para su propia salida.
Todavía ministro, Beliz defendió a su subordinado, que había sido cuestionado en la intimidad por el Presidente. Pero no sólo eso: habló de la instalación de una “mafia” que recorre la SIDE, la Policía Federal y el despacho de varios jueces federales que buscaba minarle su sillón.
La denuncia de Beliz incomodó a Kirchner: el ministro había cuestionado a hombres de la más cercana confianza del Presidente, Héctor Icazuriaga y Francisco Larcher, uno y dos de la SIDE.
A la crisis en la política de seguridad se le cuentan diez días. Pero con poco esfuerzo se la puede rastrear hace un mes, cuando un grupo de piqueteros encabezados por Luis D’Elia, aliado del Gobierno, tomó la comisaría 24 en reclamo por el crimen de un dirigente social.
El desconcertante ataque a la Legislatura de un grupo de manifestantes, la tarde del viernes 16, mientras se trataban modificaciones al Código de Convivencia, acercó las cosas al límite.
Lo sucedido ese día tiene demasiadas versiones para darle crédito sólo a una. En el máximo nivel del Gobierno se aseguró que el Presidente no contaba con información sobre el tipo de desborde que se estaba gestando.
Fuentes de los servicios de Inteligencia, en cambio, reconocieron haber elaborado ese viernes un informe que, aunque de rutina, anticipaba los hechos.
Kirchner ese viernes decidió girar en su política ante la protesta callejera. Política de la que incluso había tomado distancia el jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra, uno de sus principales aliados. El Gobierno no salió a cruzar a Ibarra. Se insinuaba un cambio.
El Presidente elaboró personalmente un dispositivo de seguridad para la marcha del último jueves hacia la Legislatura. Esa vez se montó un plan disuasivo que desconocía todos los antecedentes de este gobierno: mil policías fueron desplegados en las calles para prevenir incidentes.
La decisión de Kirchner de que la Policía actuara desarmada provocó ese mismo día la renuncia del comisario Prados.
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