KIRCHNER EN CHINA: FUE A LA MURALLA Y NO QUISO HABLAR DE LOS PIQUETEROS
Como si se hubiese ido a la mismísima China. Así, efectivamente, se mostró ayer el presidente Néstor Kirchner en Pekín, donde los temas nacionales —léase piqueteros— fueron puestos literalmente en el freezer. Ni palabra, al menos, a la hora de enfrentar a la prensa que lo acompaña en esta gira. Lo que no implica, claro, que no sea un seguro tema de conversación en la exótica Villa Diaoyutai, la residencia oficial de visitantes extranjeros en la que se alojan Kirchner y su comitiva.
Ayer llegó también a esta ciudad el ministro Roberto Lavagna, pocas horas después de rectificar sus declaraciones al Financial Times sobre la Justicia y los piqueteros. También llegó el canciller Rafael Bielsa.
Kirchner había arribado a las 10.45 (las 23.45 del sábado en Buenos Aires) con un calor que ya anticipaba los 36 grados que castigaron toda la tarde.
La capital china ya estaba lista para la visita oficial que termi nará el jueves a la noche en Shanghai. Una imagen para la foto: enormes Banderas argentinas flameando en la mítica Plaza de Tiananmen —escenario de la masacre de estudiantes de 1989— y frente a la Ciudad Prohibida —antigua sede de los emperadores—, con el retrato de Mao Zedong como telón de fondo.
Otra: el abarrotamiento de tránsito —en una ciudad que de por sí vive embotellada— para dar paso a la comitiva oficial.
Luego de almorzar junto a los ministros y gobernadores y de descansar en la residencia oficial —una construcción con la típica ornamentación china, farolas rojas en la entrada y enormes jardines a su alrededor— el Presidente, su esposa, Lavagna y algunos gobernadores marcharon hacia la Gran Muralla China, una de las Siete Maravillas del Mundo que se empezó a construir en el siglo V antes de Cristo y se terminó en el XVI, para tratar de frenar las invasiones mongoles.
Imponente, serpentea por valles y montañas a lo largo de 6.000 kilómetros. Fue la única actividad “recreativa” del Presidente.
Hoy comienza la ceremonia oficial de bienvenida a este país. Luego de participar en dos seminarios —uno económico y otro sobre turismo— que mezclarán a funcionarios y empresarios de ambos países, Kirchner se dirigirá por la tarde al Gran Palacio del Pueblo, sede del gobierno, ubicada frente a Tiananmen, para reunirse con el presidente Hu Jintao, previos cañonazos, revista de tropas y entonación de Himnos nacionales.
Firmarán convenios bilaterales y luego habrá banquete oficial, a lo grande, como todo aquí en Pekín, una ciudad que no para de crecer.
En pocos años sustituyó su típica imagen de avenidas pobladas de bicicletas por la de una ciudad cosmopolita en la que se entremezclan torres de fachadas vidriadas con edificios uniformes que todavía testifican que alguna vez ésta fue la China que comandó Mao.
Es la ciudad que este año desplazó a Nueva York del undécimo lugar entre las 144 metrópolis de todo el mundo con mayor nivel de consumo.
Son estadísticas oficiales. La geografía humana también lo demuestra: en cada esquina de la abarrotada capital se pueden ver jóvenes chinos “colgados” de sus celulares.
A fines de mayo, este país en el que todo parece desmesurado alcanzó un nuevo récord: 300 millones de usuarios de teléfonos celulares. En la última exposición de autos internacionales de superlujo que se hizo este año acá en Pekín, más del 50 por ciento de los coches se vendieron antes de que terminara la muestra.
De todas formas, la apertura de la economía china tiene todos los elementos del capitalismo que supo abrazar en los últimos años: mientras su capital desplaza a Nueva York, se expande de manera violenta la brecha entre ricos y pobres: sólo en Pekín, en lo que va del año, el ingreso per cápita de las rentas más bajas disminuyó un 10%. Las más altas crecieron un 16%.
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