KIRCHNER FINALMENTE HABLÓ: PIDIÓ CASTIGOS Y JUSTIFICÓ SU SILENCIO
Con una módica declaración telefónica formulada a la agencia oficial de noticias desde El Calafate, ayer por la tarde el presidente Néstor Kirchner rompió el silencio sobre la tragedia ocurrida en la discoteca de Once. Sus casi cuatro días de mutismo ya habían comenzado a provocar reacciones adversas de sectores políticos y de algunos familiares de las víctimas.
Al hacer referencia al suceso, Kirchner reclamó que “la Justicia actúe rápida y eficazmente, identificando y castigando a los responsables”. Así lo consignó la agencia Télam en los despachos que emitió desde las 18.08, con origen en Buenos Aires.
“Se repitió lo sucedido en la discoteca Kheyvis, de manera amplificada y profundizada, y todavía estamos esperando justicia”, insistió el Presidente, al recordar el brutal incendio ocurrido hace once años en la disco de Olivos, donde murieron 17 jóvenes y otros 24 quedaron heridos.
Siguió cargando las tintas sobre la Justicia y sostuvo que “los responsables de este poder independiente del Estado deben comprender que su rol es vital en la funcionalidad social, no sólo porque la impunidad es predemocrática, sino porque además la reparación, cuando llegó, siempre fue demasiado tarde”.
Antes de esas breves declaraciones a distancia, el Presidente sólo había hecho saber que se encontraba compungido a través de su vocero oficial. Ayer, afirmó por su propios medios: “Expreso mi respeto, compromiso y solidaridad con las víctimas de lo ocurrido, como así también para con sus familiares y seres queridos”.
Además, Kirchner justificó su prolongado silencio y la decisión de no emitir ningún mensaje público a la población sobre el tema. Dijo que la tragedia fue “demasiado grande y demasiado terrible como para agregarle declaracionismos o gestos de exhibicionismo como los que se pudieron observar a los pocos minutos del desastre”. También afirmó que “desde el primer momento, por respeto al dolor, se dispusieron desde las áreas competentes del Poder Ejecutivo todas las medidas y acciones que estaban al alcance del Gobierno nacional, sin estridencias”.
Tras el incendio, el único funcionario nacional que se mostró activo fue el ministro del Interiror, Aníbal Fernández, responsable de los Bomberos, que dependen de la Policía Federal.
La pasividad del santracruceño causó extrañeza dentro y fuera de la Casa Rosada, ya que contrastó con su estilo de comunicación directa y la inclinación por hablar sobre cada cuestión de Estado que se le presenta. Los analistas evaluaban que esta vez las conveniencias políticas —en este caso los eventuales riesgos de asumir eventuales costos políticos— les habrían ganado una batalla a las responsabilidades de Estado.
Según fuentes oficiales, Kirchner volvería a la Capital recién mañana. Y en Gobierno nadie sabía si volverá a referirse a la tragedia. El Presidente había recibido la noticia del suceso en Río Gallegos, donde pasó Año Nuevo, y el 1ø de enero partió hacia El Calafate, donde comparte unas minivacaciones con su esposa, Cristina Kirchner, y sus hijos.
“Nos mandan condolencias desde el Papa hasta Fidel Castro y Kirchner no dice nada”, fue uno de los comentarios lanzados por familiares de las víctimas.
Además, ayer el Presidente recibió críticas de la madre de un socorrista que murió en el incendio (ver “Estoy muy enojada…”) y de varios dirigentes opositores. También trascendió que en el Gobierno porteño se mostraron molestos con Kirchner, alegando que el hasta ahora aliado los dejó cargando solos con tamaña responsabilidad política.
En cambio, desde la Rosada se intentó dar una imagen de compromiso con el hecho. El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, reunió anoche de urgencia a varios funcionarios —entre ellos los ministros Aníbal Fernández y Alicia Kirchner— para coordinar tareas de ayuda a familiares de las víctimas y sobrevivientes.
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