KIRCHNER: HAY CRÍTICAS DE LA IGLESIA QUE PARECEN HECHAS POR POLÍTICOS
Cuatro días después del crítico documento que dio a conocer el Episcopado sobre la situación social del país, Néstor Kirchner salió a responder ese análisis en términos muy duros, inéditos aun para una relación que ha sido tirante. El Presidente aseguró ayer, en un discurso que dio en la Casa Rosada, que “algunas de las afirmaciones de la Iglesia se parecen a las de un partido político”.
“Humildemente, les digo a los pastores que están completamente equivocados”, dijo sobre los purpurados, conducidos ahora por el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio.
El sábado, en lo que fue el primer pronunciamiento sobre la realidad nacional desde que Kirchner llegó al poder, la Iglesia denunció, entre otras apreciaciones, “el crecimiento escandaloso de la desigualdad en la distribución de los ingresos”. También advirtió sobre posibles manifestaciones violentas de los sectores excluidos del sistema.
Kirchner aprovechó el anuncio sobre la construcción de una autovía, en el que estuvo acompañado por Felipe Solá y varios intendentes del conurbano, para referirse a dos temas de la agenda pública de los últimos días: el pronunciamiento eclesiástico, por un lado, y el polémico pase al kirchnerismo del legislador porteño Eduardo Lorenzo, “Borocotó”, hasta ayer nomás dirigente macrista, por otro.
A pesar de la envergadura del tema, el Presidente no se pronunció sobre la reciente suspensión del jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, y el inicio del juicio político en su contra.
Conviene volver a los dichos presidenciales sobre la Iglesia. Kirchner fue especialmente duro cuando respondió la crítica que habían hecho los obispos sobre su política de revisión de lo sucedido durante la última dictadura.
Sin eufemismos, apuntó contra los “obispos que no estaban cuando desaparecían chicos argentinos” y que “confesaban a torturadores”. “Queremos verdad y justicia, no queremos impunidad para ningún tema”, enfatizó Kirchner.
El Presidente reapareció así, con la lengua afilada, luego de varios días de hermetismo e instrospección en El Calafate, donde se recluyó con su esposa, Cristina Fernández, y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Allí había recibido una copia del texto episcopal. Desde entonces hubo silencio. Sus declaraciones de ayer están destinadas a levantar polvareda y acaso una respuesta formal de la Iglesia.
“Leí con asombro algunas afirmaciones de la Iglesia, que se parecen más a las de un partido político que a la tarea que deberían llevar adelante”, arrancó desde el atril el Presidente. “Después de la Argentina en llamas que me tocó asumir y las cosas que entre todos los argentinos hemos logrado, decir que ha crecido escandalosamente la exclusión y la pobreza es no atenerse a la realidad”, agregó.
Saco azul, corbata celeste, un edecán algo risueño a sus espaldas, el Presidente avanzó sobre el terreno de las sugerencias al Episcopado. “Tendrían que ayudar con todas sus fuerzas, con humildad, a construir la inclusión social”, les dijo a los obispos. Y opinó que deberían “caminar barrio a barrio”.
“Creo que deben haber querido decir otra cosa”, señaló más tarde respecto del contenido del documento de la semana anterior. “Espero que no me excomulguen”, ironizó luego, buscando guiños cómplices del auditorio.
Si había cierta expectativa de lograr la postergada reunión entre Kirchner y Bergoglio, en su papel de nuevo titular del Episcopado, hay margen para suponer ahora, después de la categórica aparición de ayer del Presidente, que los tiempos para ese cónclave pueden ser más lentos aún.
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