KIRCHNER INSTÓ A "NUNCA LEVANTAR" LOS SABLES CONTRA OTROS ARGENTINOS
El tiempo contribuyó a bajar la tensión. Casi nueve meses después de retirar los cuadros de los ex dictadores Jorge Videla y Reynaldo Bignone de las paredes del Colegio Militar de la Nación —lo que provocó un pequeño cisma en la cúpula castrense—, Néstor Kirchner regresó ayer a esa institución para el acto de egreso conjunto de los nuevos oficiales de las Fuerzas Armadas.
Kirchner hizo un discurso breve, que leyó de corrido antes de la entrega de los sables simbólicos que reciben los egresados. A ellos, precisamente, los instó a “nunca levantar” ese sable contra “otros hermanos argentinos”.
Casi idénticas palabras había usado el año anterior en la misma ceremonia. Sólo que entonces la relación entre el Presidente y los militares atravesaba una etapa de furia: Kirchner venía de hacer una purga sin precedentes en las tres fuerzas y de respaldar la reapertura de las causas por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. Luego vendría, ya en marzo de este año, la decisión de hacer un Museo de la Memoria en el edifico de la ESMA y el gesto de los retratos.
Esos cuadros, del primero y el último de los dictadores de la etapa negra que se abrió en el 76, colgaban de las paredes del colegio porque ambos habían sido directores del establecimiento.
Aquella imagen sobrevoló ayer a los oficiales y civiles presentes. Incluso Kirchner, sentado en el centro del escenario junto al ministro de Defensa, José Pampuro, fijó la mirada un par de veces en la pared del primer piso del Patio de Honor del colegio, donde ahora hay un vacío notorio.
Kirchner entró al salón a las 18.10 acompañado por Pampuro, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, el silente vocero Miguel Núñez y los jefes de las tres armas: el general Roberto Bendini, el almirante Jorge Godoy y el brigadier Carlos Rohde. También estuvo el jefe del Estado Mayor Conjunto, brigadier general Jorge Chevalier.
“Reciben un mandato que les hará recordar que nunca deberán levantarlo contra otros hermanos argentinos”, dijo al aludir a los sables. Lo escuchaban unos 250 jóvenes, entre subtenientes, guardiamarinas y alféreces, que luego juraron defender a la Patria y fidelidad a la Constitución.
El Presidente no hizo referencia a la cuestión de los derechos humanos. Es probable que no hiciera falta: “Confiamos en que sabrán trabajar junto a sus hermanos argentinos en forma solidaria y profesional, que defenderán con orgullo y valentía a la Nación, a sus instituciones, a la Constitución y a los Pactos y Derechos en ella consagrados”, pidió antes de cerrar el discurso.
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