KIRCHNER LES LANZÓ OTRA SEÑAL DE ACERCAMIENTO A LOS OBISPOS
En un nuevo gesto de distensión con la Iglesia, el Gobierno solicitó formalmente al arzobispado de Buenos Aires que celebre el Tedeum del 25 de Mayo en la catedral metropolitana. De esta forma, se confirmó el anticipo de Clarín en el sentido de que Kirchner optaría por la realización del oficio religioso patrio —que lo tendrá como principal figura— en el principal templo porteño. El año pasado, la decisión del presidente de que el Tedeum se oficiara en Santiago del Estero —cortando una larguísima tradición— había suscitado un roce con las autoridades eclesiásticas, dado que se la leyó como un deseo de esquivar la homilía —habitualmente crítica de la dirigencia— que pronuncia el arzobispo local, cardenal Jorge Bergoglio.
La actitud hacia la Iglesia está en línea con el perfil que tendría el multitudinario acto que Kirchner encabezará horas más tarde en la Plaza de Mayo para celebrar los tres años de su gestión. Es que fuentes gubernamentales anticiparon la semana pasada a este diario que el Presidente quiere hacer allí una suerte de llamado a la unidad nacional. En ese sentido, su presencia en el Tedeum constituirá un buen prólogo considerando los fuertes encontronazos que tuvo con el Episcopado en el último año, especialmente a partir de su decisión de echar unilateralmente al obispo castrense, Antonio Baseotto, por sus duras críticas al ministro de Salud, Ginés González García.
Debe aclararse que el hecho de que el Gobierno haya solicitado el Tedeum se corresponde con una tradición: siempre es el gobierno de turno el que lo pide a las autoridades eclesiásticas. Pero que, a la luz de los cortocircuitos con la Iglesia, adquiere relevancia política. Este gesto reconoce tres antecedentes:
A principios de marzo, el ministro del Interior Aníbal Fernández, concurrió a la sede del Episcopado para participar de la presentación de un compendio de los documentos de los obispos desde el retorno del país a la democracia. La presentación corrió por cuenta del titular del Episcopado, el cardenal Bergoglio.
Semanas después, el canciller Jorge Taiana, realizó una visita protocolar a la cúpula del Episcopado a raíz de su nombramiento al frente de un ministerio que se ocupa institucionalmente de la relación con la Iglesia. La conducción eclesiástica, con Bergoglio a la cabeza, le devolvió la visita días después.
Finalmente, en abril Kirchner se presentó sorpresivamente en un acto de homenaje a los sacerdotes y seminaristas palotinos masacrados durante la dictadura en su parroquia del barrio porteño de Belgrano R. Allí se saludó con Bergoglio, con quien estaba claramente distanciado.
Más allá del Caso Baseotto —aún pendiente de resolución con El Vaticano—, la relación de Kirchner con la Iglesia tuvo momentos de turbulencia desde la elección de la jueza Carmen Argibay para la Corte, quien se declaró “atea militante” y partidaria de la despenalización del aborto. Su ausencia en la misa que se ofició en la catedral porteña tras la muerte de Juan Pablo II también cayó mal entre los obispos.
Pero el encontronazo más fuerte aconteció en noviembre cuando los religiosos, en un documento, denunciaron “el escandaloso crecimiento de la desigualdad social” y la difusión de “una interpretación parcial” de la violencia política de los ’70. Kirchner, en una durísima réplica, los acusó de “desconocer la realidad” y “actuar como un partido político”. Y se preguntó dónde estaban los obispos cuando en el país eran sustraídos menores.
Fuentes seguras dijeron a este cronista que el Gobierno no solicitó a Bergoglio que le anticipara el texto de la homilía para percatarse de su grado de severidad. Pero se cree poco probable que el cardenal opte por un mensaje duro que vuele los incipientes puentes con la Rosada. De hecho, el reciente plenario de obispos fue muy cuidadoso a la hora de trascender algunas preocupaciones como las que le suscita la intención oficial de derogar la Ley federal de Educación.
Por lo demás, los obispos celebrarían que el Gobierno invitara para el Tedeum —es el Ejecutivo el que siempre lo hace— a figuras de otros partidos. Y, por supuesto, verían con agrado un eventual llamado presidencial a la unidad nacional, ya que nunca les gustó el estilo confrontativo del santacruceño. La frutilla del postre del acercamiento sería una reunión a solas entre Kirchner y Bergoglio. Pero eso no parece inminente.
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