KIRCHNER LLEVA RECLAMOS AL CONGRESO
El presidente Néstor Kirchner inaugurará hoy a las 11 el 122° período de sesiones ordinarias del Congreso Nacional con un discurso ante la Asamblea Legislativa en el que quedarán en claro cuáles serán las preocupaciones de su administración para el futuro inmediato.
Según anticiparon a LA NACION voceros del Poder Ejecutivo, el discurso de Kirchner pondrá especial énfasis en la renegociación de la deuda con el FMI y con los acreedores privados, en la sanción de una nueva ley de coparticipación federal de impuestos y en la relación con los piqueteros.
Se trata de tres de los más duros desafíos que esperan al jefe del Estado de cara a su primer año de mandato constitucional.
Por lo pronto, Kirchner comenzará ese camino acompañado por una buena parte del justicialismo, que intentará dar una muestra de apoyo al Presidente con una multitudinaria concentración frente al Congreso Nacional.
Más allá de los temas que desvelan al primer mandatario por ahora, este nuevo período de sesiones ordinarias viene cargado de retos. Por lo pronto, será de una gravitación fundamental la relación que Kirchner mantenga con un Parlamento que hasta el momento, y desde que asumió, en mayo pasado, ha respondido a sus requerimientos sin poner trabas o contratiempos.
En los últimos meses han surgido algunos cortocircuitos en el oficialismo, en particular en el bloque justicialista del Senado, y eso debería encender luces de alarma para el Gobierno. El jefe del Estado también tendrá que tener presente que en ambas cámaras la UCR cuenta con una fuerza que no debería desestimar, sobre todo cuando el tiempo apremie y la urgencia del momento reclame el tratamiento sobre tablas de algún proyecto.
Pero los desafíos más importantes serán, sin duda, los relacionados con la necesidad de dotar al país de una normalización de las instituciones largamente demorada y que la crisis de diciembre de 2001 no hizo más que profundizar.
Papel de contralor
En ese sentido, cobran importancia algunos instrumentos legislativos de sanción largamente demorada que le devolverían al Congreso su papel de contralor del Gobierno.
Hasta el momento, las señales no han sido positivas. Por ejemplo, la primera dama y senadora por Santa Cruz, Cristina Fernández de Kirchner, mantiene demorada en la comisión de Asuntos Constitucionales la reglamentación del uso de los decretos de necesidad y urgencia del Poder Ejecutivo, tema que hasta la asunción de su marido la tenía como a una de las más encarnizadas impulsoras.
En esa misma comisión parlamentaria espera tratamiento otro tema importante: la ley de acceso a la información pública. Una pieza clave en la lucha por transparentar los actos de gobierno como lo es también la norma que deberá regular el secreto de Estado, también pendiente de debate.
Pero Kirchner tendrá a mano la oportunidad histórica de someter al escrutinio del Congreso la renegociación de la deuda que lleva adelante su gobierno. De hacerlo, cumpliría así con un mandato constitucional vulnerado por todas las administraciones desde el retorno de la democracia.
En la misma línea se ubica una de las deudas más añejas en materia legislativa, como lo es la sanción de una nueva ley de coparticipación federal que, de acuerdo con la Constitución Nacional reformada en 1994, debería haberse aprobado en 1996.
Por otra parte, Kirchner tendrá por delante un capítulo relacionado con la imperiosa necesidad de reordenar las relaciones jurídicas en el país. Así, por ejemplo, éste debería ser el año para encarar la postergada reforma del sistema financiero, colapsado tras la crisis económica de 2001, y de un sistema previsional desfinanciado y en crisis. Además, está la redacción de una nueva legislación laboral de fondo que supere a la reforma parcial que impulsa el Gobierno.
Por último, en materia social hay varios rubros postergados que reclaman solución; es el caso del medio ambiente (la gestión de residuos patogénicos, por ejemplo), la protección de los derechos de niños y adolescentes, la modernización de la legislación sobre violencia familiar y modificaciones a la ley de adopción, fuertemente vinculada con el flagelo del tráfico de niños.
Estas son sólo algunas de las cuentas pendientes que tendrá que afrontar Kirchner si es que, como sostuvo su slogan durante la campaña electoral en 2003, quiere hacer de la Argentina un país en serio.
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