KIRCHNER LLEVA UNA PROPUESTA PARA LULA
Aislados en un rancho a 30 kilómetros de la ciudad, los presidentes Néstor Kirchner y Luiz Inacio Lula da Silva volvieron a verse anoche tras dos meses y en medio de otro momento de alta tensión comercial entre la Argentina y Brasil.
El asado campestre ofrecido por Lula, al que también fue invitado el venezolano Hugo Chávez, servía como aperitivo para la negociación bilateral de alto voltaje que la plana mayor de los dos gobiernos encarará a partir de hoy en los espacios libres de la cumbre entre América del Sur y los Países Arabes.
No se esperaban definiciones tajantes con un testigo, pero el Gobierno leyó como un gesto político positivo la invitación de Lula a Kirchner para charlar en un ambiente de confianza: la Granja do Torto, una de las residencias oficiales de descanso aquí.
De hecho, Kirchner aterrizó en esta ciudad invadida por militares y policías con una predisposición negociadora. Trajo a la plana mayor de su gabinete y una contrapropuesta para buscar un demorado acuerdo por las asimetrías en el comercio bilateral que afectan a varios sectores de la industria argentina.
A último momento, el Presidente le pidió al ministro de Economía, Roberto Lavagna, que viajara con él. Y sumó a la comitiva al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y al ministro de Planificación, Julio De Vido.
“No hay un escenario de conflicto”, dijo Fernández a LA NACION. En medio del fuerte cruce de declaraciones de los últimos días, el jefe de Gabinete dialogó por teléfono con José Dirceu, jefe de la Casa Militar (un cargo equivalente al de Fernández), y con el asesor más influyente de Lula, Marco Aurelio García.
En esas conversaciones se gestó un acercamiento. La situación dista bastante de lo que fue hace 10 días, cuando el canciller Rafael Bielsa encendió la discusión con duras críticas a la política exterior brasileña.
Al menos ahora existe voluntad política de Brasil de negociar alguna forma de nivelar los flujos de comercio en áreas conflictivas, dicen en el gobierno argentino.
El canciller Celso Amorim ya dijo en las últimas horas que Brasil considera inaceptable la oferta argentina para solucionar el conflicto. Esa idea, presentada por Lavagna en septiembre, propone establecer un sistema de compensaciones para cuando hay desequilibrios pronunciados en un sector específico. Esto implica medidas temporales (cupos o licencias no automáticas) que restrinjan la entrada de algunos productos.
A Lavagna le preocupa especialmente la “invasión” brasileña en tres sectores: el textil, el del calzado y el de los electrodomésticos.
Es un viejo conflicto que enturbia la relación bilateral desde hace meses. “Para la Argentina, éste es el verdadero problema que tenemos que resolver con Brasil”, dijo uno de los ministros que viajó a la cumbre.
Con esto intentaba sacar de la discusión el malestar de Kirchner por la política exterior brasileña.
Después del “asado de ablande”, como lo bautizó un miembro de la comitiva, Kirchner y Lula tienen una cita hoy sin testigos extranjeros en el hotel donde se desarrollará parte de la cumbre, a la que fueron invitados 15 jefes de Estado del mundo árabe y 11 de América del Sur.
Vinieron muchos menos, en realidad. La presión de los Estados Unidos por desinflar un acuerdo político y comercial entre los países de Medio Oriente y los sudamericanos ayudó a convencer a la mayoría de los árabes y al colombiano Alvaro Uribe.
La Argentina atiende la reunión con los árabes y da importancia a la charla trilateral con Chávez, centrada en la integración energética en la región y que sirvió, además, para cumplir la promesa hecha a Washington de “contener” al líder venezolano.
Pero para la Argentina (y para Brasil en gran medida también) el verdadero valor de este encuentro es resolver el entuerto bilateral.
La contrapropuesta que trae Kirchner era guardada ayer con máximo secreto. “Buscamos más bien el gesto político de los presidentes para destrabar la negociación”, explicó otra alta fuente de la delegación.
Además del desbalance en el flujo de los tres sectores más afectados (son sólo el 4 por ciento del comercio bilateral), al gobierno argentino le interesa especialmente que Brasil se comprometa a ampliar las instituciones del Mercosur. Quiere establecer una política macroeconómica común y que se revisen los incentivos fiscales que otorgan los estados brasileños a los industriales.
La Argentina ve este punto como una de las mayores amenazas para la inversión en el país. Brasil retruca que la decisión de Kirchner de mantener el dólar cerca de los 3 pesos (aquí ronda los 2,40 reales) es todo un incentivo fiscal. “Si nos sentamos a negociar es porque hay voluntad de entendimiento, pero traemos planteos firmes”, dijo un cercano asesor de Kirchner.
Otro de los deseos del Presidente es que Lula acepte apoyar a la Argentina en la negociación con el FMI y que se pronuncie sobre el canje de la deuda.
El silencio de Brasil en este aspecto ha sido uno de los principales focos de desconfianza del lado argentino hacia el “amigo” Lula.
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