KIRCHNER ORDENÓ PROFUNDIZAR EL "PLAN B" Y SIGUE FIRME EN SU DECISIÓN DE NO PAGAR SIN UNA SEÑAL
A horas de que la Argentina defina su relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el presidente Néstor Kirchner mantiene su rechazo a lo que considera nuevas exigencias del organismo. Según uno de sus más cercanos colaboradores, en las últimas horas reiteró que no retrocederá ante los reclamos y que profundizará el “plan B” para el default. “Sigo firme”, dijo ayer el Presidente en la residencia de Olivos, donde estuvo todo el día.
Kirchner, que se puso al frente de la negociación, definirá entre hoy y mañana al mediodía cómo seguirá su relación con el FMI. Forzará la negociación hasta último momento, informaron a LA NACION las más altas fuentes del Gobierno, y no cedería en ninguna de las exigencias que no estaban incluidas en el acuerdo de septiembre.
Kirchner tiene una decisión tomada y ya dio una orden en ese sentido: sin una señal positiva del Fondo, la Argentina no pagará los 3150 millones del vencimiento de mañana. El titular del Banco Central, Alfonso Prat-Gay, bloqueará la cuenta que tiene la Argentina en Washington, y el país entrará en default.
“Mantengo mi posición”, dijo ayer Kirchner, citado por un funcionario de su entorno. Estuvo todo el día en la quinta presidencial de Olivos, a la espera de una señal del FMI que no llegó, y analizó la crítica situación de la Argentina con su esposa, Cristina Fernández. Se comunicó varias veces con el ministro de Economía, Roberto Lavagna, su negociador ante el mundo financiero, y con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. A los dos les dijo lo mismo: “Esperemos las novedades, pero nosotros nos mantenemos en la misma línea”.
Decisión tomada
El jefe de Gabinete informó: “Hay una decisión tomada y nos mantenemos firmes en las negociaciones”.
Kirchner mantiene su resistencia a las cuatro exigencias que transmitió la titular del FMI, Anne Krueger, a Lavagna el viernes último, según informaron fuentes del Gobierno: dar prioridad al Comité Global de Acreedores, que la aceptación del canje de la deuda tiene que ser del 80 por ciento (Kirchner propone un 66 por ciento), que el acuerdo con los acreedores se firme en septiembre (cuando el país debe acordar con el FMI las metas fiscales del año próximo), y que en el decreto que pondrá en marcha el club de bancos que negociará la deuda externa incluya una cláusula por la cual ninguno podrá retirarse de la negociación.
Kirchner firmará en las próximas horas el decreto para nombrar al sindicatos de bancos (Merrill Lynch, UBS, Warburg, Barclays, Nación, BBVA y Galicia) lo que podría ser interpretado por el FMI como una señal positiva de la Argentina, pero según dijo ayer el jefe de Gabinete a LA NACION, la cláusula que reclama el organismo no estará incluida.
“Nadie quiere entrar en default, pero será el FMI el que no cumpla, no la Argentina”, agregó Fernández.
El Presidente volvió ayer a insistir en el “plan B” que definió con Lavagna, Fernández y Prat-Gay. Hasta ahora, Kirchner había definido sólo los ejes de ese programa: la compra de reservas con el dinero que no se paga al FMI; el pago de los bonos que emitió la Argentina después del default; hacer una fuerte inversión pública; garantizar el superávit fiscal, y controlar el gasto.
Si la Argentina no paga mañana el vencimiento al FMI, no se cortarán las relaciones con el organismo porque se intentará llegar a un acuerdo mientras se entra técnicamente en default. En las últimas horas, muy cerca del Presidente creció la sensación de que el FMI, tal como le anticipó Krueger a Lavagna el viernes, no dará una señal positiva sobre la segunda revisión del acuerdo.
Kirchner sostiene que no es un capricho su firmeza en la negociación sino que las nuevas exigencias del FMI le parecen inaceptables.
Si bien se sigue trabajando para llegar a un acuerdo no habría, según estiman en el Gobierno, muchas posibilidades de que el organismo de crédito acepte los límites que fijo Kirchner. No se descarta que el Presidente mantenga hoy una conversación con Krueger.
Presión del G-7
La fuerte presión del G7, el grupo de los siete países más poderosos del mundo, que reclaman una mejora en la oferta que hizo la Argentina en Dubai a los acreedores, dificulta una señal positiva del FMI.
En la reunión que mantuvo el Presidente el lunes último con el embajador de los Estados Unidos, Lino Gutiérrez, recibió una sugerencia parecida de la Casa Blanca.
Esa entrevista despertó sospechas en el Presidente y cierta preocupación porque entendió que el gobierno norteamericano, al que considera un aliado en la negociación con el FMI, estaba pidiendo lo mismo que el G-7. Cinco días después, la directora del FMI le dijo a Lavagna que la Argentina debía dar prioridad al Comité Global de Tenedores de Bonos y se trabó la negociación.
El Presidente seguirá hoy desde la Casa Rosada el rumbo de las negociaciones. Paralelamente, intentará avanzar con el “plan B” para que, ante un posible default, el Gobierno dé una señal de que tiene una estrategia para un país que estará fuera de la comunidad internacional.
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