KIRCHNER PROCLAMÓ LA SALIDA DEL DEFAULT
Sin dejar de fustigar a quienes pronosticaron lo contrario, el presidente Néstor Kirchner ratificó ayer ante la Asamblea Legislativa que se había superado el default, en el cual cayó el país en el 2001. “Queda reestructurada íntegramente la deuda argentina”, fue la frase que utilizó en el Congreso.
El otro concepto importante estuvo relacionado con la pulseada entre el Gobierno y las concesionarias de servicios privatizados. “El Gobierno defenderá con uñas y dientes los derechos del pueblo argentino”, advirtió Kirchner. “Sabemos los formidables intereses que están en juego y no nos va a temblar el pulso para tomar decisiones. No debe inmiscuirse tribunal ni árbitro alguno”, completó, en referencia a los reclamos que varias privatizadas están haciendo ante el CIADI.
La inauguración del período 123º de sesiones ordinarias del Congreso —que se extenderá hasta el 30 de noviembre— posibilitó al Presidente realizar un balance de obras y metas a poco menos de la mitad de su mandato.
Con treinta minutos de retraso —el año pasado fueron muchos más— y con un discurso cuya lectura sin pausas le insumió una hora y media, Kirchner arrancó con las definiciones de una serie de premisas. “Tenemos que dar los pasos que nos permitan dejar atrás un país del que se adueñaron los intereses y donde proliferaron los genocidas, ladrones y corruptos…”, indicó.
Escena y escenario se correspondieron con lo esperado. Así también fue en el plano de las ausencias dado que no estuvieron el diputado puntano Adolfo Rodríguez Saá ni el santiagueño José “Pepe” Figueroa, aquel, declarante del default cuando ocupó la Presidencia de la Nación en la última semana de diciembre del 2001 (ver pág. 4), y éste, derrotado por el radicalismo en las elecciones a gobernador de su provincia el último domingo.
“Por primera vez en la historia argentina un proceso de reestructuración de deuda ha culminado con una drástica disminución del endeudamiento del país”, dijo Kirchner en el corazón de las líneas dedicadas al default.
Fue la primera de las diecisiete veces que lo aplaudieron, incluyendo el final que improvisó y donde aprovechó para realizar lo que no estaba en el discurso impreso: un fugaz reconocimiento a la tarea de los legisladores.
Renegociación de contratos de los servicios públicos, índices de la evolución económica, crédito, inversiones, energía, empleo, salud pública, educación, política exterior y seguridad fueron algunos de los puntos que desarrolló.
Reivindicó la baja de la tasa de desempleo al 12,3%, la elevación del salario mínimo a 450 pesos y la suba de un 36% en la jubilación. Y también se refirió a la tragedia de Cromañón. “Memoria, verdad, justicia y castigo a los responsables es lo que todos los argentinos estamos obligados a garantizar”, dijo el Presidente.
No excluyó una referencia directa pero acotada al escándalo de lo que definió como “un episodio de narcotráfico descubierto en Ezeiza”. Y que caracterizó como un caso testigo “en el que estarían involucrados —señalo— el hijo del jefe aeronáutico del aeropuerto e integrantes de una empresa privada” (ver pág. 8).
Otra acotación fue definir como recurrente práctica en nuestro país “la complicidad u omisión (con los delincuentes) de quienes debieran controlar”.
El balance de sus palabras dejó resonancias similares a otros mensajes presidenciales: los oficialistas avalaron sin diferencias, lo contrario de los opositores, que criticaron duro (ver pág. 5). “Fue un mensaje muy completo”, dijo el presidente de la bancada justicialista de Diputados, José María Díaz Bancalari.
“Demasiado rencor y mucho autoelogio”, declaró el demoprogresista Alberto Natale, en tanto que el diputado radical Mario Negri explicaba: “Los mismos que vendieron todo en los 90 son ahora los que condenan”.
Ecos que Kirchner no escuchó de tan apurado que se fue para no llegar tarde a la asunción del oriental Tabaré Vázquez.
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