KIRCHNER QUIERE QUE LAVAGNA SIGA HASTA DICIEMBRE DE 2007
El Presidente está dispuesto a desactivar una operación que circuló en las últimas semanas en contra del ministro más importante de su gabinete: Roberto Lavagna. Quiere que el jefe de Economía, con quien tiene una buena relación que sólo pocos conocen, lo acompañe hasta el final de su mandato, en diciembre de 2007.
Néstor Kirchner no está pensando en el reemplazo de una pieza clave de su gabinete, según advirtió a LA NACION una fuente que está muy cerca del jefe del Estado, pese a que en algunos despachos de la Casa Rosada se habla, desde hace tres semanas, de una próxima salida de Lavagna.
La firma del acuerdo con el FMI -se complicó en las últimas horas y sobre el cual Lavagna cuidó cada detalle que acordó con Kirchner- era considerada por algunos funcionarios del Gobierno como el límite para la permanencia del ministro en el gabinete.
Cuando Kirchner acordó la fórmula presidencial con Daniel Scioli y luego sobre el final de la campaña sumó a Lavagna -jugada que le aportó valiosos puntos en las encuestas-, se daba por hecho que el actual ministro había aceptado con la condición de que sólo se quedaría en su cargo hasta el acuerdo con el Fondo.
Cerca del ministro y del candidato se afirmaba entonces que las ambiciones de Lavagna estaban centradas en pasar luego a la Cancillería y manejar desde allí las relaciones económicas internacionales.
Algo cambió en el transcurso de los primeros 100 días de gobierno: el Presidente y Lavagna forjaron una relación cordial, que pocos imaginaban posible por los cruces que habían tenido mientras Kirchner era candidato.
Pero además el ministro está conforme en su cargo y no estaría en sus planes dejarlo. Pese a los roces que han tenido y que mantuvieron en reserva, el Presidente se siente muy cómodo con su canciller, Rafael Bielsa.
Ninguno de los hombres que comparte la intimidad presidencial escuchó al Presidente hablar mal de Lavagna, y hasta el ministro se sorprendió por el interés de Kirchner en entender la economía.
La fuente agregó que el Presidente y su principal ministro suelen reunirse a solas, sin testigos, y que muchas de las elucubraciones que se hacen son parte de la fantasía.
Más de una vez, reveló otro ministro del gabinete, cuando Kirchner decía algo en público que se contraponía con el deseo de Lavagna, se preocupaba: “Roberto se va a poner loco”. La misma fuente dijo que el Presidente valora el perfil conservador del ministro.
Kirchner es un obsesivo del manejo del poder y de tener la máxima información posible. Lavagna maneja su área, pero el Presidente sabe cada cuestión; hasta le dijo a uno de sus ministros que, al igual que él, debía ponerse a estudiar todos los números.
En las últimas horas, y en medio de la crucial negociación con el FMI, hubo algunas posturas públicas encontradas: Kirchner fustigó al organismo de crédito (dijo que no debía hacer lobby por el aumento de tarifas públicas), mientras su ministro intenta cerrar el acuerdo.
Por momentos, el Presidente se tienta con no cerrar el trato. Lo hizo en las últimas horas delante de uno de sus hombres de confianza: “La verdad es que se podrían hacer muchas cosas en la Argentina” con un superávit fiscal del 3% del PBI en 2004, como está previsto en el borrador del acuerdo.
Pero es sólo una reflexión que no está dispuesto a hacer realidad. En la extensa reunión que tuvo con Lavagna el jueves último consideró esa meta como beneficiosa para el país porque de esa manera se evitará la crisis económica que enfrentó el ex presidente Fernando de la Rúa.
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