KIRCHNER RATIFICA SU POSICIÓN FRENTE AL FONDO:" YA ESTÁ TODO DICHO"
Cuando resta un día para el vencimiento de 3.100 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional, el presidente Néstor Kirchner ratificó la postura argentina de no pagar a menos que haya una señal clara del organismo de que se aprobará la segunda revisión de las metas del acuerdo. “Ya está todo dicho. Está todo muy claro”, dijo esta tarde el mandatario.
Mientras tanto, los directores que representan a los países del G-7 en el organismo continuarán analizando hoy el caso argentino. El Ejecutivo espera una señal clara de que el acuerdo será aprobado para pagar el vencimiento.
Además, en Basilea, el presidente del Banco Central, Alfonso Prat Gay, se encuentra explicando a sus pares de los países del G-7 el cumplimiento de las metas fiscales, monetarias y bancarias. La rueda de encuentros se desarrolla en el Banco Internacional de Ajustes (BIS).
La situación sigue siendo muy tensa. Las gestiones del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos parecen hasta ahora no haber rendido frutos, frente a la intransigencia del Fondo y la dureza que, al menos públicamente, muestra hasta ahora el Gobierno argentino.
En la Casa Rosada creen que muy posiblemente no habrá ninguna señal pública del FMI sobre la aprobación de las metas. Por lo tanto, mantienen la postura de no pagar los 3.100 millones de dólares que vencen mañana. Sin embargo, el Presidente podría cumplir hoy una de las exigencias del organismo, con vistas a allanar el camino para un acuerdo.
Kirchner firmaría hoy el decreto por el cual designa a Merrill Lynch, Barclays y UBS como los integrantes del sindicato de bancos que asesorará al Gobierno en la negociación con los acreedores privados que están en el exterior.
De cualquier manera, el Presidente hace ya una semana que dio la orden al Banco Central de bloquear la cuenta corriente que Argentina tiene en el FMI. De esa manera evita que el organismo retire los fondos en forma automática.
El subsecretario del Tesoro de EE.UU., John Taylor, trabajó todo el fin de semana para tratar de reflotar la negociación, que quedó casi interrumpida el último viernes. Ocurrió después del nuevo fracaso que tuvieron las conversaciones y el intercambio de documentos secretos entre Anne Krueger, jefa interina del organismo a partir de la renuncia de Horst Köhler, y el ministro Roberto Lavagna.
Las condiciones que exige el FMI, como anticipó Clarín el viernes, son las siguientes: aprobación definitiva de los bancos asesores de la deuda, aceptación de la Argentina del Comité Global de Acreedores como representante de los bonistas -y, por lo tanto, iniciación de las negociaciones con el grupo que lidera Nicola Stock- y un acuerdo acerca de que la propuesta argentina tiene que ser aceptada por un 80 por ciento de los acreedores, para que tenga consenso internacional.
Precisamente, Taylor buscó una fórmula para satisfacer a ambos bandos con la siguiente base: que Argentina cumpla ya con la designación de los bancos y que el FMI acepte compromisos no tan precisos en relación a los acreedores privados.
La propuesta no convenció en principio a la titular interina del FMI, Anne Krueger, ni a la Casa Rosada. El ministro Lavagna tendría de todas maneras una postura más flexible y estaría dispuesto a abonar -aun sin señales precisas- el vencimiento de mañana. Pero la posición que prevalece hasta ahora en el Gobierno es la de no pagar si no llega el gesto esperado desde Washington.
Una de las razones por las cuales se le daba poca chance a la gestión de Taylor fue porque otra parte de la administración Bush -como el Consejo de Seguridad- adhiere a la posición dura del Fondo y a la intransigencia de los socios del Grupo de los 7.
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