KIRCHNER SALUDÓ Y FELICITÓ AL PAPA, EN OTRO GESTO DE ACERCAMIENTO
Era la primera vez que ingresaban a la Basílica de San Pedro y apenas si pudieron advertir dónde estaban. Néstor Kirchner y su esposa, Cristina, completaron la ordenada hilera de monarcas, príncipes y jefes de Estado y de gobierno y, conducidos por el cardenal argentino Leonardo Sandri, “ministro del Interior” de la Santa Sede, saludaron y felicitaron al papa Benedicto XVI. Fue pasado el mediodía de ayer en Roma, minutos después de la asunción del nuevo Pontífice.
Kirchner saldó una deuda que contrajo a comienzos de mes, cuando decidió ajustarse al protocolo y no asistir a las exequias de Juan Pablo II, una decisión que lo expuso a la crítica fácil.
El gesto de ayer tiene un segundo efecto reparador. Supone un acercamiento del Gobierno a la Santa Sede, tras la destitución del obispo castrense, Antonio Baseotto, separado de la función pública en marzo por decreto, lo que derivó en un conflicto diplomático entre ambos Estados.
Se especuló, con alguna ligereza, sobre la posibilidad de que la delegación argentina hiciera gestiones en torno al caso en esta breve estadía en Roma. “No hay mejor gestión que esta visita del Presidente”, dijo ayer el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, en un diálogo con este diario. Daba la medida exacta al asunto.
La sucesión de Juan Pablo II por Joseph Ratzinger marcó la continuidad de la hegemónica línea conservadora en la Santa Sede. La confirmación en su cargo del secretario de Estado vaticano, Angelo Sodano, un hombre con fuertes lazos con el menemismo, augura una negociación difícil en torno al tema Baseotto.
El canciller Rafael Bielsa reiteró aquí ayer que la Santa Sede “tiene una interpretación distinta” sobre las atribuciones de cada Estado en la designación del obispo castrense. Y anticipó que la Argentina “va a responder próximamente” la nota verbal que le enviara Sodano el 2 de abril, día de la muerte de Karol Wojtyla, cuestionando aquel desplazamiento.
No debería descartarse que la Argentina proponga modificar el Concordato de 1957 que regula las relaciones entre los dos Estados para acercar una solución.
El canciller es optimista. Sostiene que Ratzinger, Sodano y Sandri, el eje del sistema político vaticano, “han sido pares”, lo que anticipa un “funcionamiento más dinámico” de las decisiones.
Kirchner y Cristina llegaron hasta el sillón del Papa después de los turnos del príncipe Alberto de Mónaco y los reyes Juan Carlos y Sofía de España. Con el monumental baldaquino de Bernini de frente, una estructura en bronce que cubre la tumba del apóstol Pedro, el Presidente apenas hizo una inclinación y tendió sus manos al Papa en señal de respeto. Cristina hizo lo mismo y agregó: “Dios lo bendiga.” Los dos vestían de negro, en contraste con el guardia suizo, un soldado vestido con diseños de Miguel Angel, que custodiaba la escena. Ella llevaba un traje con pollera atado con lazo y un sombrero de alas que le ocultaba los ojos.
El lenguaje corporal de los Kirchner decía respeto. El de Jeb Bush, gobernador de Florida, quien los siguió momentos después, decía veneración. El hermano del presidente norteamericano, ex protestante convertido al catolicismo, la religión de su mujer, se arrodilló ante la figura del Papa y pareció entrar en trance. La teatralidad del presidente del gobierno italiano, Silvio Berlusconi, no sorprendió. La reverencia de los reyes de España, ciertamente, fue lo más elegante.
Unas ciento cincuenta delegaciones de todo el mundo asistieron a la celebración. Los Kirchner ocuparon nada menos que la primera fila de invitados, en un orden alfabético francés sólo quebrado por la monarquía. A su lado estaban los reyes Juan Carlos y Sofía y el rey de Suecia, Carlos Gustavo XVI. Cristina escuchó la confesión de uno de ellos: “Todo demasiado largo”, dijo con la autoridad que otorga la realeza.
La representación argentina se completó con el ex presidente Raúl Alfonsín; tres ministros, Alberto Fernández, Rafael Bielsa y Aníbal Fernández; dos gobernadores, Felipe Solá y José Luis Gioja, y los titulares de los bloques peronistas de Diputados, José María Díaz Bancalari, y Senadores, Miguel Pichetto.
Kirchner evitó una declaración sobre la homilía de Benedicto XVI, hasta hace poco cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y celador de la ortodoxia vaticana. Cristina confesó no haberla entendido en italiano.
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