KIRCHNER SE LANZÓ DE LLENO A LA CAMPAÑA
Sin medias tintas, Néstor Kirchner entró de lleno a la campaña electoral, actitud que parece querer enfatizar en los distritos más conflictivos, como el territorio en el que dirime el liderazgo del peronismo —y en el que se juega el cuerpo Cristina Fernández—, la provincia de Buenos Aires, o uno que propone dificultades en cuanto al resultado, como la Capital.
Todo en el mismo día, aunque con distinto nivel de protagonismo directo, ayer el Presidente primero castigó duro al duhaldismo y formuló una exhortación disfrazada a plebiscitar su gestión en un discurso que dirigió a los vecinos del Lincoln, en el aniversario de la fundación de esa ciudad bonaerense y, casi a la noche, asistió como espectador a la presentación de los candidatos kirchneristas de la ciudad de Buenos Aires, encabezados por el Canciller Rafael Bielsa, en un acto realizado en Parque Norte.
“Cuando se mira para atrás para ir sobre el que violó los derechos humanos, o sobre el corrupto, para que les llegue la justicia, eso es estar mirando para adelante; cuando se castiga lo que se hizo mal atrás, indudablemente nos estamos preparando para un mejor adelante, para un mejor futuro”, dijo.
Así le puso contenido Kirchner a su discurso en Lincoln, con una respuesta a las críticas contra su política de derechos humanos que le había dedicado la rival directa de su esposa en la pelea por la primera senaduría nacional por la provincia de Buenos Aires, Chiche Duhalde.
“Al señor Presidente le doy un humilde consejo: hace dos años y medio que estamos mirando para atrás; le pido que deje el pasado para los historiadores y la Justicia y comencemos a construir, que hay mucho por hacer”, había sido la frase de Chiche en el acto de lanzamiento de su candidatura, en San Vicente.
Como para insistir en diferencias de concepción con el duhaldismo, en el marco de una interna en la que priman las batallas por los espacios, la respuesta de Kirchner no se limitó a una sola frase. Insistió en que “muchos de mi partido decían que no debía mirar para atrás, pero yo siempre rechacé vivir en una patria con impunidad y sin memoria”.
La elección del escenario para subrayar estas diferencias no fue electoralmente inocente. Esos párrafos, y todo el clima creado en Lincoln pusieron visiblemente incómodo al intendente local, Jorge Fernández, un hombre ligado al duhaldismo, quien debió compartir palco con el Presidente pero también con el gobernador Felipe Solá; los ministros de Interior, Aníbal Fernández, y de Salud, Ginés González García, y sus colegas puntales del armado kirchnerista en la provincia, los jefes municipales de La Matanza, Alberto Balestrini, y de Florencio Varela, Julio Pereyra.
También en Lincoln, el Presidente volvió a plantear, sin usar el término, la necesidad de obtener un plebiscito a su gestión. “Los necesito —les dijo a los vecinos—; sólo no podría caminar ni un metro. Necesito que me ayuden y me den fuerzas en octubre, para que me digan: ‘queremos acompañarte, tomarte de la mano y llevarte a la victoria para que la Argentina pueda crecer y estar mejor'”.
En Parque Norte, algunas horas después, Kirchner se abstuvo de discursos y de subir al palco. Pero escuchó con gestos de satisfacción, y comentarios en voz baja con Alberto Fernández, los mensajes de Bielsa y algunos otros candidatos.
Para protagonismo, parecían bastarle los halagos personales recibidos en esos discursos y en los documentales que abrieron y cerraron el acto para destacar su Gobierno.
Tuvo un único y manifiesto momento de malestar. Fue cuando, ya sentado en la primera fila frente al palco, después del Himno, casi todos los asistentes decidieron desafiar el prolijo cronograma del acto para cantar de pie la marcha peronista.
Kirchner y sus funcionarios de primera línea presentes fueron de los pocos que no solo no cantaron la marcha; ni siquiera se levantaron de sus asientos.
El compromiso directo del Presidente Kirchner con la campaña electoral va a continuar en los próximos días en otras ciudades bonaerenses.
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