KIRCHNER SE REÚNE MAÑANA CON BLAIR
Con su estilo crudo para presentar los temas por más conflictivos que sean, el presidente argentino utilizará el encuentro bilateral con su colega y anfitrión, que hasta ayer era un hecho, para reiterar con renovado énfasis el reclamo.
“Vengo a afirmar fuertemente la soberanía de las Malvinas, lo haré en todo momento, aun cuando me junte con Blair”, dijo ayer a LA NACION y a otros periodistas que cubren la visita presidencial en Europa, en una conversación en la residencia del embajador, en el barrio de Belgravia, de esta ciudad.
La intención es poner en la agenda común el tema y aprovechar la ocasión de esta visita a Gran Bretaña para insistir ante el gobierno local sobre cuál es la intención de Kirchner en ese aspecto.
El reclamo no será una novedad para Blair, ya que la Argentina mantendrá su posición en el sentido en que avanzó el canciller Rafael Bielsa durante la reunión del Comité de Descolonización de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en Nueva York, el 16 junio pasado. El esquema argentino prevé discutir con el Reino Unido la soberanía sin la participación de los malvinenses, que procuran conseguir la autodeterminación que el propio gobierno de Londres desestima.
Los hombres que elaboraron el plan de este viaje con el Presidente aseguran que Kirchner ratificará, ante cada micrófono que se prenda y ante cada presidente que se le presente, la voluntad de negociar la soberanía de las islas que Gran Bretaña ostenta desde el conflicto bélico de 1982. El argumento que el Presidente tiene como piedra fundamental son los dichos de Blair, que se negó a hablar de soberanía, se mostró “dispuesto a conversar”.
A Kirchner lo desvela la riqueza pesquera que la Argentina pierde por no poder ejercer la soberanía sobre el archipiélago y su zona de exclusión. Más de una vez, reveló uno de los hombres que mejor lo conoce, lo oyó decir que el aumento de la calidad de vida de los isleños se debe pura y exclusivamente a las regalías pesqueras que cobran por los permisos para pescar en la plataforma continental de las Malvinas.
Esta jugada del Presidente, de insistir formalmente en un viejo tema muy sensible para los argentinos, se inscribe en la lógica personal que se instituyó como el “estilo K”. No es otra cosa que formular sin anestesia los objetivos de gestión y utilizar un “cambio de lógica”, según define el propio Presidente, para abordar las cuestiones de fondo.
Eso contrasta, a ojos de Kirchner, con la manera de llevar adelante la relación con Gran Bretaña por la soberanía de las Malvinas de la administración Menem, que calificó como “de seducción” hacia los malvinenses con la intención de lograr una intermediación favorable con Londres. “Vamos a demostrar que aquello fue un surmenage”, habría dicho el Presidente a su equipo.
“Marco diferente”
No es este tema, sin embargo, el único que preocupa a Kirchner. En su primer encuentro con los líderes del mundo, que comenzará hoy y seguirá durante la gira por la Europa continental, el Presidente quiere mostrar a la Argentina como un país serio y creíble.
“Esta gira no es una casualidad, es una buena oportunidad para tratar de explicar al mundo que hay un marco diferente en la Argentina”, suele ser el leitmotiv de Kirchner cuando habla de la necesidad de reinsertar al país en el mundo, con la única intención crear los lazos que ayuden a favorecer la confianza perdida. Y dicen que no desaprovechará la ocasión ahora que estará en persona ante varios líderes mundiales.
Es por eso que considera clave la reunión que mantendrá en Bruselas con el titular de la Unión Europea, el italiano Romano Prodi. Habló con él por teléfono para concertar la cita que podría significar una mano que ayude a abrir los mercados de la comunidad más fuerte del mundo. Europa puede ser mucho mejor aliado de lo que fue hasta ahora, es el concepto central que suele repetirse en la Casa Rosada.
Para ratificar esa sensación de reinserción se estaría gestando, aunque está en estado embrionario, la posibilidad de que sea Kirchner el que pronuncie uno de los discursos de apertura en la Asamblea Anual de la ONU, en septiembre próximo, donde el Presidente se podría cruzar informalmente con su par de los Estados Unidos, George W. Bush.
En esta iniciativa estaría trabajando la Cancillería con el aval formal de Brasil, Chile y México porque sería el reaseguro de que se plantearía ante el propio Bush el reclamo de la vuelta al multilateralismo perdido. Tras ese paso sí estaría el campo fértil para ponerle fecha a la visita de Estado a la Casa Blanca y aceptar, de este modo, la invitación que el presidente norteamericano formuló telefónicamente a Kirchner.
Hay, sin embargo, algunos temas que desvelan al Presidente como los embargos sobre cuentas diplomáticas y sobre algunos bienes del país en el exterior por la falta de liquidez para pagar los bonos emitidos como cancelación de deuda. Ese es un tema que Kirchner intuye podría plantearle el canciller alemán, Gerhard Schröder. “Quiero tener posturas racionales. Es natural que planteen este tema, pero para eso hay una respuesta: renegociación de la deuda sobre una fuerte quita. Si no, ningún acuerdo sirve”, dijo una fuente que será el argumento presidencial.
El probable reclamo de las empresas concesionarias de las privatizaciones por el tema de las tarifas también encontrará un respuesta que, en privado, el Presidente califica como racional. “Ellos (los empresarios) también cometieron errores porque no hicieron lo que prometieron y durante años sacaron al exterior la recaudación en dólares. Ese genera fricción, pero lo mejor es hablarlo y mostrar que no hay una actitud de sumisión ni una intención de aceptar paternalismos. Hay una posición sólida para discutir”, suele decir Kirchner cuando se toca este tema.
La jugada es bien abarcativa. Sólo resta esperar el resultado. Lo mejor de la visita del Presidente a Europa, a menos de dos meses de haber asumido el gobierno, entró en la mejor etapa. O, al menos, en la más caliente.
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