KIRCHNER SE REUNIÓ CON EL CONDUCTOR BAILANTERO "TOTA" SANTILLÁN
Las críticas sobre la cumbia villera por parte del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, por la defensa -según consideró- que ese estilo musical suele hacer de la “acción delictiva”, al analizar algunos de los factores que en la última década incidieron en la creciente inseguridad en la Argentina (entre los que también mencionó la pobreza y la marginalidad), levantaron ayer una aguda polémica que involucró a distintos estamentos gubernamentales, de la cultura y de la industria discográfica. Fue tan visceral la reacción que hasta el presidente Néstor Kirchner salió a decir “yo banco la cumbia villera”, según aseguró el animador de programas bailanteros Daniel “Tota” Santillán, que ayer se reunió con el mandatario por una gestión del mismo Fernández.
Santillán se cruzó unos momentos con el presidente Kirchner en la Casa Rosada. Y allí, Kirchner sorprendió a todos: “A mí me gusta la cumbia villera”, dijo en tono jocoso, sorprendiendo a sus colaboradores.
El jefe de Gabinete salió ayer muy temprano a aclarar que no intentó “matar al mensajero” cuando se refirió de manera crítica a los grupos bailanteros, por considerar que “elogian la acción delictiva”.
“La Argentina ha vivido un proceso de deterioro social profundo en los últimos años. Ha dejado en la marginalidad a muchos sectores, algunos de los cuales han recurrido al delito como modus vivendi. Y una expresión musical, que no es una expresión menor, cuenta lo que pasa en esos sectores”, reafirmó en declaraciones radiales. Pero aclaró: “Ahora, no estoy matando al mensajero, estoy contando lo que el mensajero dice”.
En la vereda de enfrente, el secretario de Cultura, Torcuato Di Tella, sugirió que, con ese criterio, se podría culpar al tango “Cambalache” de estimular el robo cuando, en realidad, “constituye una protesta contra la inmoralidad”.
Por su parte, el titular del seminario de Cultura Popular y Masiva de la Universidad de Buenos Aires, Pablo Alabarse, juzgó que la calificación del jefe de Gabinete no sólo es un “grotesco, sino que exhibe un rasgo de “ignorancia supina”. Para Alabarse, Fernández quizás, “como es viejo amigo de Lito Nebbia, todavía sigue pegado a una etapa romántica del rock y preferiría naufragar”.
Desde el costado de la industria discográfica, el gerente de promoción del sello Leader Music, Juan Costas (volcado a la cumbia y la bailanta), acusó a Fernández de pretender “curar una enfermedad grave y terminal con un geniol”.
En su embestida contra Fernández, Costas aclaró que “no hace diez años que la cumbia villera se lanzó; el primer disco se editó en septiembre de 1999, y apenas tiene cinco años en el mercado”. La pobreza, dijo, “es el resultado de una política de gobierno y no de la cumbia villera. Si bien con muchas letras no estoy de acuerdo, refleja una realidad de una clase marginada que no es escuchada”, remarcó.
En ese marco, el presidente de la compañía discográfica Magenta, Norberto “Beto” Kirosky, rechazó los cuestionamientos de Fernández y advirtió que la causa de la “criminalidad es la pobreza, la falta de trabajo y la falta de educación”, no esa expresión musical.
BUSCANDO LAS CAUSAS
“Hace diez años no existían los niveles de pobreza que existen hoy, hace diez años no se había desarrollado una parte de la sociedad en la marginalidad absoluta, hace diez años no existía una cultura muy difundida en esos sectores de la sociedad que, entre otras cosas, piensan que el delito puede ser un modus vivendi”, explicó el jefe de Gabinete.
En su enumeración, Alberto Fernández añadió: “Hace diez años no había un programa de televisión durante cinco horas difundiendo un tipo de música donde, en gran medida y por muchos momentos, se termina elogiando la acción delictiva, como es todo este fenómeno de la cumbia villera y este movimiento cultural entre comillas”. “Han cambiando muchas cosas en esos diez años en la Argentina y, entre esas cosas, también hay un fenómeno de violencia delictiva que se ha difundido”, concluyó.
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