KIRCHNER VS. TECHINT: EL ÚLTIMO ROUND
El conflicto más sonado del Gobierno, del presidente Néstor Kirchner con una empresa privada, renació con fuerza en los últimos días. El Grupo Techint y su líder, Paolo Rocca, vienen sosteniendo una dura pulseada, pública y privada, con funcionarios del Gobierno.
Los contendientes son renuentes a dar una explicación razonable a los ataques, que la semana pasada se expresaron en dos artículos periodísticos, en el diario Infobae y en el portal de noticia Infobae.com (ver aparte), con cargos concretos en contra el grupo.
Fuentes allegadas tanto al Grupo Techint como al Gobierno coincidieron en que las sospechas y ataques surgieron a partir de que el ex ministro de Economía Roberto Lavagna iniciara su proyección política. Desde entonces, el Gobierno sospecha que Techint, grupo con el cual Lavagna sostuvo excelentes relaciones cuando fue ministro de Economía, estaría dispuesto a financiar la actividad política del economista.
En realidad, analistas y algunas fuentes del grupo creen que el conflicto de fondo, empero, radica en la estrategia de negocios de Techint. Este hecho no obstante, no oculta una secuencia de la escalada que se desarrolló en los últimos meses:
Una fuente relató que el 3 de junio pasado el presidente Kirchner llamó a Paolo Rocca, que estaba en el exterior, para una reunión de urgencia. De acuerdo con los trascendidos, Rocca habría respondido que no podría venir a Buenos Aires ni en junio, ni en julio, ni en agosto y en su lugar envía a Luis Betnaza, director del Grupo y principal responsable de los conctactos políticos de la Organización.
En una reunión, Kirchner pasó el mensaje: “No se les ocurra poner un solo peso en la campaña de Lavagna”. A pesar de que Techint habría asumido un compromiso en ese sentido, Kirchner quedó sumamente afectado por el “desplante” de Rocca, con quien en dos oportunidades había compartido actos.
El 11 de junio, Infobae publica una información según la cual serían revisados los beneficios que obtuvieron las empresas durante la gestión de Lavagna, poniendo el foco sobre la actividad de la consultora Ecolatina, y contratos con Siderar y Siderca, dos empresas del Grupo.
El 14 de agosto, la senadora Cristina Kirchner toma la palabra, en el marco de la discusión del contrato de concesión de Ferroexpreso Pampeano, participada por Techint, sembrando dudas acerca de la unanimidad de la Comisión Bicameral de renegociación de los contratos. Dijo que le “llamó poderosamente la atención que se haya dado por primera vez la unanimidad de la comisión” y lo atribuyó: “Esto se debe al poder del Grupo Techint”.
La hipotética cercanía de Techint con Lavagna como causa de un conflicto que se traduce en llamadas extemporáneas de ministros como el de Planificación, Julio De Vido, que involucra al secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, Carlos Zanini, y a todo el entorno presidencial, fue relativizada por otras fuentes. La respuesta probablemente esté en el medio. Lo cierto es que Techint estaría incurriendo, a ojos del gobierno, en otros “pecados” que enfurecen a un Gobierno acostumbrado a un ordeno y mando.
Contrariamente a lo que se cree, Techint no tomó posiciones fuertes en el festival de obras públicas lanzadas por De Vido. Unas fuentes indican que se trata de una decisión del Gobierno. Pero la mayoría coincide en que Techint, por su presencia internacional, decidió mantenerse ajeno de estas contrataciones, aunque pudiera ser el más eficiente.
El grupo concretó, en los últimos tres años, un proceso de internacionalización. Creó Ternium, un holding internacional de siderúrgicas, luego de comprar la planta de Hylsamex en 2005, por US$ 2.100 millones, y activos de Acindar, por US$ 83 millones, que se unieron a la venezolana Sidor y a Siderar de la Argentina. Tenaris, la división tubos, compró este año en US$ 3.200 millones Maverick, en los EE.UU. Abrió una división en Rumania, operarán México (Tamsa), Italia (Dálmine), Japón, (NKK Tubes), y Brasil (Confab).
La magnitud de la apuesta internacional no guarda relación con las inversiones en la Argentina. Y su apertura internacional hizo que en el país sólo cotice el 16% del capital de Tenaris. Esto obliga a Techint a celar de su independencia y a cumplir parámetros internacionales, muy lejanos a la obediencia ciega que pretende Kirchner para las empresas y cualquier actor político en el país.
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