KIRCHNER Y CHÁVEZ FIRMARON ACUERDOS POR MÁS DE 500 MILLONES DE DÓLARES
En el Salón Blanco de la Rosada, repleto de gente, los presidentes Hugo Chávez y Néstor Kirchner firmaron ayer acuerdos de intercambio comercial y cartas de intención de negocios por US$ 568 millones. Después, ambos dieron sus discursos, y el venezolano se montó en una cabalgata de frases, algunas de fuerte contenido político-económico, y otras, desopilantes.
Chávez llegó ayer desde Uruguay —y partió en la tarde a Brasil— junto a cinco de sus ministros, viceministros y un descomunal elenco de seguridad. Y Kirchner lo esperó en la Rosada, con casi todo su Gabinete para firmar 14 documentos.
Ambos mandatarios se reunieron primero a solas cerca de las 11: una lágrima para el argentino, café negro para el venezolano. Luego, y con bastante demora pasaron al Salón Blanco, donde hubo afecto en las palabras, pero también claros matices. Al hablar primero, Kirchner defendió su política de pagos al FMI. “Para desendeudarse hay que seguir pagando y sacando de las espaldas de nuestros pueblos”, apuntó y agradeció los gestos venezolanos: el apoyo a las negociaciones ante los organismos financieros, la compra de bonos argentinos y también al reclamo de este país al Reino Unido por Malvinas.
A sabiendas de que a Chávez le gusta hablar largo como a Fidel Castro, Kirchner le concedió “un minuto”. Era broma. Pero en serio, Chávez se tomó 40. Y más a la defensiva que a la ofensiva, arremetió contra las políticas de Estados Unidos en América latina. Entre tanto, Kirchner miraba a la derecha, a la izquierda, y se rascaba la cabeza. A su lado, el canciller venezolano, Alí Rodríguez, y el vicecanciller Jorge Taiana, reflejaban cara de piedra.
El público era otro festival. En primera fila: Cristina Fernández, que se mataba de risa con Felipe Solá por las ocurrencias de Chávez. Roberto Lavagna, circunspecto hasta para reírse; Julio De Vido, Ginés González y Alicia Kirchner, con un sorprendente estilo folk. Detrás, el jefe del Ejército, Roberto Bendini; Eduardo Sigal, de la Cancillería, con Nilda Garré, embajadora en Venezuela. Y Alicia Castro, de riguroso rojo chavista. Al final de todos, muchos obreros de Río Santiago, invitados por el presidente de la empresa, Hugo Bilbao, que gritaban festejando a Chávez: “¡Astilleros, astilleros!”.
De los 14 documentos firmados, como anticipó Clarín, dos son los más importantes. Uno, el contrato de suministro de fuel oil, que estipula un intercambio del combustible de hasta U$S 200 millones por productos industriales argentinos. Este fue negociado por el ministro de Planificación, De Vido, y su contraparte venezolana, Rafael Ramirez. Y es la segunda parte del convenio de intercambio cooperativo firmado por ambos países el año pasado por otros US$ 240 millones, del que ya se usaron US$ 160 millones.
La otra pata de los acuerdos fue el contrato por US$ 110 millones entre Diques y Astilleros Nacionales C.A (DIANCA), y Astilleros Río Santiago, que le construirá a Venezuela dos buques de transporte petroleros. Y Chávez anticipó que si la construcción se apura “habrá dos más”.
También, se firmó un convenio de US$ 180 millones —que aún busca financiamiento alternativo— para la construcción de un laboratorio hidráulico en Venezuela, entre IMPSA, de Enrique Pescarmona, y la venezolana CVG Electrificación del Caroní. Además, hubo tres contratos diferentes por US$ 27, U$S 12 millones y U$S 39 millones entre Ascensores Servas y los Ministerios de Salud, de Defensa y de Industria Ligera de Venezuela.
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