KIRCHNER Y CHÁVEZ SE REÚNEN CON AGENDA BILATERAL Y REGIONAL
La presencia de Hugo Chávez en la pantalla de TV es desde temprano abrumadora. El comandante había prometido terminar su programa, Aló Presidente, a las tres de la tarde, pero pasaban largamente las cuatro y seguía revisando su agenda frente a la cámara y reclamando más cifras y más precisiones a sus colaboradores. Chávez trajo ayer ayer aquí su espacio de televisión, a la represa de Macagua, a orillas de Orinoco. Aquí trajo también anoche a Néstor Kirchner, con quien compartirá una ronda de día y medio de trabajo con la intención de fortalecer los lazos de integración entre Venezuela y la Argentina, aliados y socios en el continente.
El ritmo Chávez es aluvional. Con el río a sus espaldas, el presidente da y quita la palabra a una ordenada sucesión de invitados, desde el popular embajador venezolano Vladimir Villegas, recién expulsado de México, hasta una cooperativista recién alfabetizada. Mantiene un diálogo vertiginoso con un economista brasileño y de golpe lo interrumpe para leer pasajes de un librito de Elio Jaguaribe y Aldo Ferrer. A cada rato mira el reloj: contra las convenciones de la TV, el tiempo aquí es lo que sobra.
“Quise traer a Kirchner; ya él conoce Caracas, quise traerlo a Guayana para construir la nueva América del Sur”, dice el presidente. Promete que el encuentro “acelerará la Unión Sudamericana, la entrada de Venezuela al Mercosur y la construcción del eje Caracas—Buenos Aires”.
Kirchner casi no ha hablado de esta visita trabajada en sigilo. Lo hizo apenas a través de su ministro Julio de Vido, responsable de las relaciones con Venezuela desde la crisis energética de mediados de año pasado. El Presidente, él mismo lo admite en privado, tiene desde entonces una deuda de gratitud con Chávez, que en dinero se ha traducido en 950 millones de dólares en bonos argentinos.
El comandante aludió de manera casual ayer a esas operaciones, que han resultado decisivas en la estrategia de financiamiento que se ha trazado el Gobierno argentino. Chávez pareció confirmar que habrá una nueva serie de títulos argentinos —las cifras más conservadoras hablan de 300 millones— rumbo a Caracas: “Ya vamos llegando a los mil millones; eso no es mucho para nosotros, pero sí ayuda a los argentinos”.
Las necesidades financieras de la Argentina llegan este año a los 2.200 millones de dólares, 1.000 millones de los cuales son compromisos con los organismos internacionales. Otros 1.500 millones serán impostergables el año que viene ante el FMI. La cifra trepa a los 3.100 para 2007.
La relación con Venezuela se cimentó con aquella temprana crisis de energía mediante la compra directa de más de 400 millones de dólares en fuel oil y gasoil a la petrolera PDVSA. Hoy, los presidentes rubricarán un paquete de acuerdos, puesto en marcha en los últimos meses, que superan los 600 millones de dólares para los próximos dos años. Kirchner llegó aquí con una robusta comitiva empresaria y los siguientes asuntos:
-La potenciación de la central hidroeléctrica de Macagua, escenario del encuentro presidencial. Es un negocio de 223 millones de dólares que involucra a dos empresas argentinas.
-La importación de gasoil venezolano. Se renovó el suministro directo hasta el primer trimestre del año próximo por 450 millones de dólares.
-La venta de ascensores y maquinarias agrícolas de producción argentina.
-El fortalecimiento del intercambio tecnológico con el titular del INVAP, Héctor Otegui.
-El tendido de un gasoducto que una Venezuela y la Argentina, mediante un trazado ya existente en Brasil. La obra despertó expectativas por su magnitud: De Vido dijo el sábado en Buenos Aires que demandaría una inversión de 4.000 millones de dólares que la Argentina y Brasil “están en condiciones de financiar”. “Venezuela es la pata energética” de la integración, agregó.
De Vido llegó con el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Alfredo Chairadía y el subsecretario de Integración Latinoamericana, Eduardo Sigal.
Es la tercera visita de Kirchner a Venezuela, la más ambiciosa y probablemente la más escrutada.
Chávez ha subido su apuesta retórica frente a Washington, desde donde también se ha avanzado con imprudencia sobre la salud de la democracia venezolana. Chávez ha sido electo y plebiscitado y no pasa de la categoría de populista nacional. Lejos está de un autócrata.
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