KIRCHNER Y DUHALDE ESTÁN AHORA A UN PASO DEL ACUERDO EN EL PJ
Los tambores de guerra ni siquiera habían dejado de sonar anoche cuando se supo que Kirchner y Duhalde ya están a un paso del acuerdo.
La señal más clara en ese sentido surgió ayer del propio Eduardo Duhalde, quien, en víspera de su viaje a Asunción, reunió ayer a sus legisladores para bajarles una instrucción precisa: trabajar a favor de una lista de unidad en el justicialismo bonaerense.
Los tambores estaban siendo agitados en esas horas por Chiche Duhalde, considerada desde el Gobierno último obstáculo a la posibilidad de un entendimiento. “Todavía no he tomado la definición final. Estoy casi convencida en un ochenta por ciento de presentarme a elecciones, pero hay un 20 por ciento que estoy evaluando”, dijo ayer la diputada en declaraciones por la radio.
Prevaleció lo último.
Las fuentes a las que accedió anoche este diario indicaron que ya se llegó a un acuerdo en torno a la confección de las listas de diputados y senadores nacionales por la provincia, con lo que la candidatura de Chiche habría quedado ya descartada.
Según las fuentes a las que accedió Clarín, sólo quedarían pendientes detalles para cerrar las listas de legisladores provinciales.
La oferta que había hecho Kirchner a Duhalde para esa boleta, hace tan solo dos semanas, era dividirla en tercios entre ambos y el gobernador Felipe Solá.
Anoche, Solá visitó el despacho presidencial, Allí, además de Kirchner, estuvieron la senadora Cristina Fernández y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Se descuenta que se habló de un primer diseño de lista compatible con el acuerdo con Duhalde.
Las señales en dirección a un entendimiento surgieron también con fuerza del ministerio de Economía.
Fuentes próximas al ministro aseguraban que Lavagna trabaja a favor de la unidad del peronismo. Según el ministro, indicó la fuente, “sería muy bueno para el país que continúe vigente el mismo consenso en el partido mayoritario que provocó la exitosa transición y la recuperación de la crisis de 2001”.
Lavagna era una voz más que autorizada. El ministro había recibido el jueves en su despacho a Duhalde, en una reunión sobre la que hubo varias lecturas. Ninguna puede ser más clara que la que surgió ayer de los voceros de Economía.
Kirchner y Duhalde habían llegado a un punto de no retorno para esas mismas horas. El Presidente había tensado la relación cuando dijo a en privado en su despacho que no estaba dispuesto “a firmar un pacto de Olivos con Duhalde”.
La respuesta llegó ayer de boca de Chiche: “Lo ideal sería que la senadora fuera a internas por el partido al que pertenece, el justicialismo, porque ella ha llegado a su banca y su esposo al gobierno nacional y han militado toda su vida en el justicialismo”.
En las últimas semanas, desde el Gobierno se impuso la condición de que Chiche bajara su candidatura a cambio de llegar a un acuerdo con el duhaldismo en la provincia. Kirchner reconoció en los últimos días: “si se baja Chiche, no tengo excusas para no acordar”.
La primera semana de junio, el justicialismo boanerense, que responde orgánicamente a Duhalde, ye l Frente para la Victoria, la herramienta electoral del Presidente, inscribieron sus fuerzas ante la justicia electroal provincial, con lo que se daba comienzo al calendario electotal. El escenario que se imponía era el de la confrontación, aunque la puerta del acuerdo nunca estuvo del todo cerrada.
Las últimas semanas hubo frenéticos cálculos en el Gobierno sobre las desventajas que hubiera supuesto una confrontación con el duhaldismo en Buenos Aires.
Según los números que se manejaban en el despacho presidencial, una confrontación Cristina—Chiche por la senaduría bonaerense y las listas de diputados sería de suma cero para los dos lados de la línea. El kirchnerismo, concretamente no hubiera sumado más legisladores propios de los que tiene en este momento en el Congreso.
La batalla electoral entre Kirchner y Duhalde al mismo tiempo hubiera significado un revés para la estrategia plebiscitaria que se impuso el Presidente.
El resultado de una contienda electoral, aún con un triunfo claro de Cristina, habría alejado a Kirchner de los números que demanda ese objetivo. Ayer, un hombre del Gobierno anticipó, de todos modos: “el plebiscito ha salido del discurso oficial”.
Además de Chiche, Kirchner enfrentaba otra desafío: cómo presentar un acuerdo con Duhalde sin que pareciera un acuerdo de cúpulas, al estilo del pacto Menem—Alfonsín de 1993.
Se ignora si formó parte de las condiciones. Pero Kirchner jamás le concederá a Duhalde esa foto, decían ayer en el Gobierno.
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