KIRCHNER Y DUHALDE SE MOSTRARON JUNTOS PARA DAR SEÑALES DE UNIDAD
Néstor Kirchner consideró que ya no tenía sentido seguir jugando a que no hacía campaña. “Cómo no voy a querer que esta provincia tenga un gran gobierno. Yo quiero que gane Felipe, que gane Chiche y que hagamos lo que hay que hacer en Buenos Aires”, gritó el Presidente, con la voz levemente aflautada, durante un acto organizado ayer por el peronismo bonaerense.
Los dos mil dirigentes que movilizó el duhaldismo aplaudieron a rabiar y casi lo hicieron sentir local. Fue en la quinta del partido de San Vicente que alguna vez perteneció a Juan D. Perón, hoy convertida en museo del justicialismo.
El acto resultó un nuevo espaldarazo presidencial al gobernador Felipe Solá, el candidato oficial del PJ bonaerense para las elecciones del 14 de setiembre.
En cierta forma, y aunque el evento estaba programado hace varios días, también hay que leerlo como un gesto de respaldo a Kirchner de parte de la poderosa estructura partidaria que conduce Eduardo Duhalde, en momentos en que la relación entre el Presidente y el ex se había enrarecido por la crisis con el vicepresidente Daniel Scioli. Hoy, el ex motonauta aparece muy cercano a Duhalde.
Antes del acto había trascendido una supuesta gestión de Duhalde para juntar a Scioli con el Presidente en San Vicente, pero voceros duhaldistas la desmintieron. En todo caso, en consultas informales con fuentes del Gobierno quedó claro que si el vicepresidente no estuvo ayer en el escenario fue porque Kirchner no quiso.
La excusa del acto fue la conmemoración del aniversario del célebre renunciamiento de Eva Perón a la candidatura a vicepresidenta, en la fórmula que iba a encabezar su marido en las elecciones presidenciales de noviembre de 1951.
Kirchner repitió allí el perfil de discurso que viene presentando desde que asumió: declararse mucho más cercano a la gente común que a los poderes económicos y financieros que tuvieron alto nivel de protagonismo durante la década del noventa.
“Con la ayuda de todos ustedes vamos a poder hacer una Argentina diferente. Confío en ustedes, confío en la gente, con la gente vamos a salir adelante”, recitó Kirchner. Y agregó: “Muchos sectores de la Argentina, sectores del poder y del establishment, deben entender que no puede haber un país donde se siga sojuzgando a nuestro pueblo; tiene que haber un país donde se gobierne para la gente y se crezca económicamente”.
Duhalde, que había sido muy aplaudido en la presentación de personalidades que hizo un locutor fanático suyo, no subió al escenario, acaso para no opacar el protagonismo del Presidente y de Solá. Presenció todo desde abajo, sentado en una silla plástica junto a otros dirigentes del PJ.
Chiche Duhalde, candidata a diputada nacional, que habló primera, y Graciela Giannettasio, compañera de fórmula de Solá, completaron el cuadro para la foto.
Mientras Kirchner tiraba besos, el gobernador le reconoció a Duhalde “su capacidad estratégica para que hoy tengamos este presidente aquí”. Y pidió: “Lo importante, hoy, es fortalecerlo”.
También tuvo Solá algún párrafo autorreferencial cuando recordó: “Nos ayudamos con el amigo Duhalde cuando la provincia era una hoguera. Sepan ustedes que si el barco se hunde el último en irse voy a ser yo”. Alusión obvia pero diplomática a Carlos Ruckauf —su antecesor, que renunció para ser canciller de Duhalde— quien seguía los discursos desde la improvisada platea con nuevo look capilar.
Kirchner se había juntado con Duhalde en la Casa Rosada, a puertas cerradas en el despacho presidencial. Hubo quien interpretó la visita como un gesto contemporizador del bonaerense por el tema Scioli. Desde allí volaron juntos en helicóptero hasta San Vicente.
La nave tocó tierra a las 15.04. Un grupo importante de gente había armado un gran círculo en el pasto de la quinta para facilitar el aterrizaje. Pero se abalanzó sobre el Presidente no bien éste abrió la puerta, ante la desesperada mirada de pilotos y policías que pedían, a los gritos, un poco más de cuidado con las aspas y el rotor trasero, todavía en marcha.
Esta vez, Kirchner rompió el protocolo cuando terminó su discurso: bajó del estrado y recibió besos, palmadas y apretones de manos. Por sus gestos y su predisposición a escuchar a la gente, el Presidente parece a gusto en esos apretujones. Habrá que ver cómo quedó ayer el traje gris cruzado, abierto como siempre, y la corbata lila, una combinación que lo apasiona.
Sobre el final, en un salón de la quinta Kirchner dedicó tres horas a filmar spots publicitarios con Solá, Chiche, Giannettasio y 138 candidatos a intendente. Cuentan que Duhalde fue el que aportó más consejos sobre cómo actuar en cámara.
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