KIRCHNER Y LAGOS APAGARON LA DISPUTA POR EL GAS CON ACUERDOS ESTRATÉGICOS
En una mañana soleada y mientras todo Chile seguía hablando de la expulsión de Argentina del nazi Paul Schaëfer, el presidente Ricardo Lagos recibió con toda la pompa de una visita de Estado a Néstor Kirchner y su nutrida comitiva.
El Presidente, poco atado a las cuestiones protocolares, esta vez cumplió puntual y puntillosamente la vertiginosa agenda. Tantas formalidades tuvieron su recompensa: el agradedimiento por el caso Schaëfer, fortalecer la relación bilateral con acuerdos económicos concretos y, sobre todo, descomprimir el meneado tema de la disminución de la exportación de gas a Chile.
Lagos necesitaba tanto o más que Kirchner sacarle presión a la cuestión, utilizada por sectores de derecha que lo trata de “blando” en su relación con Argentina.
Kirchner trajo un esquema de discurso que sonó crudo, pero que estaba atemperado con datos que también llevaron un poco de tranquilidad a los chilenos.
En la reunión a solas que tuvo con Lagos y luego públicamente, le dijo que la Argentina le dará a Chile “todo el gas que pueda”, siempre que no afecte el suministro a los argentinos. “Ustedes harían lo mismo y estarían en lo correcto”, acotó.
En mayo de 2003, cuando Kirchner visitó por primera vez el Palacio de la Moneda para buscar apoyo ante el inminente —y luego frustrado— ballottage con Carlos Menem, el chileno le dio un solo consejo si llegaba a ser presidente: “Más vale decir que no, que decir que sí y luego no poder cumplir”. Sin duda esta vez Kirchner le hizo caso.
Pero el Presidente también dio buenas nuevas a Lagos. Le anunció inmediatas mejoras en Loma de la Lata, de donde sale buena parte del gas que se exporta a Chile, y un pronto aumento de 6 millones de metros cúbicos de gas por día. Esto tendría como consecuencia que que si el invierno no es extremadamente crudo y Bolivia —proveedor de Argentina— se mantiene políticamente estable, Chile no se vería tan afectado como el año pasado.
En sus discursos ambos presidentes se tutearon y se trataron de Néstor y Ricardo. Pero fue notorio cómo remarcaron que, a solas, habían hablado “sin hipocresías” —dijo Kirchner—, “con franqueza” , dijo Lagos.
El argentino mencionó, incluso, el viejo dicho: “cuentas claras conservan la amistad”. Ambos presidentes firmaron una amplia declaración conjunta. Lagos, por su parte, hizo expreso el “respaldo” de su país “a los legítimos derechos de soberanía” argentinos sobre las Malvinas y abogó para que Argentina y Gran Bretaña logren “a la mayor brevedad posible, una solución pacífica y definitiva de la disputa”.
“No se arregla nada golpeando la mesa, sino con un diálogo fraterno y responsable”, dijo con picardía Kirchner. Aludía a declaraciones del líder opositor de derecha, Joaquín Lavín, que le había reclamado al presidente chileno que golpee la mesa y diga basta.
Lagos, por su parte, le agradeció a Kirchner la rápida expulsión de Schaëfer, que aquí será juzgado por pedofilia y por haber manejado un campo de torturas durante la dictadura de Pinochet.
La detención y expulsión de Schaëfer de la Argentina fue un “regalo del cielo” —en términos políticos— justo en las vísperas del encuentro bilateral. Les sirvió para dejar a un costado, al menos mediáticamente (para los diarios, la radio y la TV chilenos es el principal tema) la cuestión del gas, y para que Lagos pudiera agradecerle expresamente, tanto como “que vengas acompañado por Cristina y la mayor parte de tu gabinete”.
Más allá de las palabras, Kirchner y Lagos también valoraron los actos de integración concreta, como la puesta en marcha del ferrocarril trasandino, la construcción de un nuevo paso en la cordillera —Aguas Negras, en San Juan— que demandará una inversión de dos mil millones de dólares y la asociación de Lan Chile con la estatal argentina LAFSA.
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