KIRCHNER Y LAVAGNA SIGUEN SIN HABLAR
Al presidente Néstor Kirchner todavía no se le pasó el enojo por la forma en que el ministro de Economía, Roberto Lavagna, denunció supuestas maniobras de corrupción en las licitaciones de obra pública.
Pasaron cuatro días y el diálogo entre ellos sigue interrumpido y, en medio de una creciente avalancha de versiones, algunos de los hombres más cercanos a Kirchner se excusan ante la pregunta obligada sobre si habrá cambios en el Palacio de Hacienda.
“Es imposible saberlo. Depende exclusivamente del Presidente”, dijo a LA NACION un funcionario que pasa varias horas al día con Kirchner. Luego aclaró: “Lo único seguro es que pasó algo que le cayó muy mal”.
Se refería al discurso de Lavagna ante la Cámara Argentina de la Construcción, el martes pasado, en el que denunció un “cierto grado de cartelización” en la obra pública. Es decir que los empresarios del sector se ponen de acuerdo para arreglar sobreprecios. Sonó como un golpe directo del ministro a su eterno rival en el Gabinete, el encargado de Planificación Federal, Julio De Vido.
Después de ese acto, Lavagna y Kirchner se reunieron durante casi una hora en la Casa Rosada. El diálogo fue tenso y hubo reproches para el ministro, según dos fuentes que escucharon la versión presidencial.
La ira de Kirchner creció con el correr de las horas, tras la fuerte repercusión de la denuncia. No volvieron a hablarse desde aquella tarde. Tampoco el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, llamó al ministro.
Los dichos de Lavagna se habían encajado en medio del debate interno sobre las políticas contra la inflación. De Vido milita entre los que cuestionan las recetas de Economía. ¿Por qué fue tan grande el malestar en la primera línea del Gobierno? “Porque objetivamente la realidad no se corresponde con lo que dijo. No es un tema nuevo”, respondió un ministro nacional.
A Lavagna le reprochan haber usado una información ya existente sobre un informe crítico del Banco Mundial -financista de muchas obras públicas-, pero sin aclarar cómo había actuado el Gobierno después. Y lo hizo frente a los empresarios del sector y sin avisar a nadie en la Casa Rosada.
En el Gobierno recuerdan que una semana antes, en Rosario, el ministro se había referido también a irregularidades en las obras de infraestructura. Sin embargo, había añadido otros datos. Dijo: “En licitaciones para caminos hubo sobreprecios de hasta el 25 por ciento y hay en marcha una investigación. El Presidente tomó la decisión de frenar los contratos”.
UN TONO DIFERENTE
Esa aclaración final divide, según la visión de hombres que dialogan con Kirchner, una declaración positiva de un ministro de una denuncia con “tono de provocación”. Pasaron seis días y no seis meses desde el informe del Banco Mundial y la medida que suspendió las licitaciones, se quejó una alta fuente gubernamental.
No es el primer cortocircuito semejante entre Kirchner y su ministro de Economía. El nivel de tensión sólo se asemeja al que se vivió hace un año y medio, cuando Lavagna criticó el manejo de la crisis energética.
Como en aquella oportunidad, hay desorientación entre los funcionarios del Gobierno. Nadie confirmó a Lavagna ni desmintió los rumores sobre su inestabilidad en el elenco nacional; él mismo fue ambiguo anteayer en el Coloquio de IDEA, cuando dijo que su continuidad “depende del Presidente” y de que tenga espacio para actuar.
Consultado por LA NACION, el subsecretario general de la Presidencia, Carlos Kunkel, se limitó a decir ayer que Lavagna “está en funciones” y destacó: “Yo prefiero que siga. Ahora, en caso de que se produzcan diferencias de visiones o matices en aspectos puntuales, es absolutamente natural que el ministro tenga que adecuarse a las directivas del Presidente”.
Al mismo tiempo, ayer recrudecieron las críticas a Lavagna desde sectores afines al kirchnerismo: el jefe de la CGT, Hugo Moyano, y el piquetero oficialista Luis D´Elía reclamaron ayer a Kirchner que cambiara de ministro de Economía (sobre lo que se informa por separado).
En el Palacio de Hacienda buscaban anoche enfriar los rumores. “No damos por cerrado ningún episodio, porque nunca existió”, dijo un allegado al ministro. Creen que las versiones surgen de segundas líneas del kirchnerismo y se quejan por la forma en que se leyeron los dichos de Lavagna. “Dijo ante los empresarios que hay muchas distorsiones en la economía y que él prefería ocuparse de luchar contra pobreza que eliminar el impuesto al cheque”, se quejó la fuente.
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