KIRCHNER Y LULA DEFINEN SU POLÍTICA FRENTE AL FMI
Con sus esposas como únicos testigos, los presidentes Néstor Kirchner y Luiz Inacio Lula da Silva definían anoche el alcance real que tendrá la alianza política inmediata entre la Argentina y Brasil, con miras a las negociaciones permanentes que los dos países afrontan con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Las formalidades del documento que firmarán hoy, tras una reunión oficial entre los dos gobiernos, quedaron redactadas durante el fin de semana, pero la comitiva argentina llegó aquí con una expectativa enorme por saber hasta qué punto quiere llevar Lula la coordinación de estrategias.
Cautos, los ministros que acompañaron al Presidente evitaron los pronósticos durante todo el día. Se sabe, sí, que Kirchner aspira a colocar en “el máximo nivel histórico” la relación bilateral, como sostuvo el embajador argentino, Juan Pablo Lohle.
“Esto es un primer paso para saber hasta dónde podemos llegar”, decía anoche un ministro que viajó en el avión presidencial Tango 01. Lo que se busca, agregó, es “una identidad de lógica entre los dos países”, que viven dos situaciones críticas pese a sus diferencias.
Una lluvia tropical de esas que nublan la vista recibió a la comitiva argentina, que se abrió paso entre los atascos en las autopistas cariocas para llegar al lujoso hotel donde transcurre la cumbre bilateral. Todo un desperdicio: había que imaginar las vistas de las playas de Ipanema que ofrece la suite donde Lula y Kirchner cenaron.
El presidente brasileño llegó retrasado desde Brasilia y con fastidio, al toparse con una manifestación de empleados despedidos de un bingo que ocupó la vereda del hotel, bajo el agua. No es una situación interna soñada la que vive Lula estos días, atrapado entre los datos de la economía, las denuncias de corrupción contra miembros de su gobierno y los reclamos de amplios sectores del Partido de los Trabajadores (PT) para que dé un vuelco en su política financiera.
Ese escenario alimenta la percepción argentina de que “esta vez sí” puede ir en serio la idea de una alianza estratégica entre los dos principales socios del Mercosur.
La primera coincidencia entre los dos gobiernos respecto de las negociaciones con el FMI está dada en la idea de promover un cambio en el modo del que el organismo se vale para calcular el superávit exigido con destino al pago de la deuda. Lula ha señalado en charlas con presidentes de Europa y de EE.UU. una idea que comparte Kirchner: que las obras de infraestructura no se computen como gastos. Es un dato técnico pero con suficiente impacto para reducir el monto derivado a los pagos al exterior.
Cerca del presidente Kirchner se analizaba anoche la posibilidad de incluir a los planes sociales en esa categoría. Dar prioridad al crecimiento y a la sustentabilidad interna es uno de los latiguillos preferidos del Gobierno en su disputa con los organismos financieros.
A Brasil también le gustaría la idea de contabilizar los planes sociales como inversión, pero los asesores de Lula estaban cerca de descartarla ante el rechazo que, saben, generaría en el exterior. Se calcula que el documento final de la cumbre mencionará el tema, pero de forma tímida.
Otro punto que las dos cancillerías y los ministerios de Economía han analizado es pedir que se apruebe una política fiscal anticíclica que permita variar las pautas de superávit en situaciones de crisis, según fuentes de los dos gobiernos.
Integración física
El Consenso de Río de Janeiro, que se firmará, incluirá también anuncios de integración física (varias obras viales y ferroviarias) y comercial (como, por ejemplo, los avances en la negociación del Mercosur con la Unión Europea y la Comunidad Andina).
Para ampliar la imagen de unidad, se promoverá la puesta en marcha de consulados conjuntos y el intercambio de funcionarios entre las cancillerías. Por eso han viajado cuatro ministros: Rafael Bielsa (Relaciones Exteriores), Roberto Lavagna (Economía), Julio De Vido (Planificación) y Alberto Fernández (jefe de Gabinete) y varios secretarios.
Lula navega entre el acuerdo teórico ante esa posición y la cautela con la que intentó moverse hasta ahora en sus gestiones internacionales. Pese a que evitó el fantasma del default, lo espera la posible renovación de un programa de asistencia con el FMI.
“En seis meses vamos a notar que el acuerdo entre la Argentina y Brasil nos beneficiará a los dos”, apostaba anoche una alta fuente de la Cancillería. Siempre aclarando que se debía esperar la actitud con que llegase Lula. El plazo no es caprichoso si no marca la fecha en la que más o menos los dos países deben afrontar las negociaciones más duras con el FMI, en las que se definirá la cifra del superávit exigido para la deuda. Kirchner aspira a que la cumbre de hoy constituya un fuerte gesto político hacia el mundo, al mostrar embarcados en una estrategia común a las dos economías.
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