LA AEROLÍNEA PROPIETARIA DEL AVIÓN QUE SE ESTRELLÓ EN GRECIA DEJA TODOS SUS APARATOS EN TIERRA
Las autoridades chipriotas han informado este lunes de las nacionalidades de los viajeros que murieron el domingo en el accidente. Un piloto alemán, una familia de cuatro armenios, 12 ciudadanos griegos y 104 de Chipre completan la lista de 121 personas que viajaban en el avión que se estrelló al norte de Atenas.
Los familiares de los pasajeros han viajado a la capital griega con la difícil y penosa misión de reconocer a sus allegados entre los cadáveres carbonizados.
El ministro chipriota de Transportes, Charis Thrasou, redujo a 25 el número de niños y adolescentes que murieron en el accidente, frente a los 48 de los que se informó en un principio.
“En la lista de vuelo aparecen 25 niños y adolescentes, de edades comprendidas entre los 5 y las 18 años”, detalló Thrasou en una rueda de prensa. “El menor era un niño de cuatro años, mientras que la víctima más anciana tenía 66”, agregó el ministro.
Congelados antes del accidente
El Boeing 737/800 de la aerolínea privada ‘Helios’, especialista desde 1999 en vuelos baratos, se estrelló a unos 60 kilómetros al norte de Atenas, al parecer a causa de un fallo técnico.
Las primeras investigaciones sugieren que los fallecidos estaban muertos o insconcientes cuando el avión se estrelló contra una montaña al norte de Atenas.
Una fuente del Ministerio de Defensa griego, citada por la agencia Reuters, ha asegurado que las autopsias muestran que la mayoría de los cuerpos estaban congelados.
Las hipótesis apuntan a una avería en el sistema de refrigeración, que habría originado una despresurización de la cabina.
La consiguiente falta de oxígeno y el frío en el interior del aparato habría matado por congelación y asfixia a la mayoría de los pasajeros y tripulantes antes de que el avión se precipitara en el norte de Atenas.
Dolor de los familiares
“Mi hija, mi nieta de cuatro años. No puedo hablar… mis hijos han muerto”, decía entre sollozos Themis Chadjisavva antes de embarcar, con el corazón compungido, en el vuelo especial fletado por la aerolínea de bandera chipriota.
“No se qué que tengo que hacer. Creo que me harán un examen de ADN”, proseguía confusa, vestida de negro riguroso, mientras algunos de sus familiares la sostenían para que tomara el avión.
Tras ella, cubierta toda la fila por una manto de tristeza y rabia contenida, hombres y mujeres abordaban el aparato asistidos por un grupo de cuatro psicólogos. “Mi hija, de 27 años, iba de vacaciones con sus amigos. Es un dolor tan enorme. Ya sé que será difícil reconocerla, pero no nos queda más remedio que ir”, declaraba Anna Onisoforou, aturdida por la desesperación.
Más atrás, en medio de la fila, la voz ruda de Kiriakos Kyriakou se alzó como centella y reclamó un castigo ejemplar para “Helios”, la compañía dueña del aparato siniestrado. “Una familia entera. Cinco miembros. Tres hijos. Las compañía tiene la responsabilidad”, gritó, sin que su exabrupto encontrara eco entre los rostros abatidos.
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