LA AGENDA ECONÓMICA DEL DÍA DESPUÉS DE LAS ELECCIONES LEGISLATIVAS
Inflación, deuda, tarifas, salarios, dólar y el Fondo Monetario Internacional son los principales puntos que la administración del presidente Néstor Kirchner deberá abordar en los próximos meses o incluso, en algunos casos, antes.
En las últimas semanas, uno de los temas dominantes de la escena cotidiana se relacionó con los conflictos gremiales en busca de una mejora salarial.
Los reclamos son una consecuencia obvia de la mejora constante de la economía y la recuperación del empleo, algo que desde el Gobierno reconocen y respetan. Sin embargo, cada reacción violenta de los gremios fue acompañada por un pedido de comprensión de parte del Estado, tanto para los empresarios como para los trabajadores.
El disparador de estos conflictos bien puede relacionarse con el aumento de precios, una situación también vinculada con la mejora de la economía argentina. La inflación llegaría este año al 11% y un porcentaje similar o aún mayor se espera para el 2006, motivo por el cual la administración Kirchner deberá enfocarse en el asunto para que no aumenten los niveles de pobreza.
Si bien se alcanzaron acuerdos con varios sectores para evitar aumentos en los precios de la canasta familiar, una estrategia clara y a largo plazo deberá ser una de las prioridades de Kirchner y sus ministros.
En la misma línea se encuentra la controversia que genera el precio del dólar. Si bien una cotización alta eleva casi de manera automática los precios, un peso fuerte quita competitividad a la economía y, por ende, un retroceso en los índices de crecimiento.
Hasta el momento, las palabras del ministro Roberto Lavagna y el papel del Banco Central demuestran que la idea oficial es la de mantener el precio cercano a los $3.
Esta estrategia deja bien parados a los sectores de la economía ligados al comercio exterior, impacta directamente sobre los ligados al mercado interno y termina explicando una buena parte de las subas en la inflación.
En el mismo campo, el Gobierno debe enfrentar el desafío de cómo redistribuir el ingreso, una materia pendiente que mantiene bien diferenciados a los sectores ricos de los pobres. De más está decir que esta brecha además genera más conflictos sociales y gremiales.
La única manera que se encontró por ahora para evitar que se agrande aún más esa diferencia entre ricos y pobres fueron los planes sociales. Sin embargo, la generación de más empleo y un nuevo esquema de asistencialismo a los sectores más retrasados de la Argentina debe instalarse lo antes posible.
La piedra
El sólido desempeño que presenta la economía de la Argentina permite al mismo tiempo sentarse a dialogar en otros términos con el Fondo Monetario Internacional. Se espera que desde diciembre los hombres de Lavagna se sienten con los de Rodrigo Rato para alcanzar un acuerdo a mediano plazo.
Superadas las elecciones y con un mayor apoyo, la Argentina pondrá como exigencia al Fondo que se respeten los “fundamentos centrales de la política económica”.
Sin embargo, entran en la escena otros factores importantes que el FMI reclamó en varias oportunidades: renegociación de tarifas de las empresas privatizadas y una propuesta para los acreedores que no entraron en el canje.
El consenso entre los analistas indica que habrá un aumento en las tarifas de los servicios públicos, pero no sin reclamar a cambio inversiones y el retiro de las demandas presentadas por varias compañías ante el tribunal del Banco Mundial, el CIADI.
Por otro lado, aún falta presentar un plan para la deuda por u$s24.000 millones que no entró en el canje. Según especulaciones, la Argentina presentaría una propuesta, pero ella sólo entraría en vigencia si la mayoría de los acreedores adhiere a una suerte de “listado de compromiso” que se abriría en el Banco de Nueva York.
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