LA ARDUA TAREA DE BLANQUEAR A LAS EPLEADAS DOMÉSTICAS
De 900 mil empleadas domésticas censadas en el país en diciembre de 2005, el 94,5 por ciento estaban en negro. Sólo unas 58 mil trabajadoras habían sido registradas entonces por sus empleadores, quienes hacían aportes jubilatorios y de obra social. A partir de enero de este año, la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip) intensificó su campaña “El trabajo en blanco”, primero en Capital Federal y Gran Buenos Aires y, desde hace un mes, en Córdoba, Rosario, Mendoza y Bariloche y, para el pasado abril, el número de empleadas domésticas inscriptas había aumentado a 106 mil personas, un 12 por ciento. Desde la Afip son optimistas y refuerzan: “Este es un proyecto de inclusión social”, dicen. Sin embargo una contadora especializada en asuntos impositivos consultada por este diario celebró la propuesta, pero señaló que hay resistencia tanto de los empleadores a blanquear a sus domésticas, como desde las mismas trabajadoras, ya que muchas de ellas perciben el plan Jefas y Jefes de Hogar, que perderían ni bien la Administración Nacional de Seguridad Social (Anses) notara la inscripción.
En Rosario, Córdoba, Mendoza y Bariloche, el plan de concientización largado por la Afip realizó durante los primeros quince días de la segunda fase (fines de abril, principios de mayo) más de 40 mil llamados telefónicos y envió unas 600 mil cartas a posibles dadores de trabajo.
Si bien el programa de inclusión del servicio doméstico en el sistema impositivo data del año 2000, recién en 2005 la Afip encaró una nueva campaña de comunicación e inducción, proponiendo a los dadores de trabajo desgravaciones en sus impuestos a las ganancias que llegaban hasta los 4.020 pesos en diciembre pasado y ahora aumentó a 6 mil en concepto de contraprestación “por los servicios prestados y los importes abonados para cancelar las contribuciones patronales del Régimen Especial de la Seguridad Social para Empleados del Servicio Doméstico”, según lo indica la ley 25.239.
La legislación, que provee de obra social sindical a elección de las empleadas entre las 200 que funcionan en el país, historizó a lo largo de sus fundamentos la situación particular de estas trabajadoras y trabajadores y especificó quiénes no entran dentro del régimen: “Prestaciones de servicio inferiores a un mes; relaciones de trabajo con jornada inferior a 4 horas por día y que lo hagan por menos de cuatro días a la semana para un mismo empleador”. Así como “personas unidas con el dueño de casa con algún grado de parentesco; personas contratadas exclusivamente para conducción de vehículos; menores de 14 años; personas contratadas exclusivamente para cuidar enfermos”.
“Casi todos los sectores sociales tienen servicio doméstico”, señaló a este diario Marcela Atienza, contadora consultada por sus clientes en torno a temas impositivos. “Incluso –agregó–, las mismas empleadas tienen algún familiar o una persona cercana que cuida de sus niños mientras van a trabajar. Por otra parte, según la impresión de la profesional, guiándose por los comentarios que recibe en su estudio, muchos dadores de trabajo temen “anotar a sus empleadas y quedar registrados como empleadores, miedo de que sea un control más”. Aunque agregó: “Creo que la gente debería tener en cuenta este plan, que le da una jubilación y una obra social a un sector siempre postergado”.
Por otra parte, la Afip plantea el sistema tanto para trabajadoras argentinas, extranjeras radicadas de modo permanente y extranjeras con radicación provisoria, aunque los beneficios son distintos entre las últimas y las dos primeras.
Por servicio doméstico, tanto la Afip como la ley de contrato de trabajo entiende aquellos trabajos “dentro de la vida doméstica, y que no importen para el empleador lucro o beneficio económico, realizadas por hombres o mujeres que desarrollan tareas tales como: cocina, lavado, planchado y limpieza; servicios de jardinería; caseros; tareas conexas a las casas particulares”. Sin embargo, en la historia que traza la legislación sobre el tema se puntualizan “situaciones no contempladas que implican notorias carencias para esta clase de trabajadores, y que requiere de una inminente actualización”.
El trámite para que un empleador blanquee a su empleada doméstica es sencillo y puede hacerse a través de la página de internet de la Afip (www.afip.gov.ar). Los aportes mensuales van desde los 20 a los 59,44 pesos, según las horas de trabajo, que se computan a partir de las 6 horas semanales hasta las 16 o más. Una vez hecho el trámite de inscripción el dador de trabajo presenta la documentación en el banco, hace el pago y se lleva un ticket. La página de la entidad confeccionó asimismo un Manual para el Ama de Casa que es uno de los ítems más visitados del sitio en las últimas semanas. Por su parte, la empleada doméstica cuyos aportes lleguen al máximo de los 59,44 pesos, tiene acceso a los servicios de salud y elegir entre más de 200 obras sociales cuyo listado puede consultar ingresando a www.sssalud.gov.ar o por teléfono al 0800-222-72583 (Salud). La cobertura médica comienza el mismo día que hace el primer pago a la seguridad social. Su grupo familiar puede acceder a los mismos servicios abonando 22,22 pesos más por cada integrante.
El Sindicato de Empleadas Domésticas de Rosario, cuyo titular es Francisco Frenna, trabajó el tema, según manifestó el gremialista en una breve comunicación telefónica con este diario. Es de suponer que la misma Afip debe estar planeando algún premio adicional para aquellas personas que logren contactarse con el sindicato o su secretario general.
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