LA ARGENTINA RECIBE UN PEDIDO DE REFUGIO POLÍTICO CADA DÍA
Huyen de guerras civiles, conflictos étnicos o religiosos, persecuciones políticas, violaciones a los derechos humanos. Llevan como único equipaje un inmenso temor por su vida y la de sus familias. Como polizones en barcos o en arriesgadas travesías terrestres, miles de hombres y mujeres dejan su tierra para buscar asilo en otros países. La Argentina recibe, en promedio, cada día una persona en estas condiciones, según la oficina local de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) que hoy, en el Día Mundial del Refugiado, lanza un llamado a la reflexión sobre un fenómeno tal vez poco visible pero dramático.
Desde enero de este año hasta mediados de mayo se recibieron aquí 163 pedidos de asilo, de personas llegadas de 24 países de cuatro continentes, esto es, un promedio de 32 por mes. La mayoría viene de Senegal (37 casos), Colombia (34) y Perú (33), “en general perseguidos por motivos políticos”, cuenta a Clarín la directora de oficina de la ACNUR en Buenos Aires, Flor Rojas.
Pero esto no significa que todos se conviertan en refugiados en forma automática. Antes, sus casos deben ser analizados por el Comité de Elegibilidad para los Refugiados (Cepare), que depende de la Dirección Nacional de Migraciones, y que cada año rechaza “más del 50% de las solicitudes”, según Rojas, pues los solicitantes no logran demostrar motivos reales de persecución.
El Comité demora “entre seis meses y un año” para estudiar cada caso y determinar si los acepta. “La recomendación es que esto se haga lo antes posible, para que el refugiado pueda tener documentos para vivir y trabajar acá. Lo ideal sería no más de tres meses. De todos modos se acortaron los plazos”, admite la directora de la ACNUR.
Desde 1985, cuando comenzó a funcionar el Cepare, fueron reconocidas en la Argentina cerca de 2600 personas como refugiadas. El 95% vive en la Capital o el Gran Buenos Aires. En todo 2005, la entidad recibió 385 solicitudes de personas que huían de 41 países de Africa, Asia y América latina. Entre ellos, se destacan por la cantidad los colombianos (86 personas, un 20% del total). Es que en Colombia, “la situación humanitaria es muy grave, debido al conflicto armado con la guerrilla”, advierte Rojas. Y recuerda que en los últimos 5 años unos 100.000 colombianos pidieron asilo en distintos países, sobre todo Costa Rica y Ecuador.
Al mismo tiempo, la entidad reconoció como refugiadas en 2005 a 213 personas (que no corresponden necesariamente a las que iniciaron el trámite ese año) de 27 países. Los principales: Rumania (43), Armenia (32), Perú (30) y Cuba (27).
“De Perú llegaban muchos en los años 80 y 90. Ahora la situación de los derechos humanos en aquél país mejoró, pero de todos modos hay personas que denuncian amenazas y piden asilo aún hoy”, explican en la ACNUR. Y remarcan que “ningún país está exento de producir refugiados”.
“La cantidad de solicitudes se ha mantenido estable en los últimos años. Pero es un número importante. Por eso nos interesa que la Argentina pueda tener en poco tiempo una ley de refugiados”, señala Rojas.
La Argentina ratificó en 1961 la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados, que ubica en esta categoría a personas que “debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas” se encuentran fuera de su país.
¿Por qué llegan a la Argentina en busca de refugio? “En general, no eligen —afirma la funcionaria—. Salen a buscar un lugar a donde ir. Casi siempre salen de sus países en forma irregular, sin visas, y se quedan donde puedan. Los que vienen de Africa viajan muchas veces como polizones y llegan a la Argentina como primer punto en América”.
Los refugiados tienen derecho a obtener la documentación que les permita trabajar y acceder a servicios básicos de salud y educación. De esto se ocupa la ACNUR, con los fondos que recibe de donantes voluntarios, y a través de varias organizaciones no gubernamentales e instituciones públicas, que dan a los refugiados clases de español y asesoramiento legal. Y a los que tienen hijos en edad escolar se les facilita el ingreso a escuelas públicas.
También cuenta con la ayuda de una fundación que da microcréditos a los refugiados para que puedan instalar pequeños comercios. Aunque no son muchos los que tienen esta posibilidad, y la mayoría trabaja como empleado en negocios, o en la venta callejera, según la ACNUR.
El problema, explica Rojas, es que mientras el Cepare analiza los pedidos de asilo, los solicitantes reciben un permiso temporario de residencia que se conoce como “la precaria”, y “en algunos lugares no lo consideran válido como para darles empleo. Por eso es tan importante que se acorten los tiempos para que el Estado defina la situación de los potenciales refugiados”.
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