LA ARGENTINA, RIESGOSA PARA LA INVERSIÓN
La Argentina es uno de los países más riesgosos del mundo para la inversión. Sólo el inestable Irak y Zimbabwe -que está en la lista negra de Estados Unidos por hallarse bajo la dictadura de Robert Mugabe- la superan, según el ranking mundial que difundió The Economist Intelligence Unit (EIU), la unidad de inteligencia de la revista británica The Economist, abocada al monitoreo de la economía en todo el globo.
En una lista de 27 países emergentes, a la Argentina le siguen, en una escala que va de 0 (menor riesgo) a 100 (mayor), Venezuela, Filipinas, Indonesia, Turquía, Ucrania, Colombia, Egipto, Perú y Brasil. Singapur, Hong Kong -incorporada a China con un régimen especial- y Chile son los menos inciertos.
La clasificación se hizo en enero pasado sobre la base de 77 indicadores de estabilidad política, económica y calidad crediticia. No tiene en cuenta algunos cambios favorables en la situación argentina: se realizó al iniciarse el canje de la deuda en default (de la lista, sólo Irak y Zimbabwe también están en cesación de pagos), y con algunos parámetros de 2003, en los casos en que faltaban los del año pasado.
“En la Argentina hay dos tipos de economía”, opinó el ex subsecretario de Financiamiento Miguel Kiguel, que asesora a inversores en su consultora Nuverse. “Una es la desregulada, en la que no hay control de precios y el riesgo no es mayor que en otros países emergentes. Otra es la altamente regulada, la de servicios públicos, energía e infraestructura, donde hay mucha intervención, contratos sin renegociar y cambios de reglas de juego, donde es poco probable que haya inversión hasta que esto se arregle”, explicó Kiguel.
Por su parte, el secretario de Industria, Miguel Peirano, dijo a LA NACION: “La Argentina tiene las condiciones de certidumbre y rentabilidad necesarias para todas las inversiones, incluidas las externas”. Destacó: “El funcionamiento de la economía, el régimen de promoción de inversiones y el superávit fiscal generan un marco propicio y estable”.
Reconoció “las modificaciones de las reglas de juego que muchas veces los inversores señalan como factores de riesgo”, pero las consideró “consecuencia de un esquema económico adoptado en los 90 sobre bases artificiales y no vinculadas con la ciencia económica”. Dijo Peirano: “Hubo que sincerarse con los efectos no deseados no sólo por los inversores, sino por el conjunto de la sociedad”. Y atacó el ranking: “Muchas afirmaciones como éstas no dejan de ser intereses de lobbies, justificadas en concepciones ideológicas que no advierten que ya no rigen los arbitrios y privilegios de los 90”.
En tanto, el vocero de una empresa de capital francés se sorprendió de que la Argentina figurara “tan mal” en la clasificación, pero advirtió: “Hay un problema de estrategia de largo plazo. Se vive el día a día, con decisiones altamente concentradas en el Poder Ejecutivo y cambiantes. Esto imposibilita que la recuperación económica sea más vigorosa. Faltan políticas de Estado”.
Otros factores
“No comparto en absoluto que la Argentina esté tercera”, observó el director de la filial de una corporación norteamericana. “Hay infinidad de países con más inestabilidad política en América latina, Africa o Medio Oriente”, describió el empresario.
Sin embargo, el ejecutivo de la compañía estadounidense admitió riesgos: en primer lugar, el abastecimiento energético a largo plazo y, en menor medida, ítem “controlables” como la inflación, las elecciones próximas, los contratos de servicios públicos y la presión sindical por la redistribución de ingresos. Como elemento positivo destacó el elevado crecimiento.
El director de una multinacional española admitió el alto riesgo argentino a los ojos de un inversor del Primer Mundo, pero advirtió que ése es uno de los tres factores que llevan a decidir una inversión. “Hay muchos parámetros de esas encuestas basados en cómo se desempeña el capitalismo en ciertos países y eso deriva en que las inestabilidades latinoamericanas estén afuera. Pero el riesgo es sólo un elemento para las decisiones de inversión. Los otros son la tasa de rentabilidad y el tiempo en que se recupera. Si la rentabilidad es interesante, se corren los riesgos porque así funciona el capitalismo”, explicó el director.
“Tras la salida del default y con el crecimiento de los últimos años, es posible que baje el riesgo”, afirmó el ejecutivo de la firma española. “Aún falta estabilidad de normas sobre las que el inversor sepa a qué atenerse. La imagen variable que proyecta Kirchner amedrenta a los empresarios en general, que saben poco de política y perciben un riesgo superior al real”, añadió.
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