LA BALADA DE LOS CAMALEONES
Son una banda conocida por su buen humor, y su marca de fábrica siempre fue nunca correr para donde hubiera sido esperable. Pero catorce horas de trajín aeroportuario lo cambian todo. Los miembros de Café Tacuba van llegando de a uno a la piscina del coqueto hotel céntrico. Alguno se sienta, otro se repantiga en las reposeras, un tercero se reclina contra una columna. El cansancio hace difícil de soportar sus propios pesos. El hiperquinético Rubén Albarrán (ahora rebautizado Elfego Buendía, anteriormente fue Pinche Juan, Cosme, Anónimo, Masiosare, Nru y Rita Cantalagua, entre otros alias) apenas puede abrir los ojos. El tecladista Emmanuel del Real mira desde lejos, desganado, esperando que empiece la entrevista. Los más despiertos parecen ser los hermanos Joselo y Quique Rangel (guitarra y bajo, respectivamente), que optaron por evitar la siesta.
Por primera vez en su carrera, el material de Café Tacuba no incluye ese sabor picantito que le aporta el folclore mexicano. Las canciones son más simples, más directas. Gente rara, hasta no hace mucho eran una banda de rock sin baterista, situación que acaba de cambiar con la inclusión de Luis Ledesma en sus conciertos.
¿Cómo fue el proceso que concluyó con la grabación de Cuatro Caminos?
Quique: La última experiencia discográfica fue Revés/Yo soy, un álbum que nos dio muchas satisfacciones. Luego decidimos tomarnos el 2001 como año sabático. En ese momento llevábamos doce años de carrera y era necesario que cada uno de nosotros pudiera retomar diferentes actividades, ya sean musicales o de otra índole. Cuando nos juntamos a ver cómo sería el próximo disco, coincidimos en la necesidad de hacer algo más inmediato, más energético. Eso se manifestaba a través de diferentes propuestas, una de las cuales fue incluir un baterista. Otra fue la decisión por parte de Joselo y mía de prescindir de instrumentos electroacústicos y asumir la guitarra y el bajo eléctricos como elementos únicos. Todo esto terminó marcando un quiebre con lo que veníamos haciendo, y nos dio un sonido más cercano al rock tradicional.
El tándem de productores Gustavo Santaolalla-Aníbal Kerpel ya es un tradicional colaborador de Café Tacuba. Eternos buscadores del cambio, esta vez los mexicanos quisieron otros aportes para enriquecer su sonido. Los elegidos fueron Andrew Weiss y Dave Friedmann.
¿Por qué decidieron incluir en el proyecto a los otros productores?
Joselo: Fue parte de esta búsqueda de nuevos sonidos. Nos dimos cuenta de que estábamos haciendo un disco con más rock, menos ecléctico que los anteriores, y nos interesaba saber qué sucedería con otro productor. El título Cuatro caminos, entonces, juega también con las posibilidades, las diferentes formas de trabajo y las visiones de cada uno estos cuatro productores.
¿La elección de Weiss está relacionada con su trabajo con Babasónicos?
En principio, nos gustaba un disco de Ween que él produjo. Sabíamos que había hecho los discos de Babasónicos y fue así como nos acercamos. Sin embargo, aunque con ellos nos conocemos, no hay tanta relación musical, sino más como de amistad. Ellos también tienen mucho tiempo trabajando y, como nosotros, siempre están proponiendo novedades. De allí sale una admiración, un respeto mutuo por el trabajo del otro. Ahora vamos a tocar juntos (ver Información), y creo que va a ser emocionante.
Ustedes suelen hacer en vivo una versión de Deléctrico…
Quique: ¡Vaya, es cierto, se me había olvidado! Cuando se editó Jessico en México, nosotros estábamos presentando el disco con canciones de Los Tres. Entonces decidimos hacer una cosa de complicidad con nuestro público, y además de los covers de Vale Callampa hacíamos un medley con canciones de diferentes grupos. Entre ellas estaba Deléctrico.
¿Cómo ven como mexicanos la interpretación o la visión que artistas como Babasónicos o Dante Spinetta hacen de México?
Emmanuel: Creo que aquellos que tienen la suerte de viajar a otro país y conocer su gente siempre absorben algo. Ese algo puede reflejarse en lo que haces, en este caso, la música. Cuando lo escucho, me digo, ‘qué bueno que ese intercambio quede plasmado en lo que hacen’.
Uno de los elementos más notables en la música de estos chilangos (como se llama a los que viven en el Distrito Federal mexicano) es la inclusión de elementos folclóricos de su país. Esa combinación, sin embargo, no está presente en el álbum Cuatro caminos.
¿Piensan retomar la fusión de pop y la música norteña mexicana?
Quique: Pues lo cierto es que no tenemos ni idea. Cuando vamos a componer, cada uno trae su idea de hacia dónde quiere llevar el sonido del grupo, pero esto se desmadra cuando nos juntamos los cuatro. Lo interesante es ver cómo, aunque no era lo planeado originalmente, esas cuatro ideas se potencian mutuamente. Aunque actualmente no sentimos la inquietud por apropiarnos de esa música, lo cierto es que no sabemos si, después de tocar un tiempo el material nuevo, nos cansaremos de las guitarras eléctricas y nos vayamos otra vez a hacer algo más tradicional o acústico. Es una ventana que no queremos cerrar.
¿Sabían que acá tenemos algo muy parecido al narcocorrido, llamado cumbia villera?
Rubén: ¿Cumbia vishera…? ¡Ahhh, cumbia vihiera…! (risas) ¿De veras? Pues no me sorprende del todo. Estas cosas que uno cree que son exclusivas de un país en realidad son más universales de lo que parecen. Creo que esa música tiene más que ver con el rock and roll que lo que hacemos nosotros. Por el lugar de donde viene, por su evolución, por la relación que tiene con el público masivo. Por ejemplo, cuando nosotros empezamos, tocábamos en lugares pequeñitos, para un público más bien elitista. Hacíamos algo que no provenía de una música tradicional, sino que era como injertada. Entonces, me da la sensación de que el narcocorrido está más cerca del rock de lo que estamos nosotros.
¿Qué van encontrar los argentinos que los vayan a ver luego de tanto tiempo?
Joselo: Más que reencontrarnos, creo que nos vamos a encontrar. Es que con todos nuestros cambios de dirección, lo más probable es que se encuentren frente a algo completamente nuevo. La idea es pasar el material anterior por el nuevo filtro del grupo. Además estarán con nosotros Alejandro Flores, que toca el violín, y el baterista Luis Ledesma. Hicimos el ejercicio de tocar los viejos temas con la nueva formación, vimos cuáles se adaptaban mejor al nuevo sonido y reescribimos la lista de temas.
¿Sienten que abrieron el camino para la nueva música mexicana?
Joselo: Hace dos semanas fuimos a Colombia y nos lo hicieron notar. Creo que es similar a lo que pasó en los 80 con Soda Stereo, que generó un interés en el público y las disqueras.
Rubén: Yo creo que hay mucho de suerte en eso. Antes ya había una movida, pero lo que pasó fue que estuvimos en el lugar correcto en el momento justo.
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