La batalla crucial será por el Congreso
La mayor incógnita que hoy develarán las urnas es cómo quedará conformado el mapa político del Congreso a partir del 10 de diciembre. La batalla es crucial: del resultado dependerá si Cristina Kirchner, seguramente reelegida, podrá gobernar durante los próximos dos años sin que el Parlamento ponga obstáculos a su objetivo de "profundizar el modelo", como ella pregona.
Todo indica que la fiesta podría ser completa hoy para la presidenta. Si los resultados de las elecciones primarias de agosto se repiten, tendrá una cómoda mayoría en ambas cámaras. El Gobierno espera así que el escrutinio de hoy no arroje sorpresas que empañen su fiesta; es más, incluso aspira a superar su marca de agosto.
El optimismo kirchnerista no doblega las esperanzas de las fuerzas opositoras, que se ilusionan con que el corte de boleta a su favor las salve hoy de un resultado ominoso. Para la oposición, la pelea legislativa es más que trascendente; de su resultado dependerá su supervivencia, nada menos. Sepultada ya toda expectativa de ganar la Presidencia -una ilusión que hizo añicos el triunfo oficialista en las primarias del 14 de agosto-, apuesta a mantenerse relativamente fuerte en el Parlamento, su único lugar en el mundo.
Muchas fuerzas, de hecho, desviaron el foco de su campaña en el Congreso. El radicalismo, en la voz de su candidato presidencial Ricardo Alfonsín, fue uno de los primeros en pedir el voto por un mayor equilibrio parlamentario. Se entiende: la UCR es hoy la primera fuerza opositora y su único bastión es hoy, a falta casi de gobernadores propios, el Congreso. Lo siguió Elisa Carrió: con un magro 3,2% de los votos, la líder y candidata de la Coalición Cívica espera, por lo menos, salvar la ropa en el Parlamento.
La oposición busca evitar que el huracán kirchnerista la despoje, también, del poder de contrapeso que, con sus vaivenes, logró ejercer desde 2009, cuando ganó las elecciones legislativas. En cambio, el kirchnerismo no ve las horas de tomarse la revancha: con la mayoría que imagina obtener en ambas cámaras avanzará sobre todos los espacios de poder parlamentarios, autoridades y comisiones. Será la venganza luego de que la oposición le arrebatara la mayoría de esos cargos hace dos años.
En esta disputa por el poder parlamentario, la lupa de oficialistas y opositores estará puesta hoy en los distritos más populosos, los que aportan la mayor cantidad de legisladores. El kirchnerismo cree que arrasará en Buenos Aires, donde estima que se alzará con 21 de las 35 bancas en juego. Allí va con una lista encabezada por el actual ministro de Agricultura, Julián Domínguez, a quien acompañan dirigentes que eligió uno por uno la Presidenta.
También espera buenos resultados en la Capital, Córdoba y Santa Fe, los otros tres mayores distritos del país, donde espera vencer antiguas resistencias y conseguir la mitad de las 31 bancas que se renuevan.
El mayor recambio
El recambio mayor se observará en la Cámara de Diputados, donde el oficialismo está en condiciones de levantar el freno que le impuso la oposición en el último año y medio. Según los resultados de las primarias de agosto, el oficialismo y sus aliados se alzarían con, por lo menos, 132 bancas (el quórum es 129).
En el Senado, los kirchneristas mantendrán su actual hegemonía con, por lo menos, 37 escaños (de lo que se informa por separado).
La oposición se quedaría con las restantes 125 bancas, con lo que perdería una decena. Pese al crecimiento del Frente Amplio Progresista (FAP) en las urnas, la UCR mantendrá su condición de segunda fuerza, con unas 39 bancas. Es así porque el radicalismo logró sumar muchas bancas hace dos años, mientras que en el actual bloque que responde a Hermes Binner se renuevan, en esta oportunidad, 13 de sus 21 bancas. Binner podrá salir segundo detrás de la Presidenta, pero aun así no llegará a la veintena de bancas.
El PJ Federal será todo un misterio. Tendrá un número importante de bancas, en su mayoría obtenidas hace dos años, pero todo anticipa que este mosaico de peronistas disidentes eclosionará sin remedio, producto de las diferencias hoy irreconciliables entre sus distintos referentes. Tal es el desmadre interno que no se descarta que alguno se acomode bajo el ala protectora del oficialismo.
En franco repliegue, el mayor desafío de la oposición será evitar que la dispersión interna melle aún más su capacidad de control al Gobierno.
Será una tarea muy difícil, admiten distintas voces opositoras. "Sólo el espanto -la hegemonía kirchnerista- podría llegar a unirnos", deslizan.
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