"La Bibliomóvil" (*)
Varias cosas se llaman Victoria Aguirre en Iguazú. Entre ellas la avenida principal, una plaza o una biblioteca popular, homenajean a la fundadora del pueblo. En 1901 llegar a Cataratas seguía siendo para intrépidos. Victoria era una porteña aristocrática que quiso intentarlo pero la selva se lo impidió. Entonces donó 300 pesos de la época para que desmalezar. Más o menos así nació este poblado que hoy tiene 40 mil habitantes.
Por eso la Biblioteca Popular que se convirtió en una de las primeras “blibliomóvil” del país lleva su nombre.
La idea parió en 1996. Liliam Ravasi y Juan Burgos, entre otros convencidos de que había salvar la identidad jaqueada por el portuñol y las fronteras, presentaron un proyecto a la Conabip. Y la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares se los aprobó. Pronto llegó de Buenos Aires una Traffic lista para echar a rodar por la provincia. Y con ella aparecieron los voluntarios misioneros que se sumaron a lo que se suponía una quimera.
Así empezó un derrotero por los pueblos fronterizos con libros, payasos, talleristas, cuentistas que llevaron cultura y alegría por todos los rincones. La Biblioteca Popular se sostiene con asociados pero nunca alcanza. Hay un subsidio del Conabip pero tampoco es tan suculento. Por eso ahora están buscando recursos para ampliar la sede, que ya rebasa de niños, y si bien tienen espacios físico para crecer, necesitan de los fondos capaces de solucionar las cuestiones de infraestructura.
Todo se hace a pulmón y fuera de los horarios de trabajo para que la Bibliomóvil surque las rutas. Si se rompe, los guardaparques colaboran con el arreglo. Se cuida la camioneta como se cuida a un hijo y se protegen los libros como quien protege al futuro.
Liliam habla en plural del proyecto pero se le nota que es parte importante. Es docente pero en la biblioteca que abre de lunes a domingo le va buena parte de la vida. Ahora se han enterado de algunas provincias cercanas y todas convocan a la “bibliomóvil” que, si se consigue para la nafta, irá a fomentar el hábito de la lectura.
Orgullosos muestran que en Alemania, una revista especializada ha publicado una nota sobre la iniciativa, aunque la noticia no se ha desparramado demasiado por nuestro territorio.
En la sede de la Biblioteca Popular Victoria Aguirre se piensa en “una revolución educativa, social y cultural”, al decir de Liliam; y en la camionetita se esparce la semilla.
Liliam tiene que seguir atendiendo chicos y el cronista que viaja como la biblioteca atendiendo otro mojón.
Apenas queda tiempo para reflexionar sobre un país que un día habrá de pensar en serio en términos de educación. Ese día no debería haber más bibliotecas ambulantes y sí muchas fijas. Pero esa es otra discusión y la “Bibliomóvil” de Iguazú no tiene la culpa.
(*) contactos: [email protected]
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