La burguesía carioca, en una novela de Chico Buarque
Publicada por la casa Salamandra, el texto fue publicado en Brasil en 2009, y fue saludado como una pieza mayor, de alta concentración estilística e histórica, una rueda de generaciones alejada de los lugares comunes del `tiempo perdido` como del monólogo experimental a la manera europea.
El centenario protagonista de la novela, Eulálio Montenegro de Assumpcao enhebra frente a su hija sus recuerdos, sin respetar orden cronológico alguno pero sin ignorar que de la prosperidad del pasado sólo quedan los restos.
En la figura del viejo, Buarque cifra el derrotero del sector social al que pertenece por cuna, y que por sucesivos desarrollos sociales y por ambición, perdió el control absoluto de un país que creció descontrolado e injusto.
En "Leche derramada", la octava novela de su producción, el compositor muestra la cara menos amable de ese grupo, que no sólo empujó la industrialización de la zona más próspera de Brasil, pero que tampoco se privó de apoyar a dictaduras, con el argumento de agudizar las contradicciones socioeconómicas.
¿Será esa la razón por la que la prensa brasileña cataloga algunas de sus novelas como prendas de soledad? La soledad de las clases privilegiadas frente a la emergencia descontrolada de la violencia, la pobreza y finalmente la esperanza de los sumergidos que expresó como nadie Luiz Inácio Lula da Silva.
Chico Buarque de Hollanda (Río de Janeiro, 1944) padeció el exilio, pero disfrutó de las mejores compañías de su tiempo, desde Vinicius de Moraes y María Bethania en la Mar del Plata de los setenta. Y la de los tropicalistas como Caetano Veloso y Gilberto Gil.
Su familia, quien frecuentó al compositor Manuel Bandeira como el propio Chico a Joao Gilberto, lo protegió y soportó. Una anécdota paulista dice que el arquitecto Oscar Niemeyer y el músico-escritor son los dos últimos, y únicos comunistas de Brasil.
De los libros de Buarque hay que destacar la influencia de la poesía (no sólo la de César Vallejo). Autor de "Construcción", "A pesar de vocé", "Cotidiano" y "Mujeres de Atenas", entre otras, su último disco en vivo a nadie haría pensar que está escuchando la voz de un escritor de primera línea. Escritor sin blog, que se niega a los periodistas.
Su hermana, Ana de Hollanda, es ministra de Cultura de Dilma Rousseff; un pariente lejano, Cristovan de Hollanda, fue, durante unos meses, ministro de Educación durante el primer gobierno de Lula.
Eulálio muestra a través de su historia, los ideales y las costumbres de un Brasil que se terminó para siempre, sus poderes y prebendas, sus tierras y crueldades sin par, la esclavitud bajo el frondoso telón de la selva inaccesible.
Y la actualidad, el norte, el sur, megalópolis saturadas de narcos y una juventud que todavía espera la llegada de la prosperidad.
El tono de la narración es calmo, denso, pausado, es la memoria caprichosa de un viejo recordando -con todo- sólo lo que le conviene, de ese dichoso país, enorme manchón verde del cual caen los cocos, la leche derramada de quien ya nada tiene que perder.
Este contenido no está abierto a comentarios

