LA CAÍDA DE FARIZ Y LA SENSACIÓN DE IMPUNIDAD
Me comenta un colega del norte santafesino: en los últimos años se registraron 17 homicidios de factura mafiosa en esa parte la provincia. Obviamente incluye el caso del agente de la Guardia Rural Los Pumas Claudio Capdevilla, “suicidado” por la justicia, la policía y el subsecretario de seguridad en la madrugada del 6 de agosto de este año, según las oportunas declaraciones en todos los casos.
Para el Gran Gabo, “Cien años de soledad” hubiese sido un relato costumbrista si se instalaba en la Santa Fe de los noventa en lugar del abandonado macondo. Igual hubiese recibido el Nobel. Obvia y trágica diferencia: Hubiese sido una meticulosa novela policial.
Las avionetas que aterrizan en el norte diariamente no trasladan precisamente, ávidos turistas rurales, sino cigarrillos Rodeo, baratijas y según lo informes de la DEA y de la División narcóticos de la Policía Federal, drogas.
Como se sabe, a quien ocupa el infortunado lugar de testigo le cabe el lugar del cómplice o el perseguido, o las dos cosas, según el instinto de supervivencia. Ahora que el Consejo de la Magistratura desempolvó una vieja denuncia contra el Juez Federal de Reconquista Eduardo Luis María Fariz, muchos son los que se preguntan acerca del reemplazo y si esos zapatos serán capaces de luchar contra las bandas de traficantes y sus largos brazos de corrupción.
Ayer, la Comisión de Acusación del Consejo de la Magistratura trató el expediente 379/03 y acmulados caratulado “Piumato, Julio – Minela, Carlos (UEJN) c/Tit. del Juzg. Fed. de Reconquista Dr. Fariz E.”. Para un grueso de la oposición política, el viejo juez amigo del ex senador Jorge Massat tiene los días contados en el Juzgado Federal. Hasta la Iglesia de Reconquista se guardó a silencio en una clara muestra de poder, destinada a socavar aún más la realidad de Fariz. “Nos vamos a decir nada, ya lo que dijimos fue público, ahora esperamos que se vaya”, dicen por lo bajo los fieles que tienen acceso al despacho del obispo Andrés Stanovnik. Incluso, su auxiliar Ramón Alfredo Dus, llegó de Paraná hace unos días, con la bendición del mismísimo Benedicto XVI y la consigna de “renovar los aires sociales”. Así las cosas, ni los encargados de redimir los pecados terrenales pueden defender la situación del juez.
Sin embargo, hay voces operando por lo bajo para evitar que la caída sea lo menos ruidosa. La semana pasada, un emisario del presidente Néstor Kirchner llegó al norte para interiorizarse del caso. “No hay nada peor que un peronista le pegue a otro peronista”, dijo un dirigente de ese partido, en referencia al juez y a sus amigos del PJ, que olvidaron los buenos tiempos, cuando la camioneta blanca del Juzgado Federal aparcaba en las puertas de ellos y “el gordo” bajaba a tomar un cafecito.
Fariz fue Juez Federal al mismo tiempo que se multiplicaron los vuelos sobre los campos y rutas del norte provincial que total libertad. Fariz fue (y es) el magistrado que pidió licencia por enfermedad y dejó que un conocido abogado, en su función de subrogante, libere a un narcotraficante por su condición de “padre de familia”.
Según los informes de la Prefectura Naval Argentina, solo en el norte santafesino existían en el año 2.002 treinta pistas clandestinas de aterrizaje. Se cree que en la actualidad ese número está duplicado por el beneficio de cambio monetario y por la crisis financiera argentina tras la caída del gobierno de Fernando De la Rúa.
Las avionetas parten desde Asunción o Pilar, en Paraguay y llegan por su autonomía de vuelo hasta el Chaco, norte de Santa Fe y Entre Ríos. Pueden existir aterrizajes o no, algunas directamente arrojan los cigarrillos desde escasa altura en – claro está – una zona liberada. El paso siguiente es la recepción en camionetas, casi no hay tiempo de revisar la mercadería, “hay acuerdos que no convienen romperlos”, comenta un funcionario judicial en relación a los pactos entre los traficantes y los compradores. Desde ya, y disculpen la ingenuidad, todo este proceder es ilegal.
Antes de la hecatombe del corralito financiero, varios diputados nacionales se interesaron en las mafias que operaban en Santa Fe, incluso una denuncia anónima por lavado de dinero había llegado a la Comisión que presidió Elisa Carrió. La denuncia también incluía un minucioso mapa de pistas clandestinas y los nombres que participaban del negocio. Por su condición de anónima, primero fue examinada por un ex legislador cordobés y luego desestimada por la Comisión de Lavado de Dinero. Nunca se investigó judicialmente.
“El comandante de Gendarmería, Carlos Daniel Lescano, es uno de los encargados de ubicar esas pistas y se queja por las deficiencias en las comunicaciones. ‘Acá no llegan las señales y por eso tenemos que andar con este aparato a cuestas’, dice, mientras señala el incómodo y pesado equipo de radio que no nos permite mover los pies”. El párrafo corresponde a una investigación del diario La Voz del Interior de Córdoba. Lescano sentencia: Santiago del Estero, el norte de Córdoba, una franja del Chaco y parte de Santa Fe son las zonas ideales de aterrizaje.
SECRETOS DEVELADOS
El lunes 9 de junio del 2.003, El operador presidencial del kirchnerismo, Juan Carlos Mazzón, despedía con un abrazo al entonces candidato a Gobernador por el PJ santafesino, Héctor Cavallero. Al Tigre lo esperaba una radio local y se despachó con un frase que luego prefirió silenciar: “¿Qué hace la Dirección de Aviación Civil de la provincia si Santa Fe está plagada de pistas de aterrizaje clandestinas donde operan con cigarrillos, trafican armas y drogas”, dijo el ex intendente de Santa Fe. El dardo apuntaba a Reutemann y su gestión en materia de seguridad.
A pesar de la denuncia, nadie de atrevió a recoger el guante y la declaración de Cavallero solo sirvió para ocupar espacios periodísticos, luego asociada a una bravuconada.
Fariz fue (y es) el Juez Federal de una zona de la provincia donde de hace tiempo se habla de la operación de mafias y contrabando. Donde hubo asesinatos impunes y “suicidios” de funcionarios policiales.
Nadie en Reconquista espera que algo cambie “es una pelea de malos contra malos”, ensaya como respuesta un dirigente justicialista enfrentado a Massat. Y agrega: “hace tiempo que Fariz quería dejar el juzgado y pensaba promocionar para ese lugar a Ricardo Degumois”, el conjuez que un día le tomó declaración indagatoria a una mula del narcotráfico y al otro día se transformó en su abogado defensor.
De algo se está seguro, el magistrado transita sus últimos días al frente del Juzgado. Aunque nadie crea que el recambio será capaz de desbaratar la trama de negocios y muerte que hicieron del norte santafesino un lugar inhabitable.
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