LA CASA BLANCA LE PIDE MÁS AYUDA A LA OTAN
Estados Unidos le pidió hoy más ayuda a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para poder transportar la asistencia europea para las víctimas del huracán Katrina. Mientras tanto, en Nueva Orleans, pequeños grupos de agentes policiales van de casa en casa tratando de persuadir a miles de inundados que se niegan a abandonar la ciudad, antes de pasar al desalojo forzoso ordenado por el alcalde Ray Nagin.
La embajadora estadounidense ante la alianza atlántica, Victoria Nuland, formuló el pedido en una reunión especial del Consejo Atlántico. A través de su representante en la OTAN, Washington solicitó al organismo que analice “de qué manera puede jugar un rol más importante, en particular en los sectores del transporte y de la logística de las ayudas”, dijeron fuentes de la organización.
Según fuentes diplomáticas, se espera que mañana mismo haya una decisión al respecto, aunque ya se ordenó a los expertos militares que elaboren planes para ampliar sus funciones hasta incluir posiblemente el uso de naves de la Fuerza de Respuesta de la OTAN, que por primera vez participaría en una misión humanitaria.
Esa fuerza fue creada el año pasado como parte de los planes para modernizar la alianza en respuesta al terrorismo y la inestabilidad regional. Tiene 20.000 efectivos de tierra, mar y aire bajo un mando único y está diseñada para responder rápidamente a las crisis.
Estados Unidos ya había solicitado apoyo de la organización atlántica el fin de semana y el secretario general de la organización, Jaap de Hoop Scheffer, dejó claro que el organismo hará todo lo posible para atender cualquier pedido. Hoy la respuesta a la nueva solicitud fue muy positiva, informó un portavoz de la delegación estadounidense.
Las naciones europeas ofrecieron a Estados Unidos dinero, helicópteros, barcos, comida, equipos e insumos médicos, purificadores de agua, agua embotellada, generadores, equipos de bombeo y expertos en rescates, entre otras cosas.
El huracán golpeó duramente la costa sur de Estados Unidos en el Golfo de México, causando un impacto económico de decenas de miles de millones de dólares y dejando -según temen las autoridades- hasta miles de muertos.
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