LA CASA GRIS SUFRE LA FALTA DE MANTENIMIENTO
En poco tiempo, edificios emblemáticos de la ciudad comenzaron a mostrar signos de evidente y serio deterioro. El Teatro Municipal, la Basílica de Guadalupe, la Casa de Gobierno…
“Están todos en el límite de los cien años y colapsan por distintos motivos”, explicó el Arq. Carlos Reinante. Pero, ¿es sólo el tiempo que pasa y desgasta? Es eso y algo más.
“Hay una patología arquitectónica producto de un mal argentino que es la falta de mantenimiento; es una cuestión de disciplina”, advirtió el subsecretario de Patrimonio Cultural de Santa Fe en diálogo con El Litoral.
La caída reciente de la mampostería del balcón en la esquina de 3 de Febrero y San Martín, de la Casa Gris, es una prueba más de ello.
“Ese balcón tiene un alma de hierro que con el tiempo fisura, hace descascarar el material de frente; se filtra agua, el hierro se oxida y hace explotar la mampostería. Esto sucede en una construcción del siglo XX, pero hecha con métodos del anterior. Y ocurre por este mal argentino de no tener políticas de Estado para la conservación del patrimonio”, aseveró Reinante.
Lo del balcón es sólo un daño más. A él deben sumarse el deterioro en la fachada, en el techo, grietas cada vez más profundas en las paredes; problemas hasta en las fuentes. Lo más grave, sin embargo, es el origen de todos estos síntomas: los cimientos que ceden, un edificio que se desestabiliza.
De raíz
“El problema mayor de la Casa de Gobierno es de fundación del edificio”, confirmó a El Litoral la subsecretaria de Cultura de la provincia, Ana María Cecchini de Dallo. “Y el ejemplo más claro para entender lo que hay que hacer es pensar en cómo se construye una casa: hay que empezar por asegurar los cimientos. Las demás obras servirán en tanto contribuyan a brindar mayor seguridad a sus empleados, pero aquí el suelo ha cedido; no está en buenas condiciones”, alertó. Con más sentido literal que metafórico, la funcionaria instó a “tomar el problema de raíz. Hay que empezar como cuando la hicieron en los inicios del siglo pasado, por la base. Y, a partir de allí, establecer un plan general de obras para reparar el resto, junto a un reglamento de uso que frene la sobreutilización del edificio”. Ésa es la “agresión” interna -admitida por el subsecretario de Obras Públicas, Edgardo Fiol-, que implica la excesiva subdivisión de oficinas y construcción de entrepisos.
“Necesitamos un estudio completo, global y lo suficientemente detallado que nos permita resolver la totalidad de los problemas y usarlo bien”, sugirió.
Reinante advirtió, a su vez, sobre los riesgos que implica llegar a instancias extremas de dejadez, porque las salidas también lo son.
“Cuando se habla de restauración -explicó-, se habla de un concepto que téoricamente implica una intervención indeseada en el edificio. El Teatro, por ejemplo, debe ser ahora restaurado, pero porque se lo dejó caer”.
Evitar ese paso implica otros: conservar y mantener. “Y para ello deben existir políticas -insistió-. Aquí no sólo que no las hubo en ninguno de los ámbitos, sino que, además, las intervenciones que se hicieron, en algunos casos terminaron depredando más el edificio. Nunca hay partidas, hasta que los edificios colapsan y se rajan. Tampoco hay una repartición ni medios que garanticen la generación de recursos humanos para una política sustentable en el tema. En ese contexto, tenemos que hablar de la Casa de Gobierno como algo que no se ha mantenido…”, subrayó.
Una anomia
Si la construcción de edificios emblemáticos genera admiración hacia sus impulsores, ¿qué provocan los que durante décadas se dejan caer?
“Es una anomia -opinó Reinante-. Entender como lujo el hecho de conservar cosas que aparentemente no están tan dañadas es una condición de sociedades muy precarias. Hay un prejuicio de estos Estados, que están permanentemente tapando agujeros y que piensan en lo que va a decir la gente si se invierte en un edificio como éste, donde está la burocracia… Lo que la gente debiera entender es que esa Casa de Gobierno es patrimonio nuestro y que allí están nuestros empleados, para que nos gobiernen correctamente, aunque a veces esos empleados no lo entiendan así…”.
Ninguno de los dos entrevistados desconoció el orden de prioridades que debe tener un gobierno -necesidades (incluso edilicias) en materia de salud, educación y seguridad-, pero ambos instaron a reparar en el valor patrimonial de la sede de gobierno como símbolo de la capitalidad.
“El pensamiento de destrucción del Estado como tal es insostenible -dijo Cecchini-. Y los ámbitos de ese Estado deben ser para que la ciudadanía se sienta orgullosa. El ejemplo es España, que tanto en épocas florecientes como de crisis ha gastado mucho dinero para preservar sus edificios. Santa Fe tiene que superar ese estigma, esa identidad mal formada. Al sentido de sede gubernamental lo tenemos que ejercer con orgullo; somos la sede histórica del gobierno. El Estado es un modelo en el que se va a mirar el resto de la gente.” Con esa misma lógica, consideró comprensible que Rosario, por ejemplo, pretenda tener en condiciones su sede gubernamental.
“Si nos ponemos el overol y emprendemos estas políticas, en parte estaremos simbolizando que la sociedad toda también está empezando a marchar”, concluyó
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La clave
Desde la Dirección Provincial de Defensa Civil, se están dando los primeros pasos de lo que se anunció -después del efecto Cromagnon- como un Plan de Seguridad para la Casa de Gobierno. Según comentó su titular, Eduardo Wagner, ya está lista la nueva señalética para el edificio, mientras se preparan reuniones con “líderes” de cada piso, quienes deberán ser capacitados luego acerca de los modos de evacuación. Para Ana María Cecchini de Dallo, este plan debería ser parte del reclamado “reglamento de uso” del edificio.
Los casos
Reinante opinó sobre la intención manifestada por el Ing. Jorge Obeid de evaluar si puede aplicarse en la Casa de Gobierno el mismo método de reparación que se emplea en la Basílica, y que evita grandes rompimientos.
“Valoro la intención del gobernador de emprender un salvataje del edificio, pero yo no estaría tan seguro (de que se pueda aplicar) -advirtió-. No quiero poner en duda su voluntad, pero en patrimonio hay una ley de oro que es el caso por caso. Lo que sirve en la Basílica podría no servir para la Casa de Gobierno. No corresponde trasladar experiencias”, sugirió.
Un grifo que perdió durante 23 años
El edificio de la Casa de Gobierno, que reemplaza al histórico y demolido cabildo, se inauguró en 1912. La obra había estado a cargo del Arq. Francisco Ferraro, quien también condujo las del Teatro Municipal.
En el subsuelo existe un sistema muy antiguo de cimientos, formados por bóvedas y cúpulas de ladrillos, que también colapsó y requirió de una consolidación en los años ’80.
Las grietas que hoy se observan en diferentes sectores son una de las consecuencias del hundimiento de la fundación.
“Esto es muy común en Santa Fe. Pero en el caso particular de las grietas y los hundimientos del sector de San Jerónimo, se encontró un grifo de agua pura que hacía 23 años que perdía. Nadie sabía de su existencia, hasta que encontraron un socavón, pero el piso ya estaba hundido”, recordó Reinante.
En la esquina de San Martín y 3 de Febrero, el problema parece ser otro.
“Allí también están con inconvenientes los jesuitas, que descubrieron rajaduras amplias. Es porque estos terrenos han sido rellenados y obedecen al suelo típico del área fundacional: arenas, muchas veces expansivas y con distintos movimientos. Los hundimientos están a la vista porque son edificios pesados, típicos de las estructuras del siglo XIX, con mucho hierro y capacidad de carga. También se hunden porque colapsan los desagües”, señaló.
Para Reinante, en la medida en que lo prometido en materia de obras de recuperación se cumpla, el edificio no colapsará. Pero reclamó que, de no haber dineros suficientes para restauraciones integrales, al menos se tomen medidas para consolidar lo que existe, antes de que se caiga.
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