LA CASA ROSADA LIMITA AL MINISTRO DE ECONOMÍA
Después del silencio inicial de la Casa Rosada, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, contestó las declaraciones hechas el lunes por Roberto Lavagna, que condenó el populismo setentista y advirtió sobre los peligros de la expansión del gasto público. Aunque Fernández evitó criticar explícitamente a su colega, dejó dos frases que dan a sus dichos un claro tono de respuesta. “El Presidente no es alguien que esté estancado en una década determinada”, fue una de ellas. La otra: “El único que toma decisiones en este gobierno es el Presidente de la Nación”.
El que prefirió el silencio fue el ministro de Economía. De todos modos, el secretario Guillermo Nielsen avanzó en la misma línea y dijo que la situación no da para “tirar manteca al techo”.
En Gobierno, señalan que Lavagna tiene varios “frentes abiertos”. Y remiten en primer lugar a la indisimulada competencia con el ministro de Planificación, Julio De Vido, a quien debió ceder parte del poder que tenía en épocas de Eduardo Duhalde.
Lavagna también tiene diferencias con Alberto Fernández, sobre todo cuando éste ejerce ante él su rol de jefe de Gabinete. El ministro de Economía prefiere el diálogo directo con Kirchner.
El Presidente habitualmente elogia a Lavagna atribuyéndole dos virtudes: “Tiene capacidad técnica y a la vez entiende de política”. Pero no deja de revisarle hasta el último número, para fastidio del ministro.
Aunque pueda discutirse si con sus declaraciones Lavagna quiso apuntar directamente a Kirchner o sólo a su entorno, no pareció inocente su referencia al setentismo. Más alejadas del Presidente aparecen las críticas a los riegos de un aumento desmesurado del gasto público, cuando es sabido que para Kirchner el equilibrio fiscal es casi una religión.
Lavagna suele quejarse en privado de que los logros económicos se los adjudica el Presidente y los tropiezos se los cargan a su cuenta. En la Casa Rosada no niegan esto. Es más, lo justifican con el “abc” de la conducción: “Si hay costos, los deben pagar los ministros, nunca el Presidente”.
También el ministro del Interior desligó a Kirchner de tener políticas setentistas o noventistas y aseguró que el Presidente no se enojó con esas declaraciones de Lavagna por entender que no eran una alusión hacia él. “El Presidente tiene una visión muy dinámica de la economía y de las políticas que se deben aplicar en un país en el que está todo por hacer, después de la fenomenal crisis del 2001, con lo cual ninguna de esas opciones (setentista o noventista) pueden ser motivadoras de un enojo del Presidente”, dijo. En cambio, algunas fuentes del Gobierno no afirmaban pero sí suponían que el Presidente se había enojado.
Fuera del ámbito oficial, uno de los que siempre sale a defender a Kirchner —para bien o para mal del Presidente— es el piquetero Luis D’Elía. Y le pegó duró a Lavagna. “Es sorprendente que por estos días vuelvan a instalar la palabra populismo dos personajes connotados de la nueva derecha en América: Condoleezza Rice y Roberto Lavagna”, se despachó D’Elía en un —al menos exagerado— parangón entre las recientes críticas al ex presidente Juan Domingo Perón que hizo la secretaria de Estado de George Bush y las últimas declaraciones de Lavagna.
Este cruce de palabras seguramente estará presente en la mente de todos los que hoy asistan a un acto en la Casa de Gobierno en el que se anunciarán medidas fiscales para incentivar la inversión privada en proyectos de exploración y producción de gas. Allí Kirchner y Lavagna —además de De Vido— volverán a mostrarse a juntos.
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