LA CEREMONIA DE APERTURA FUE UNA EXPLOSION DE UN FESTEJO CONTENIDO
Los relojes marcaron las 7 de la tarde y todo Santo Domingo explotó en un festejo guardado, contenido. No importaron ahí las penurias, las broncas, las exclusiones sociales y económicas. A esa hora se desató el “carnaval dominicano” que marcó el arranque formal de la ceremonia de apertura de los XIV Juegos Panamericanos, los primeros del nuevo milenio, los que estuvieron en duda hasta hace no mucho tiempo, los que —aseguran— le costará mucho dinero al sufrido pueblo de ese país.
Pero en ese momento el merengue se escuchó como nunca y miles de dominicanos armaron la fiesta de “sus Juegos”, adentro y afuera del estadio Juan Pablo Duarte, el mismo que fue construido en 1975 para los Juegos Centroamericanos y del Caribe y que hoy ha sido refaccionado para recibir al deporte del continente.
Con las presencias del presidente Hipólito Mejía, del titular del Comité Olímpico Internacional (COI), el belga Jacques Rogge, y de dos enemigos íntimos, como el mexicano Mario Vázquez Raña y José Puello, titulares de la Organización Deportiva Panamericana (ODEPA) y del Comité Organizador, respectivamente, en los asientos más destacados del palco oficial, la ceremonia continuó con el izamiento de la bandera dominicana. Enseguida llegaron más aplausos con el ingreso de los atletas. encabezados por José Meolans, el abanderado argentino. A él lo siguieron unos 300 compatriotas dispuestos de “menor a mayor”, ya que las gimnastas encabezaron el grupo y los basquetbolistas lo cerraron.
Hubo aplausos para todas las delegaciones, reconocimientos para ciertos abanderados notables como el brasileño Mauricio —multicampeón de voleibol—, la lanzadora cubana Osleidys Menéndez —campeona del mundo, recordwoman mundial y bronce olímpico en jabalina— o la también atleta mexicana Ana Guevara —campeona mundial de 400 metros—, algunos chiflidos para los atletas de Haití y Puerto Rico, adversarios desde lo histórico y lo deportivo, y la gran ovación para la entrada del vallista Félix Sánchez, campeón del mundo de 400 metros, quien estuvo al frente de los deportistas dominicanos.
El momento más emotivo de la noche llegaría poco después: fue antes que esos atletas dominicanos subieran a las tribunas de los deportistas. Sánchez, todo un símbolo del deporte de este país pese a haber nacido en Nueva York, fue al trote hasta el círculo central del campo de juego, donde plantó la bandera dominicana y desató la gran ovación de la noche, el momento culminante de la fiesta. Luego se izaron las banderas del COI, de la ODEPA y de Santo Domingo, se dieron los discursos de protocolo, los beisbolistas Pedro Martínez y Juan Marichal (figuras de las Grandes Ligas) encendieron el pebetero y se hicieron los juramentos de atletas y jueces. Eran las 22 cuando se terminó la fiesta y se apagaron las luces. Sólo el fuego panamericano iluminó el estadio. El fuego que representa el espíritu de estos Juegos. Nada menos.
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