LA CHICA VIOLADA RECIBIÓ EN UN DÍA 248 MAILS DE SOLIDARIDAD
Después de tanta oscuridad, el de ayer fue un día que la estudiante de 20 años atacada por el violador serial describió como “luminoso”.
Luego de que Clarín publicara un mensaje de mail de la estudiante en el que relataba la pesadilla de su violación y daba consejos de cómo defenderse ante una agresión, su casilla de mensajes de correo electrónico quedó saturada al recibir 248 mails.
La chica fue una más de las 32 víctimas del violador serial que lleva dos años atacando mujeres en la zona norte de la ciudad de Córdoba sin ser atrapado.
Ana, como decidió llamarse cuando habla con los periodistas para resguardar su verdadero nombre, contó que los mensajes saturaron la casilla de [email protected], por lo que abrieron otra: [email protected]
“Es como si nos hubiera explotado una bomba, pero una de buenas noticias. Recibimos mails de todo el país y de países como República Dominicana o Israel. La intención es que la gente no se olvide. Las violaciones pasaron, pasan ahora y van a seguir pasando porque el tipo está suelto, la Policía no puede o no quiere atraparlo”, recalcó.
Alicia, una estudiante compañera de Ana que la ayudó con las respuestas, describió que “la mayoría de los mails son de adhesiones y para aportar consejos. También recibimos cartas de otras chicas violadas por el serial o víctimas de violaciones anteriores. Las estamos contestando”.
Entre los más extraños, la chica aseguró haber recibido “algunos que nos dejaron heladas: hubo gente que hasta llegó al extremo de ofrecernos datos de asesinos a sueldo para matar al violador”.
En su texto original, Ana sugería a las mujeres que “no anden solas, no se descuiden. Si alguien nos llama de atrás o nos pone una mano en el hombro o nos agarra, la única forma de zafar es gritando. Tirándose al piso. Abrazando a alguien que ande por ahí (…). Por si no te sale el grito, como a mí, llevá un silbato. No podrás gritar, pero sí soplar”.
Ese último punto es el que abordó Cristina S., una mujer de 54 años de Castelar, en el Gran Buenos Aires: “Me interesó la idea del silbato ante una situación de riesgo (…). Imprimí el artículo del diario para que mi hija, de 17 años, y sus amigas lo lean. Y se lo he pasado a otras jóvenes. Los silbatos que se venden en los cotillones son pequeños, baratos, suenan muy fuerte y son livianos. Se pueden llevar en las cadenitas del cuello”.
Los mensajes de otras víctimas de violación fueron para “compartir dolores y tratar de encontrar soluciones para vencer el terrible miedo, la angustia y la vergüenza”, detalló Alicia.
Once estudiantes, junto a Ana, contestaron ayer los mensajes con una computadora, tres celulares y dos teléfonos desde un departamento del centro cordobés, cafés y medialunas de por medio.
“Creemos que metiendo presión tal vez el gobernador (José Manuel) De la Sota se podrá las pilas y dará órdenes para que la Policía atrape de una vez a este tipo que, estamos convencidas por su modo de actuar, debe pertenecer a una fuerza de seguridad”.
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