La ciudad capicúa
Las paredes neuquinas hablan. Es la primera diferencia con otras capitales del interior del país. Al margen de las declaraciones de amor de desesperados graffiteros que no vacilan en pedir perdón con el aerosol a la prenda amada, el hábito de la consigna en la pared está en baja, si se coteja con lo sucedido en la segunda mitad de la década del 80. Pero no parece ser una constante en Neuquén.
La reforma constitucional lanzada por el gobierno de Sobisch es evidente que caló hondo. En los muros y en cada rincón donde pueda caber, hay pintadas, hay afiches, quejas, clamores, ante el nuevo arrebato del gobernador. Más que nada en el centro, pero también en la ruta de acceso desde el oeste, donde la nueva estación de colectivos da cuenta del crecimiento de una ciudad en expansión permanente.
Otra característica es la propaganda de espectáculos. Denotan una movida cultural propia que no vimos, por ejemplo, en Mendoza, aún cuando la tierra del sol y el buen vino puede albergar varias veces a Neuquén si se las compara en cuanto a la cantidad de habitantes. Y el movimiento nocturno –al que uno se desacostumbra obligadamente en la ruta- aquí crece, en los café, los boulevares, ahora también los caber.
No tiene mal aspecto esta ciudad, capital de una provincia ahogada económicamente en el petróleo privatizado. Por estos días festejará un nuevo aniversario y el gobierno anuncia festejos con pompas. Ya han instalado un escenario y también han empleado las paredes para anunciar obras aquí, celebraciones allá. La avenida Argentina ve pasar una movilización de judiciales.
León Gieco canta en un altoparlante que “así será de igual a igual” y una pancarta del Partido Comunista Revolucionario invita justamente a eso, a la revolución. Pero la mayoría de los transeúntes en la zona de bancos están más cerca de emular a los yuppies porteños que de acatar la propuesta guevarista. En la costanera, frente a Cipolletti, se ven algunas obras y al oeste se manda al refugio de los suburbios a los excluidos de siempre.
Es una impresión primera, no demasiado. Aunque es probable que termine siendo una impresión definitiva con el correr de los días. Veremos, escucharemos. En un cartel de publicidad Macri y Sobisch posan sonrientes y miran el cielo. La oposición les ha dibujado un globito de historieta con el signo pesos y se pregunta ¿en qué estarán pensando? Es así, aquí las paredes hablan.
Este contenido no está abierto a comentarios

