LA CIUDAD LE SACA VIRUTA AL PISO
Pedir presupuestos, buscar salón, elegir vestido, hacer la lista, contratar fotógrafo, armar los centros de mesa, inflar los globos… Sin dudas, organizar una fiesta es un trabajo arduo, pero ¿quién te quita lo bailado?
Esto es lo que priorizan los santafesinos desde hace un año atrás. Las complicaciones lógicas de un evento festivo no los amedrentan: hay reservas hasta fines de 2006.
Así que si Ud. estaba pensando tirar la casa por la ventana para su cumpleaños o la despedida de fin de año, es eso lo que tendrá que hacer: desvalijar su casa, porque de salones ni hablemos.
El encargado de un local para estos fines, en Catamarca y 25 de Mayo, reconoció que “la última fecha contratada es en diciembre de 2006”. Lo mismo pasa en los casas que disponen los clubes para distintos festejos. Desde servicios de catering y empresas de sonido, aseguran que la mayoría de la gente contrata con un año o más tiempo de anticipación.
Desde la empresa AB sonido, que tienen eventos programados hasta diciembre de 2006, señalaron que “el año pasado hubo una explosión y este año se incrementó”, lo que parece que continuará en el futuro. Es que “aparte de los cumpleaños de 15, los casamientos y las recepciones, la gente de 40 y 50 está festejando sus cumpleaños, al igual que las bodas de plata y de oro”.
Con tarjetas pagadas por el anfitrión o por los felices invitados que colaboran gustosos con la promesa de una noche de diversión, sorpresa o programada, íntima o multitudinaria, modesta o a todo trapo, las celebraciones se propagan como la peste. Claro que si fuera una epidemia, ¿a quién no le gustaría contagiarse?
Onda expansiva
En diversos ámbitos se escuchan frases como los jóvenes se están casando más que antes o hay buen clima de fiesta.
¿Qué pasa? ¿Hay más plata? ¿Se reforzó la confianza en la institución matrimonial? ¿Los cumpleaños son vividos como la última posibilidad de divertirse?
No hay que ganarse el quini, experimentar un aluvión de fe ni tener un certificado para festejar. Los motivos parecen ser otros.
En primer lugar, la salida de la crisis de 2001, que trajo respiro en lo económico, incentivó a muchos para hacer un convite. Y, para esto, cualquier excusa es buena.
Aunque haya sido una desgracia, el atentado contra las torres gemelas que generó inseguridad en los vuelos internacionales, colaboró con que a la hora de elegir las quinceañeras opten por la tradicional celebración en lugar de ir a Disney. Como se sabe, y lo remarcaron empresarios del rubro, en la ciudad una vez que una hace un agasajo las amigas siguen por el mismo camino y, así, todas felices festejan. Un dólar a tres pesos también ayudó a alejar el sueño de conocer a Mickey.
En Santa Fe, indicaron muchos de los consultados, si uno se da un chapuzón hacen fila para tirarse al río. Por lo tanto si el cincuentón del grupo se juega con el champange, seguramente los otros tendrán que invertir en la burbujeante bebida también. Cuando uno empezó con los festejos contagia al resto.
Desde los distintos rubros de organización de eventos, agregaron que a la hora de contratar el santafesino se maneja por referencia. Casi siempre van a buscar al que le puso la música a tal o cual, o al que cocinó en el casamiento de la sobrina o la amiga de la nena.
Calendario completo
Si bien los meses que propician los encuentros son los de primavera y verano, para el año que viene en la mayoría de los salones hay muchas fiestas previstas.
Tal es el caso Regatas y el country del Jockey, por ejemplo. En este último, en el 2006 solamente tienen libre enero, “febrero, marzo, abril y mayo está todo ocupado”. Incluso “para diciembre de 2006 ya hay reservas”.
En el club de remo pasa algo parecido: “Ya ha venido gente para el año que viene. Hay disponibilidad, pero hay muchas más fiestas que otros años”.
Desde el servicio de catering de Gabriela Gutiérrez indicaron que los festejantes reservan “con un año de anticipación”. Y desde agosto hasta abril “hay fiestas todos los fines de semana”.
Salones chicos
El problema que se plantea en la ciudad, a la hora de proyectar un festejo, es la cantidad de gente que se va a invitar.
Más allá de que más concurrentes incrementan notablemente el presupuesto, para los que no tienen ese problema se presenta otro: no hay salones con capacidad para más de 300 personas (cómodas) en la ciudad.
Incluso son muy pocos los lugares exclusivamente diseñados para esos fines, por eso se recurre a clubes que, muchas veces, presentan incomodidades para los que tienen que trabajar allí.
Las cocinas se improvisan en baños o al aire libre y, en general, según lo indicaron varias empresas a El Litoral, trabajan en malas condiciones.
Cambió la onda
Ser auténtico, esa es la moda. Con amigos y en familia son las fiestas.
Los que trabajan en el rubro hace tiempo observan que “hace 10 años se hacían con un fin social. Eran muy ostentosas, con mucha inversión y vidriera, pretendían más mostrar que festejar”.
Así, en su cumpleaños de 15 la agasajada se encontraba rodeada de personas mayores con los que no tenía la menor relación. El padre tenía que mostrarle la nena a sus socios y parientes, que no la veían desde el bautismo.
Ahora esto cambió: “La fiesta se hace para el círculo íntimo y eso hace que sea mucho más divertida y que valga la pena hacerla”.
Para que la inversión dé sus frutos, los experimentados aconsejan organizar todo en función de la personalidad: “No pretender algo más arriba ni más abajo”. O sea, si es una persona informal y dicharachera, no apelar a una decoración y comida muy “acartonada”, porque los primeros incómodos serán los anfitriones.
Lo bueno es que la industria está muy activa y progresando. Y, además, tanto el responsable de la música, como el decorador y el catering, se conocen y se esfuerzan por que la fiesta salga buena.
Como indicaron de AB sonido, “la idea no es que se luzca la encargada del servicio o el disc jockey: cambió el concepto. Se trabaja como un equipo para que la gente se divierta, que no resalte nadie: que la fiesta resalte”.
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