LA COMIDA ESTROPEADA POR EL APAGÓN GENERÓ FESTINES IMPROVISADOS
El gigantesco apagón que afectó por dos días a Nueva York obligó a ciudadanos y vendedores de alimentos a desechar toneladas de comida, pero algunos comercios le pusieron al mal tiempo buena cara e improvisaron un festín.
En el supermercado Food Emporium, las góndolas aparecen semi vacías: no hay yogur, queso, ensaladas preparadas, pastas frescas ni repostería.
Los congeladores están sellados con cinta adhesiva y un cartel advierte a los consumidores de helados y comida congelada: “No tocar. No están en buen estado”.
Sin embargo, en la góndola de productos frescos se lee: “Lleve con confianza. La leche y los huevos son de hoy”.
Teresa, una cafetería cercana a la sede de la ONU, reabrirá recién el lunes. El sospechoso olor que emana de su interior es señal de cómo afectó a los locales la prolongada falta de refrigeración para sus víveres.
Los empleados pasaron el fin de semana lImpiando luego de desechar todos los alimentos que había en el restaurante: carnes, quesos, pan, lácteos y legumbres. Lo único que se pudo rescatar fue manzanas, bananas, naranjas y bebidas frescas.
“No quisimos correr ningún riesgo”, explicó el dueño de la cafetería, quien avanzó una pérdida de al menos 5.000 Dólares para su comercio. Sin embargo, varios de los grandes restaurantes de la ciudad no fueron tan afectados por el apagón del jueves y viernes.
Bouley, uno de los mejores restaurantes de la ciudad, colocó en refrigeradores a los alimentos menos perecederos protegidos por hielo químico.
Cuando el jueves el apagón los forzó a cerrar, “como disponíamos de platos preparados, los ofrecimos a nuestros empleados y a los peatones”, explicó el director, Michael Lawrence.
El viernes por la noche, cuando el local ya había reabierto, el cangrejo no aparecía en el menú, pero sus habituales proveedores le habían podido entregar ostras y pescado.
Lo mismo sucedió en Jaffa’s, un bar-restaurante del barrio Tribeca.
“Mucha gente se vio atrapada en Manhattan. Vinieron aquí y bebieron toda la noche. Organizamos una barbacoa y ofrecimos pollo, salmón grillado y hamburguesas”, explicó el gerente, Alberto Duarte, encantado tanto por la recaudación como por el clima de la velada.
Chanterelle, en el barrio Tribeca, desechó sin piedad pescado, paté de hígado y frutos de mar, “pero envasamos la carne vacuna, la repostería y trufas de la casa, el pan y, por precaución, la harina y el azúcar, en bolsas para congelados y los colocamos en la cámara de frío, llena de hielo”, explicó su director, George Stinson, quien también reabrió el viernes por la noche.
Por su parte, el Departamento de Salud estadounidense se mantiene vigilante y despachó con urgencia a 50 inspectores a que recorran toda la ciudad.
En cuanto a los ciudadanos en general, la municipalidad les instó a tirar todo el contenido de sus refrigeradores sin vacilar. El consejo fue: “Ante la duda, desechen”
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