LA COMUNIDAD DEFINE SUS ROLES DENTRO DEL PLAN DE CONTINGENCIA
“Yo no sé”, “yo no fui”, “a mí nadie me avisó”. A algunos vecinos de Santa Rosa de Lima les resuenan frases similares y temen que el plan de contingencia tenga vacíos los casilleros donde deben estar los nombres de los responsables políticos de un plan de alerta y evacuación. Aun así participaron de las reuniones convocadas por la Municipalidad de Santa Fe y los responsables del plan y aceptaron la tarea de confeccionar un plano con las zonas de mayor riesgo.
“Que no se lucre con esto y terminen creando cargos políticos”, advertían en la sede de la vecinal, donde se llevó a cabo uno de los encuentros. Es que todavía está fresco en la memoria el desastre de 2003 y las consecuencias que quedaron para el barrio, que estuvo prácticamente sumergido bajo el Salado.
Allí estuvo José María Cattaneo, en representación del municipio y de Pedro Zuccarini, el experto de Cruz Roja Alemana que está asesorando sobre este programa. Cattaneo explicó los objetivos de esta etapa que involucra a la comunidad, uno de los pilares sobre los que se sustenta el plan, y consignó la importancia de identificar líderes para que actúen ante una eventual emergencia.
No se trata sólo de las inundaciones, sino de cualquier otro evento que pueda tener consecuencias para la población. Por eso en el plano que se distribuyó a los integrantes del CAF N° 21, de Canoa, del Centro de Salud y de la vecinal que participaron ese día de la reunión, se debían ubicar también industrias, plantas de energía y todo aquello que suponga un riesgo. Junto con esa información, habrá que demarcar las zonas más bajas, las calles que tienen problemas de desagües, los centros comunitarios y demás instituciones con que cuenta el barrio.
Con nombre y apellido
María Claudia Albornoz, colaboradora de la vecinal Chalet, planteó algunos reparos a los lineamientos de aplicación del plan de contingencia.
En primer lugar insistió en que es el Estado, más precisamente el intendente, el encargado de dar el alerta de evacuación en caso de inundación y de reproducirlo a través de los medios de comunicación. “Los vecinos tenemos que tener identificadas con nombre y apellido a esas autoridades, para que no vuelva a ocurrir lo mismo que en 2003, y por supuesto, saber qué hacer ante una emergencia, por dónde evacuamos y hacia dónde vamos, pero no podemos hacernos cargo de dar el alerta porque no manejamos información”.
Otro aspecto que genera preocupación es qué va a pasar una vez que Zuccarini deje la ciudad. “Las vecinales no podemos hacernos cargo de bajar el plan de contingencia al resto de los vecinos. Creo que la Municipalidad debería implementar talleres en escuelas, ONG’s y vecinales directamente con la comunidad”, sostuvo.
Atender todos los riesgos
En Las Flores, el miércoles ya habían pasado a la etapa de recorrida, en la que los vecinos e instituciones fueron señalando las principales deficiencias de manera de cotejar información y proyectos con el gobierno municipal.
Allí también se explicó que el plan no es sólo para inundaciones, y si bien en el 2003 hubo complicaciones en Las Flores como en toda la ciudad, hay otros problemas que también son urgentes: además del anegamiento por lluvias, por ejemplo en Estrada, entre 12 de Infantería y Risso, temen por el deterioro de los edificios. “Si se produce un incendio o un accidente también hay que saber qué hacer”, reflexionó Alicia Castillo, presidenta de la vecinal.
Los vecinos recuerdan que hace unos 20 días se incendió un departamento y, al no contar con escaleras de emergencia, “del piso 7° para arriba no se podía bajar”. Sin embargo, al día siguiente se hizo una reunión “y bajaron tres personas de los 44 propietarios que hay”.
Hay conceptos de la contingencia que ya tienen incorporados, sea por experiencia o por la información recibida hasta ahora: “En la inundación de 2003 no podíamos transitar por 12 de Infantería, ni por Peñaloza, y tuvimos que buscar caminos alternativos”.
Para Castillo es “importante que nos consulten porque los planes siempre bajan y hay que hacer lo que otros dicen. Ahora nos llaman para opinar, y es un espacio que no podemos perder”. En un barrio con 25.000 habitantes, “hay que ir sumando. Y el que no vino ahora, se sumará después”, confió.
Confección del mapa
Uno de los pasos para elaborar el plan de contingencia es la confección de un plano que contenga los recursos de cada comunidad. Los vecinos deben ubicar los centros de salud y educativos, las asociaciones culturales, comunitarias y deportivas, los terrenos ubicados en zonas altas, empresas, industrias y parques. De cada lugar se requiere colocar el nombre de los directores y teléfonos. Además deben marcar con distinto color las zonas que se afectan por efecto de las lluvias o por crecidas de río, y las posibles rutas de evacuación. Por último, se requiere apuntar la disponibilidad de vehículos particulares o privados (camiones, camionetas, combis) a utilizar en caso de evacuación y los teléfonos celulares de 10 vecinos.
Apatía y falta de credibilidad
Para elaborar los mapas de recursos en los barrios ubicados en zonas de riesgo y planificar estrategias que permitan actuar en situaciones de emergencia, el equipo encargado de elaborar el plan de contingencia para la ciudad recorrió distintas zonas e intercambió información con los vecinos, verdaderos conocedores del terreno.
Momentos antes de iniciar la charla con habitantes y representantes de entidades de los barrios Chalet, San Lorenzo y Arenales, Pedro Zuccarini, experto de la Cruz Roja Internacional que está liderando el diseño del plan, resumió algunos puntos comunes.
La participación de la comunidad “ha sido lenta y más bien apática”, calificó. Esta reacción “es entendible” porque después de la inundación de 2003 “quedaron muchos sentimientos descubiertos y hubo una gran pérdida de credibilidad hacia las instituciones y hacia el Estado”. A esto sumó otra percepción: “La gente está un poco desgastada por la cantidad de proyectos que se han llevado a cabo en los barrios y nunca se culminan”.
Con respecto al rol que juegan las entidades barriales, Zuccarini se mostró sorprendido ante el celo institucional que evidencian, lo cual impide sumar esfuerzos en pos de un fin común. “En la mayoría de los barrios hemos apreciado que cuesta mucho trabajar mancomunadamente, no entienden que mientras más esfuerzos se unan mucho más exitoso va a ser el plan de contingencia”.
A modo de ejemplo citó que “las asociaciones vecinales no comparten la información con las asociaciones civiles; creen que alguien les va a quitar el protagonismo. Esto hay que cambiarlo porque urge integrar esfuerzos”, instó.
Recorrida por el terreno
A las charlas, se suman las recorridas por el barrio que permiten identificar problemas que en la cotidianidad pasan desapercibidos. “Hay riesgos que están muy latentes y nadie se da cuenta”. Es el caso de los postes de luz que están en mal estado y pueden ocasionar accidentes graves en caso de vientos fuertes; o el de los desagües que en algunos sitios están muy descuidados y obstruidos con basura; o de bocas de tormenta que adolecen de su respectiva protección. “Esto es riesgo asociado, ya que en el momento de una inundación o de anegación por lluvia los vecinos corren riesgos”, aseguró el experto.
Este relevamiento permite luego hacer algunas recomendaciones a las distintas secretarías municipales que pueden intervenir en los problemas detectados, “para que ayuden a solucionar lo que es solucionable por parte de la Municipalidad, y lo que no, que por lo menos hagan énfasis en la comunidad para que se organice, por ejemplo en el caso de la basura”.
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