La comunidad, un paraíso perdido del siglo XXI
En "Comunidad", obra que se acaba de reeditar en la Argentina, el sociólogo polaco Zygmunt Bauman analiza las nuevas configuraciones que se plantean hoy en la relación entre el individuo y su comunidad de pertenencia.
La obra, reformulada por el autor desde su aparición original en 2003, y en este caso lanzada por Siglo XXI editores, plantea a la comunidad como símbolo de un paraíso perdido que promete seguridad pero priva a las personas de la libertad y el derecho a ejercer la “singularidad”.
Bauman -célebre por su concepto de "modernidad líquida" que desplegó en varias obras escritas a lo largo de la última década- indica que la seguridad y la libertad son dos valores igualmente codiciados que pueden equilibrarse hasta cierto punto, pero que difícilmente se reconciliarán de forma plena, a la vez que arriesga la improbabilidad de resolver la tensión entre la seguridad y la libertad, y entre la comunidad y la individualidad.
El autor de “Daños colaterales” define a la comunidad como una unión de individuos por lazos fuertes y personales, que, sin duda, aporta seguridad al sentirse como un sitio cálido, comprensible, disciplinado y sin necesidad de legislaciones abusivas.
“Para empezar, la comunidad es un lugar `cálido`, un lugar acogedor y confortable. Es un tejado bajo el que cobijarse cuando llueve mucho, como una fogata ante la que calentar nuestras manos en un día helado. Ahí afuera, en la calle, acecha todo tipo de peligros: tenemos que estar alerta cuando salimos, vigilar con quién hablamos y quién nos habla, estar en guardia en todo momento”, define.
“Aquí dentro, en comunidad, podemos relajarnos; nos sentimos seguros, no hay peligros emboscados en rincones oscuros (y qué duda cabe de que aquí dentro no hay ningún “rincón” que sea oscuro”, acota. Frente a eso está la sociedad “líquida”, es decir, el estado de cosas actual que se caracteriza por la absoluta individualización, la desvinculación y, parte fundamental de la teoría de Bauman, la fugacidad, que afecta a todo tipo de relaciones.
“Lo que pone en cuestión esta imagen sin mácula es otra diferencia, la que hay entre la comunidad de nuestros sueños y la comunidad realmente existente”, advierte.
Bauman (Poznan, 1925) es una de las figuras clave del pensamiento social actual. Profesor emérito de Sociología en la Universidad de Leeds, su obra fue estudiada sobre todo en círculos académicos hasta que en los 90 empezó a ser reconocida por un público más amplio a propósito de libros como “Amor líquido”, “Tiempos líquidos”, “Vida de consumo” y “El arte de la Vida. De la vida como obra de arte”.
Para el sociólogo, la fórmula a partir de la cual se construyen “las comunidades realmente existentes” sólo hace más paralizante y difícil de corregir la contradicción existente entre seguridad y libertad, dado que la una condiciona la existencia de la otra.
La improbabilidad de que nunca se resuelva la tensión entre la seguridad y la libertad, y entre la comunidad y la individualidad lleva al ensayista a evaluar esas oportunidades y peligros, para luego ofrecer la reformulación de un concepto que ha adquirido una importancia fundamental para los debates actuales sobre la naturaleza y el futuro de las sociedades.
Como en sus obras anteriores, Bauman detecta una disolución de los lazos que mantenían cohesionada la estructura social en la era del capitalismo industrial, al que no deja de ver como artífice de un deterioro masivo de los sistemas sociales.
El ensayista presenta un escenario en el que la sociedad y sus fundamentos están profundamente amenazados, el pacto social se ha erosionado, y el descreimiento de las personas los lleva a buscar anclajes, certezas estables o provisionales que restituyan su confianza.
Bauman le reconoce al comunitarismo la virtud de haber sido fuente de certeza y reflexión social constructiva durante mucho tiempo, exponiendo las bases esenciales del pacto social que aún nos mantiene unidos y que nos recuerda qué nos debemos unos a otros.
Sin embargo, alerta que en la sociedad del siglo XXI, cierta perspectiva comunitarista ha restringido tanto sus bases de consideración y análisis que es capaz de romper con la tradición anterior, profundamente humanista y reconciliadora, para conducir a otra nueva perspectiva esencialmente fragmentaria.
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