La Conjura de los “útiles”
Como maestros ciruelas repiten fórmulas: Todos parecen maestros de matemáticas de primero inferior y dan por sentadas sumas que no son corroborables, al menos hasta que el próximo domingo se abran las urnas. Interpretan con la simpleza de Caperucita Roja, a una sociedad que ha demostrado, por múltiples motivos, ser tan compleja como el genoma humano o la máquina del tiempo. El domingo los ciudadanos eligen, y unos y otros, los tratan como imbéciles, o inútiles. Por Coni Cherep
El Flaco Spinetta cerraba cada uno de sus últimos conciertos con una remera que rezaba “Fuimos todos, somos todos, podemos ser todos”. La frase, hacía referencia a la Tragedia de Margarita, ese “accidente” de tránsito en el norte santafesino, que se llevó la vida de un puñado de adolescentes que volvían de hacer una actividad solidaria en la selva chaqueña.
La frase no es antojadiza en este contexto. Nadie está libre de culpas, en una sociedad que ha sido, es y será anómica, frágil de respeto por las normas y casi nula en el respeto por lo que piensa o dice el otro.
Tanto el fastuoso y falso relato Kirchnerista; cómo el mágico discurso del “amontonamiento republicano” de Cambiemos, como esa extraña versión del peronismo tradicional y residual que es el Frente Renovador, hablan del voto útil.
Los primeros apuntalan la división entre los otros, bajo el apotegma: Divide y reinarás, mientras rezan que su candidato alcance el 40 % aun cuando a la mayoría de ellos le cause nauseas votarlo.
Los muchachos de Cambiemos, en estado “Lilismo” puro, acusan a diestra y siniestra a cualquiera que se atreva a decir que no, de cualquier cosa: desde “narcotraficante” a Margarita Stolbizer hasta “Kirchnerista residual” a la intachable Beatriz Sarlo. Cualquier cosa es válida a los efectos de descalificar al disidente, pero no dudan en hacerlo en el nombre de “las libertades individuales y la salud de la República”.
Los Massistas dicen, que son los únicos que pueden ganarle a Scioli en un Balotaje, cómo si eso garantizara algo en sí mismo.
Ojo. Hay algo muy claro y palpable: hay una parte importante de la sociedad que se cansó del “Cristinismo crudo”, de sus fábulas, de sus jóvenes enriquecidos, de sus vicepresidentes impunes, de sus cuentas en Seychelles, de sus profundas contradicciones entre el discurso y los negocios con las Mineras extranjeras, de la resistencia a los Fondos Buitres y el endeudamiento interno cada día más incalculable, de las doce cuotas para la clase media y la falta de estadísticas sobre la pobreza. De las cadenas nacionales cada dos días y el tono de rea de Barrio Norte que inventó la presidenta. De la reivindicación a la ley de medios, mientras la violan sistemáticamente. Del dólar al alcance del viajero y la inflación que detona en la mesa de los pobres. De las banderas hecha jirones de los DDHH, y los negocios que se hicieron en su nombre. De Hebe y Milani- acusado de haber participado en la desaparición de un colimba- abrazados en la tapa de una revista, de los artistas que cobran millones para hablar de los pobres pobres, y ser aplaudidos por una multitud de militantes rentados. De los fiscales suicidados por espías cuyos paraderos se reclaman en las Naciones Unidas, pero que salen por las Fronteras, mostrando el DNI. De la “Morsa” Fernández. De los triples crímenes. De la agresión, de la grieta, del blanco o negro, de la pelea en la mesa familiar, de los amigos que se dejaron de hablar en nombre de un Modelo que deja al país, socialmente devastado. Con el Narcotráfico instalado en el corazón de sus principales ciudades, con violencia callejera que se veía sólo en Colombia hace quince años, con una crisis de valores que perturba hasta el más lúcido, y hace crujir cualquier conciencia.
Eso está claro: una gran parte de la sociedad se hartó del Kirchnerismo, y es muy probable que el 60 % de los argentinos lo manifiesten en las urnas. Y nosotros, formamos parte de ellos, también.
Pero hay otro porcentaje muy importante, que no. O que se sienten identificados con el “Modelo”, o creen que hay bases que representan un punto de partida diferente, o que no quieren saltos al vacío.
Y mientras los acusamos a ellos de no defender a la república, ni representar a sus valores… Nos adueñamos ilegítimamente de la representación de las “mayorías”, y hablamos en su nombre, creyendo que “ellos” ya no tienen derechos. Que “nosotros” sufrimos demasiado, y que “ellos” deben ser echados a patadas por las hordas de republicanos que sí, vienen a defender a las instituciones.
Y somos muchos, o pocos, según se vea, los que creemos que “fuimos todos, somos todos, podemos ser todos”. Y que pensamos que hay que construir una opción honesta, democrática, desarrollista, liberal en lo cultural, que contemple la idea de la eliminación de la pobreza y las desigualdades como elemento básico de cualquier proceso de cambio. En fin… Somos muchos o pocos, según convenga ver, los que no nos resignamos a las visiones utilitaristas y a los maniqueos discursivos en los que se esconden, básicamente, las necesidades personales de muchos dirigentes que sueñan o con mantener sus privilegios o con acceder a ellos a partir de la utilización del estado como fuente de empleo y administración de sus recursos, sin ninguna clase de propuesta en la que podamos creer.
Y entonces, cuando decís: no, muchachos, no. Ustedes no me representan, no es lo que yo quiero para el país, no es lo que deseo para mis hijos, ni para los amigos de mis hijos. No es lo que pienso que se deba hacer, ellos ametrallan con el voto útil, y las urgencias del momento.
Y es mentira, son mentiras. Ni Macri, ni Massa, Ni Scioli representan lo que queremos que sea el país. Y no nos alcanza con ellos, ni con sus expresiones, ni los miedos que se tengan. Y tenemos derecho a pensarlo, a decirlo, y a no votarlos. Y no tenemos la culpa de la necedad de los radicales oportunistas que se alían al que conviene, antes de elegir al que lo identifica. Ni somos responsables de la manifiesta egolatría y la estupidez de la “nueva derecha” argentina que no supo aprender de sus antecesores, y eligieron ir separados, y mucho menos seremos cómplices de los que elijan continuar por el sendero del “capitalismo de amigos”, ni nos asociaremos a Cristobal Lopez o a Lázaro Baez. Ni compartiremos la riqueza ilegal de Máximo, Flor y la reina madre.
No. Nosotros no nos rendimos a esa lógica, porque no es esa la lógica que nos conduzca a nada diferente. Nosotros, somos un colectivo que sueña con un país, no con un triunfo electoral.
El Kirchnerismo se agota en si mismo, Cambiemos es una espuria reiteración del “Plan Alianza”, y Massa, es una recreación casi calcada del Kirchner que no alcanzamos a votar en el Balotaje contra Menem.
No nos alcanza, al menos a nosotros, no nos alcanza. Y tenemos derecho a elegir a nuestros diputados, a nuestros senadores, y a nuestros candidatos a presidentes. Aunque perdamos, aunque ganen los peores de todos los peores, aunque nos terminen encerrando en la obligación de tener que optar por alguno de ellos en una segunda vuelta ( si queremos hacerlo).
No. Este país es una acumulación de errores compartidos. Por acciones y omisiones de los mismos que se proponen como salvación.
No. Acabemos con los experimentos desideologizados, y carentes de identidad política.
No. Basta ya de reclamarle a la sociedad como si fuéramos una manada de idiotas, necios, inútiles.
No. Basta de manipularnos en el nombre de sus necesidades, ignorando las necesidades y la complejidad de las necesidades que dicen representar.
Los inútiles han sido ustedes. A este país nos condujeron. TODOS. Nos condujimos TODOS, y seremos, también, TODOS, los responsables del futuro. Que no termina en los próximos cuatro años, ni empieza el 26 de octubre.
En el nombre de la república, sean republicanos. En el nombre de la democracia, sean democráticos. En el nombre de las instituciones, respétenlas.
Y si ganan los malos (hay tres variantes), bánquensela. Eso es la democracia.
Entonces será hora, otra vez, tendremos otra vez, la oportunidad de empezar de nuevo..
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