La crisis baja turbia
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Opinión. En términos “litoraleños” la metáfora es aplicable a los tiempos de crecida. Cuando la cuenca del Paraná viene creciendo, “río arriba”, sabemos lo que ocurrirá en nuestra región un par de semanas después. El dólar, la inflación mayorista, la falta de referencia de precios, tardan en impactar en góndolas pero pasará.
La situación económica argentina fue mutando de adjetivación en los últimos meses, de “compleja”, pasó a “preocupante”, luego “grave” y lamentablemente, termió siendo “caótica”. Algo expresado ya en la macroeconomía y en la superestructura pero que no pegó en la economía doméstica en la medida que, fatalmente, ocurrirá. Lo que en crisis anteriores se medía en semestres, pasó a ser analizado mes a mes, luego de manera semanal y en esta primer semana de setiembre es como el rating televisivo: minuto a minuto.
No había terminado de hablar el Presidente Macri y, sin que comience Dujovne a describir un paquete de medidas extraordinario, el dólar comenzaba a subir con respecto al peso. Sin operaciones financieras en EE.UU. por feriado bancario, el movimiento se explica desde la situación -ya de “caos”- de la Argentina. Resulta notable que aquí no operan factores externos, pasado-herencia y siquiera la palabra del presidente es responsable del aparente desmadre financiero.

Esta vez se percibe claramente, que diga lo que diga Macri o su ministro, no interfiere en la decisión de ciertos grupos económicos de abandonar el peso, desanclar su futuro a la economía del país y amarrar hacia el norte refugiándose en el dólar. Hace algunos meses que el gobierno nacional no tiene el control de la economía.
Nada iba a ocurrir en el anuncio de primera hora en el inicio de la semana que pueda frenar lo que indefectiblemente ocurrirá, aunque desconocemos el tenor y la intensidad.
El contexto internacional podría ponerse en un paralelo con la información de períodos de lluvias en Brasil. Puede haber factores intermedios que morigeren el impacto, incluso la mano del humano que gradúe la distribución de ese excedente hídrico, lo que puede dar cierta esperanza. Pero el ejemplo de la simultaneidad del dólar, creciendo en paralelo al discurso presidencial, nos lleva a un análisis para nada bueno de la situación. Esta es una inundación localizada y por lluvias. Esta es una crisis con epicentro en nuestro propio país, no se originó en un “pasado” por lo que no se solucionará sola en un “futuro”.
Esta es una crisis con epicentro en nuestro propio país, no se originó en un “pasado” por lo que no se solucionará sola en un “futuro”.
La hermenéutica de los anuncios del gobierno, fuera de la retórica que juega de lastre para la confianza de quienes escuchan las medidas, son contranatura a Cambiemos. Son intervencionistas. Son más parecidas a lo que pudo haber anunciado Kicillof que a lo que se podía esperar de Dujovne.
Retenciones a las exportaciones en una extraña forma de “peso por dólar”, lo que parece es un incentivo a provocar mayor devaluación de los sectores exportadores. El monto fijo de 4 $ por dólar indica que si el dólar es alto al momento de la liquidación de divisas, la retención será, en dólares, proporcionalmente menor. Pero más allá de esta particularidad, lo de Macri interviniendo con el Estado es tan absurdo como Messi jugando de arquero. Esa intervención no tiene como fin, en este caso, la redistribución de la riqueza para financiar alguna movilidad social ascendente y fortalecer el mercado interno, muy a la inversa. Se trata de la redistribución de la carencia, decretar la caída de la clase media, secar el mercado interno congelando la economía y responder al mercado externo.
El contexto internacional no es de “apoyo” de los países centrales a los periféricos. Es lo contrario. Las economías fuertes nacionales, se apoyan en las emergentes para salir de sus propias crisis. Se nutren de materia prima barata haciendo que su plata valga más y vendiendo más caro lo que producen.
Este intervencionismo tan parecido al de Trump pero con distinta meta, es asumir la derrota y desde la lona mirar al juez para que apure el conteo. Quizás es la primera vez, en muchos años, que una editorial no debe cerrarse con la idea de “habrá que ver” o “esperemos que…”. El porrazo está garantizado, lo único que resta por saber es la violencia del golpe y el tiempo en el que estaremos “mordiendo el polvo”.
Las “no declaraciones” del presidente y las “no medidas” de su ministro anuncian que sí, el choque será fuerte, y no llevamos ni cinturón, ni seguridad y la economía venía sin airbag. Así comienza la semana de un mes frío que prolongará la primavera. La naturaleza siempre ofrece metáforas crueles para cada situación.
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