LA CRISIS ENERGÉTICA RENUEVA EL DEBATE ACERCA DEL BIOCOMBUSTIBLE
La posibilidad de que se sancione este año la ley de biocombustibles, que ya tiene media sanción del Senado, podría convertir a la Región Centro en un actor decisivo para la matriz energética nacional, una cuestión reservada hasta aquí para las provincias con reservas de gas y petróleo.
Los biocombustibles pueden obtenerse a base de aceites vegetales (soja, palma, colza) grasas animales, molienda de granos (maíz), o procesamiento de otros cultivos (caña de azúcar). El producto que se obtiene es biodegradable y permite disminuir las emisiones de gases contaminantes.
A partir de una gran variedad de cultivos se puede obtener etanol. Brasil (en base a caña) y Estados Unidos (maíz) son los principales productores del mundo. Según la Asociación Argentina de Consorcios de Experimentación Agropecuaria, en 2004 se produjeron en el país unos 159 millones de litros de etanol, lo que ubica al país como un jugador marginal del mercado.
El proyecto de ley tiene media sanción del Senado y espera aprobación en Diputados. Tiene un costo fiscal de unos 750 millones de pesos al año y propone mezclar con 5 de etanol en una primera etapa a las naftas y el gasoil.
La iniciativa, que surgió del despacho del senador radical rionegrino Luis Falcó, está varada en la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara Baja por las objeciones de la Afip debido a su impacto fiscal. La iniciativa propone estabilidad fiscal por 15 años (excepto IVA, seguridad social y tributos aduaneros).
El informe sobre la economía argentina de 2005, que elaboró el economista Raúl Hermida para las Bolsas de Comercio de Santa Fe, Rosario y Córdoba y el Consejo Empresario de Entre Ríos, señala que en 2004 hubieran sido necesarios 188 millones de litros de etanol (por ejemplo a partir de 458.567 tn de maíz 65.509 hectáreas) para realizar el corte apuntado. Una cifra menor si se tiene en cuenta que el área sembrada con maíz fue de 3 millones de hectáreas, con 15 millones de toneladas cosechadas en la campaña 2003/2004.
De la crisis a la ley
El encarecimiento del gas boliviano anunciado por Evo Morales y la falta de nuevos yacimientos -objetivo que perseguía la creación de Enarsa- suman razones económicas a los motivos ecológicos que justificarían el desarrollo del biodiésel.
Según el referido informe, a nivel nacional, la matriz energética difiere de la presentada a nivel mundial. La dependencia de nuestro país del petróleo y más aún del gas natural es mucho mayor que la verificada por el concierto mundial. Desde la pesificación de tarifas de gas natural y electricidad, las petroleras justificaron la falta de inversiones en la búsqueda de nuevos yacimientos de combustibles fósiles. La crisis de las exportaciones de gas a Chile y el cuello de botella para el desarrollo productivo del país son síntomas claros del problema que enfrenta la Argentina.
“El panorama internacional no es menos complejo: el creciente precio internacional del petróleo debido a la sostenida demanda por el incremento del producto mundial (particularmente en China) y la incertidumbre de los conflictos en Medio Oriente” suman sus argumentos.
En este contexto, en la Argentina, los datos de 2004 sitúan la producción de petróleo en el orden de los 40 millones de metros cúbicos, con una caída del 18% desde 2004. Y con las reservas el horizonte de autoabastecimiento rondaría los 10 años.
Para el gas natural representa el 50% de la energía utilizada en el país; la situación es probablemente más preocupante que en el caso del petróleo. En el período 1990/2003 la producción aumentó de manera constante, acumulando un crecimiento del 120% y alcanzando los 50 mil millones de metros cúbicos en 2003.
“No obstante, la realidad en términos de reservas fue distinta: aumentaron desde los 703.483 millones de metros cúbicos en 1990 hasta los 913.370 millones de metros cúbicos en 2000, para luego caer a valores levemente superiores a los presentados en 1990. El aumento de la producción ante reservas decrecientes determina que el horizonte de reservas probadas para la Argentina haya disminuido desde 30 a 15 años”.
Para crecer al 3%
del PBI se estima una inversión total del sector energético de U$S 32.032 millones, y para crecer al 5% anual serían necesarios U$S 52.932 millones. “Lo cuantioso de estas inversiones habla claramente de la necesidad de desarrollar nuevas energías que permitan superar las dependencias de las costosas y no renovables fuentes de energía” fósiles, sostiene el economista Raúl Hermida en su informe para las Bolsas de Comercio de la región.
De los negocios al medio ambiente
El dióxido de carbono emitido por el uso de combustibles fósiles es uno de los principales causantes del efecto invernadero, responsable del calentamiento global. Ese dato y la condición no renovable de los recursos fósiles potencian el futuro del biocombustible.
El petróleo es el 38 % de la matriz energética en el mundo, y el cociente de reservas/producción oscila apenas por encima de los 40 años. Y el gas sustenta el 23 % de los consumos energéticos mundiales, con unos 67 años de reservas por delante.
América del Norte, Oceanía y Europa son los principales contaminantes. En el 2000, el promedio mundial de emisiones de dióxido de carbono se encontraba en 3,14 toneladas métricas per cápita; en América del Sur era de 2,3; la Argentina presentaba un valor de 3,5, el Brasil 1,901 y Chile 3,6.
“Las emisiones en la Argentina se incrementaron de forma sostenida en el período 1952-1972. Posteriormente se mantuvieron y volvieron a incrementarse hacia fines de la década de 1990”, señala el referido balance de la economía nacional de las entidades empresarias de la Región Centro.
Allí se recuerda que la ejecución del protocolo de Kyoto compromete la disminución de las emisiones de gases contaminantes (5 % por debajo de los valores de 1990) mediante la reducción de las emisiones propias o por la compra de créditos de carbono en otros países. Los bonos se obtienen con la certificación de Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL).
La necesidad de sostener el crecimiento de la economía con la expansión de la matriz energética y, al mismo tiempo de reducir la contaminación con gases de efecto invernadero fundamentan la necesidad de combustibles alternativos y sustentables.
De acuerdo con el Censo Nacional Agropecuario de 2002, Córdoba lidera las provincias que usan la técnica de la siembra directa con 32 % de las casi 16 millones de hectáreas trabajadas en esa modalidad, que “captura” carbono orgánico en el suelo. Buenos Aires y Santa Fe tienen 23 % cada una.
“Se podría pensar en un futuro no lejano en el cual firmas pagasen a productores para secuestrar carbono en el suelo; es decir, una suerte de financiación a los productores que implementen la técnica de siembra directa”, dice el economista Raúl Hermida en el informe, que releva así el potencial de la región no sólo a la hora de generar un combustible no contaminante sino a la hora de hacer más negocios con una modalidad productiva que ya ha demostrado su capacidad para generar riquezas, pero que también ahorra contaminación.
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