LA CRISIS QUEDÓ ATRÁS, PERO SIGUE SIN RESOLVERSE LA SITUACIÓN SOCIAL
A pesar de que Argentina logró recuperarse en gran medida de la desesperante crisis de 2001-2002, la desocupación y el subempleo se mantienen elevados.
El INDEC relevó que el desempleo está en el 14,4 por ciento, porcentaje que se eleva al 19,5 por ciento si se consideran como desocupados a los beneficiarios de los Planes Jefes y Jefas. Sumado al subempleo, en la Argentina casi 5 millones de personas tienen serios problemas de empleo. Sabiendo que en el país hay 10 millones de familias, cerca de la mitad de ellas tiene carencias laborales.
Este desempleo determina, además, que los salarios no hayan podido recuperarse y sigan por debajo, en términos reales, del nivel de 2001 previo a la devaluación.
El problema social de estas horas es contundente y amerita algunas preguntas. ¿La Argentina inició un nuevo ciclo productivo con salarios más bajos y desempleo más alto? ¿La crisis, en el territorio social, vino para quedarse en el largo plazo?
Los datos oficiales estarían marcando que comenzó a desacelerarse el empleo. Y que luego de la recuperación inicial, para algunos milagrosa en el 2003, crear ahora un nuevo empleo resulta muy difícil.
También el salario de los nuevos empleados es más bajo que el de los que ya están trabajando, con los que se reproduce el círculo de la pobreza y, en muchos casos, hasta de la indigencia, un nuevo castigo en la Argentina, que requerirá transformaciones estructurales si se intentara su eliminación.
Además, la calidad del nuevo empleo es mínima ya que se localiza en empleos informales, a tal punto que el 47 por ciento de los asalariados está trabajando en negro, en total desamparo.
En consecuencia, las nuevas camadas que se incorporan al mercado laboral tendrían más dificultades para asegurarse su lugar y el nivel del desempleo seguiría en los dos dígitos, al menos, durante bastante tiempo.
La Argentina pudo salir de las últimas crisis, pero a los manotazos, en condiciones sociales muy deterioradas, donde todo se ha transformado en materia de vínculos y adscripciones. Por ejemplo, después de la hiperinflación de 1989/90 (que obligó a Alfonsín a despedirse del poder y arrinconó a Menem, recién llegado), el salario no volvió a los niveles anteriores.
Después de mediados de los noventa, tras el tequilazo y los ciclos de depresión económica, crecieron con rapidez tanto la pobreza como el desempleo.
Ahora, tras el deterioro definitivo de la convertibilidad, los indicadores de desempleo y los magros salarios superan a los que había antes del inicio de la gran recesión, en 1998.
El tema social requiere una política activa, tendiente a enderezar lo que el mercado desajusta. La prometida inversión pública podría ser una fuente de creación de puestos de trabajo, además de satisfacer con obras concretas necesidades reales de la población y la producción.
Algunas fuentes sostienen que el plan sería lanzado sin vueltas al regreso del presidente Néstor Kirchner de su viaje a China. Impulsaría la construcción de tramos ferroviarios y de la autopista Rosario-Córdoba utilizando los recursos de las AFJP, la participación de capitales privados y los desembolsos de los organismos financieros internacionales para inversiones públicas.
Junto a esto, la estrategia social del Gobierno debería corregir la distribución desigual de la riqueza y el reparto no equitativo del empleo, que persisten sin que se adviertan maniobras oficiales para modificar el estado de las cosas.
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